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EL BLOG DE FRAN

 

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De vuelta

Hola, amigos.

Como podréis intuir, estoy más ocupado que un equipo de exterminación de insectos en plena plaga langostas. No obstante, dados los remordimientos de conciencia que de vez en cuando me asaltan, intentaré cumplir el compromiso que tengo conmigo y aparecer por aquí con regularidad.

Muchas cosas han pasado desde que desaparecí el 1 de Noviembre cual barco en el triángulo de las bermudas: me han preconcedido la beca para ir a la Comisión Europea de practicante (a trabajar en la DG de mercado interno, no a poner inyecciones), he avanzado con mis estudios de música, he ido a algún congreso y he tratado de seguir más o menos en forma y de relacionarme. Todo ello sin contar con la principal tarea que absorbe mis energías: la tesis.

Lo que ahora me ocupa es dar carpetazo cuanto antes a la tesis doctoral y alcanzar el grado de doctor para así poder emprender otros proyectos tan o más ilusionantes como el de la tesis, entre otros, el de ir a Bruselas.

Hace unos veinte días me comunicaron por correo electrónico que me habían preseleccionado. Para unos 600 puestos disponibles se presentaron en un principio unas 6000 personas. Pues bien, en una primera criba se han preseleccionado 2400 aspirantes, entre los que me cuento.

He escrito a la DG de Mercado Interior y a la de Competencia, que son las que principalmente me interesan. En la de mercado interno me han mandado un mensaje estándar agradeciendo mi interés, pero en la segunda me han dado alguna indicación adicional, por ejemplo, una página web en la que se determina el proceso a seguir a partir de ahora.

Bueno, pues veremos en qué queda todo esto. A ver si hay suerte.

Saludos,

Fran

 

Héroes en la Cartuja

El día 20 de Noviembre se cumplió uno de mis sueños: ver a los Héroes del Silencio. Yo soy de los que empezaron a escuchar a los Héroes cuando ya se habían separado, por influencia de un primo segundo que vive en Valdepeñas y se llama Javi, alias “Javitón”, porque es “ancho de huesos”. Su madre le llama “vaca sagrada” porque siempre está merodeando por el frigorífico de la casa con total impunidad.
Algunas noches, cuando me quedaba a dormir en su casa, teníamos la costumbre de jugarnos dinero a la escoba y, de mientras, escuchábamos a los Héroes del Silencio. Por otra parte, el Txus, catedrático emérito de sexología práctica y técnicas de cortejo, también lo solía escuchar y me lo recomendó. Era un grupo de los que más le gustaban.

Yo conseguí las entradas cuando estaba en Heidelberg, a través de un servicio especial que se contrató para que una décima parte de las entradas para el concierto en Sevilla se vendieran en Europa para los fans de otros países.

El día 20 de madrugada mi hermano, Botiglioni y yo pillamos el coche y partimos hacia Sevilla. Pasamos por Valdepeñas para avituallarnos 'n ca' mi abuela y reanudamos el viaje.

Una vez en el Estadio, los tres flipábamos. ¡Qué sensación esa de estar a pie de escenario con unas pantallas gigantes a modo de telón con el anagrama de los Héroes!

Nunca nos imaginamos poder ver a los Héroes en directo. Bunbury siempre había insistido en que nunca volverían a tocar. Incluso recuerdo haberle visto en una ocasión en una entrevista en los Cuarenta diciendo que era más fácil que Franco resucitara. Pues ya ven: los Héroes volvieron. Menos mal que Franco no ha resucitado, o eso parece.

Por cierto. El concierto estuvo genial. El sonido perfecto, como en los discos, y Bunbury no desafinó. Yo pensaba que tantos años le pasarían factura, pero ¡qué va!.

 

    

Fran

1 de Noviembre de 2007

San Fausto del amor hermoso

17 de Octubre de 2007

El sábado de la semana pasada, fiestas de Basauri, he andado bastante activo. Salí en primer lugar con el catedrático emérito y con su novia. Cuando éstos se retiraron al laboratorio del amor, donde investigan este extraño fenómeno, yo me quedé con el Maka, un amigo de la infancia.

El Maka había quedado con Botiglioni, pero parece que éste en última instancia se lo pensó mejor y decidió irse al hostal barato de Arrigorriaga con su novia (con la que dice que va en serio). Mientras, el Maka, ajeno a la traición de su amigo, esperaba su llamada tumbado en la cama. Tanto esperó que acabó por sobarse, quiero decir, por dormirse.

Yo había quedado con el Maka y con el Botiglioni en Basauri, dado que el jesús y María –parece un evangelio más que un blog- se iban a pirar en breve, decidí llamar al Maka, creyendo que ya estaría en Basauri saltando por alguna txosna.

- Riiiiiiinnnnnnnnnggggg (tardó en coger)

- Sí? -respondió una voz somnolienta-

•  Maka, ¿dónde estás?

•  En la cama.

•  Joder, qué makina! Ya quisiera yo.

•  No hombre, sobado, que Botiglioni no me ha llamado, ¿tienes otros planes?

•  Joer, te llamaba para encontrarnos en algún sitio, que estoy en Basauri. ¿Te apetece venir un rato y damos una vuelta en plan tranquilo?

•  Bien, espera 20 minutos, vale?

El Maka es un tipo alto, delgado, y con las piernas largas y fibrosas como las de las ranas. Anda muy rápido, pues siempre se ha dado mucha vida. Cuando dice que en 20 minutos se lava, se viste y viene es que en 20 minutos está allí.

Mientras esperaba al Maka, el Txus y María me daban consejos de ligue:

-Tú halágalas –me decía ella-. Por ejemplo, si ves a una que lleva el pelo muy liso porque se ha tirado una hora peinándoselo le dices “jo, que pelo tan bonito!!”.

No es por no halagar, pero es que algunas lo que menos se merecen es que las halagues, porque tienen el ego... uffff!! como los argentinos!. Más bien se merecen lo contrario. Además suele pasar que las que más se merecen el halago psicológicamente son las que menos se lo merecen físicamente, con lo que el halago es siempre hipócrita.

El truco del Txus era mucho más de chico:

“- Tú ten en cuenta que por pura estadística una de cada diez te va a decir que sí. Y siempre podrás pasar un buen rato hablando con las que no quieran nada. Yo a veces he salido y a pesar de no haber pillado me lo he pasado bien hablando. Es raro que te salgan bordes. La gente anda normalmente de buen rollo”

Al final la noche no se dio mal. Ya las estoy empezando a perder el respeto. El hecho de tener una hermana ayuda, porque al tener al enemigo en casa percibes sus estrategias, sus modos de actuar, sus armas de destrucción masiva... Llegas a la conclusión de que hay mucho de fachada, de orgullo, de apariencia, etc (no veáis la soberbia con la que mi hermana se mira el culo cada vez que sale por la puerta). Hay algunas tías que incluso diría que parecen hologramas, sí, como un oasis que hace las delicias del sediento que anda perdido por el desierto. Y por nuestros desiertos de hormigón hay mucho perdido...

En suma: vacilamos con unas, hablamos con otras e incluso le pedí el teléfono a una chica guapilla que solía venir conmigo en el bus los primeros años de universidad. Al cabo de dos días le mandé un mensaje para quedar y ha declinado la invitación –entre otras cosas- de manera muy cortés. A otra cosa, mariposa, que diría Rajoy.

 

El adiós de un gran hombre

7 de Octubre

Este es un blog-homenaje para el Txus, ex-catedrático de sexología práctica y técnicas de cortejo, que el día 5 de Octubre de 2007 decidió alejarse definitivamente de las aulas, dejando huérfanos de guía y mentor a sus numerosos pupilos. No obstante, para consuelo de todos a los que nos honró con su magisterio, no se retira por completo del estudio de las relaciones sociales. No abandona la ciencia, sino que cambia de rama, cual cuco, y se adentra a cultivar el campo del amor, del que esperamos fecundas obras.

Veamos si nuestra inteligencia alcanza a resumir -siquiera en toscos trazos- los inicios de su espectacular trayectoria académica: El Txus nació en Castromonte, un pueblo de la provincia de Valladolid, pero no fue hasta una vez emigrado a las tierras vascas donde –azuzado por su inquebrantable perseverancia- se propuso terminar con la tarea que romanoos, visigodos y árabes dejaron inconclusa: conquistar a las vasconas, famosas por no dar su brazo a torcer con facilidad. El Txus se curtió en un ambiente hostil y nada propicio para consumar el flirteo: grupos cerrados que lleva en muchos casos a relaciones endogámicas, amplias redes sociales de amigas/vecinas/conocidas en las que se cuecen verdaderas “listas negras”, correas de transmisión de ligues ajenos que ponen a las pivas sobre aviso, mal tiempo atmosférico que induce estados depresivos, etc.

Mas el Txus siempre se ha crecido ante la adversidad: con dos mancuernas y una licra, una cierta dosis de inteligencia emocional, buen humor, imaginación, poco orgullo y sobre todo mucha, mucha jeta y desparpajo logró -cual Panoramix- dar con la fórmula exacta para seducir a la vasca, para que apartaran dogmas y miedos y cedieran a la tentación.

En su Peugeot 205 –por el culo te la hinco-, blanco como el esperma, comenzó a materializar el esfuerzo que tantas horas invirtió en el gimanasio, donde cada tarde se esculpía a imagen y semejanza de “Conan el destructor”. Esta época de narcisismo, ácido láctico e “Hidropolivit C” se resume perfectamente en los brocardos que nos legó y que hoy día todavía resuenan en mi oído cada vez que me enfrento a una serie de bíceps: “ Sin sufrimiento no hay crecimiento ”, “ si no hay peso, no hay progreso ”-solía decir mientras ayudaba en las últimas repeticiones-. Estas y otras consignas evocan esos tiempos difíciles, orientados hacia la hipertrofia como única meta. Poco a poco se convirtió en lo que siempre quiso ser: “ la envidia de los hombres y el deseo de las mujeres ”. Las largas tardes de descanso después de una buena zampada rica en proteinas, la ducha, el perfume adecuado y el tupé le dejaban físicamente dispuesto para la seducción. En cuanto a la preparación psicológica, él siempre lo tuvo claro: “ dejar el orgullo en casa ” ¡ Qué maestro! –dirían los chilenos-.

De él aprendimos que para triunfar en el ligue no hay que actuar ni representar ningún papel. Simplemente hay que ser uno mismo, transmitir seguridad, liderazgo, poder. Es lo que buscan las mujeres. No hay que sacarse un teorema ni tener el ingenio de Einstein ni del Chivi. Incluso es contraproducente. Más vale una jilipollez dicha con seguridad y sin titubeos que la exposición del proceso de biosíntesis de proteínas. De hecho, hay tíos que ligan pivones diciéndoles jilipolleces y no dejan de decírselas en la vida. Las guapas siempre se han caracterizado por tener un mal criterio a la hora de elegir chico. Ya explicaré por qué. ¿Cómo no iba a triunfar entonces un tío que aúna el atrevimiento característico del ignorante con la inteligencia y el sentido del humor?

En fin. Sus grandes hazañas hizo que su fama creciera entre amigos –a veces envidiosos- al mismo ritmo que decrecía entre los círculos de amigas en la Granja, Galerías o Mazarredo. Bilbao -como puede presumirse- se le quedó pequeño. Entonces Emigró a Madrid, se dice que por razones de trabajo. Un nuevo mundo lleno de oportunidades se abría ante sus pies. No voy a ahondar en esta segunda etapa. Sólo decir que incluso le fue mejor.

Cuando conoció a Maria Nieves ésta le instó a dejar la que hasta entonces había sido su vacación. Con pesar para todos sus seguidores, recientemente nos comunicó su decisión de dejar las aulas de la UPV (Universidad de la Puta Vida) por lo que a este ámbito del conocimiento se refiere, pero no por ello renuncia a su cátedra, dimisión que evidentemente ni podemos aceptar ni aceptaríamos aunque pudiéramos. Los méritos acumulados a lo largo de una vida con tesón no se pierden. Son como las condecoraciones militares.

El mismo día que deja la docencia (la decencia la dejó hace tiempo) el departamento de sexología práctica y técnicas de cortejo de la Universidad de la Puta Vida le nombra por unanimidad Catedrático Emérito.

Hoy el Profesor Dr. D. Txus Alonso es Catedrático Emérito del Departamento de Sexología Práctica y Técnicas de Cortejo de la Universidad de la Puta Vida (UPV).

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Un pequeño contratiempo

27 de Septiembre de 2007

Bueno, ya era hora de que este holgazán que escribe venciera la pereza y reanudara el blog.

¿Por dónde empiezo? Son bastantes cosas las que me he traído entre manos durante estos días: he recibido la visita de una amiga húngara, sigo con el curso de guitarra, el deporte, la tesis, que me tiene con el agua al cuello, y algunas actividades más: políticos, idiomas, paseos y desvaríos varios.

La verdad es que verse envuelto en un montón de tareas tiene su lado positivo: resulta estimulante y te ayuda a relativizar la importancia de cada proyecto, porque de lo contrario, si te lo juegas todo a una carta, en el momento en que te salga mal algo, ¿a qué te aferras? En fin, dejo de filosofar y os cuento, por ejemplo, el percance que tuve el otro día con el coche.

El miércoles de la semana pasada me disponía a salir de la uni con el coche que me ha donado el Txus, catedrático de sexología práctica y técnicas de cortejo. Tenía 45 minutos para llegar al centro cívico de Basozelai, a la clase de guitarra –individual- con el profesor. En esto que al pisar el embrague, ¡zas! se quedó el pedal en el fondo y el coche calado.

Será porque los zapatos que llevo tienen la suela muy gruesa –pensé-

Encendí el motor otra vez y se me volvió a calar –yo ya empezaba a sospechar algo-

Enconmendándome a mis Dioses justos lo intenté por tercera vez y, al sentir de nuevo la embestida que pegaba el coche hacia atrás cual vitorino fui por fin consciente de la situación: ¡Se me ha jodido el coche! –maldije-. Me sentí como cuando jodí el ordenador con la salchicha –bueno, no tan mal-: Ay! ¡Qué joder más divino! -que diría mi abuelo-. Me fastidió por partida triple: por el coche –aunque la cosa no parecía grave-, por la clase de guitarra, que además era una de las más provechosas, y porque le había dicho a Eszter que la recogería en el aeropuerto al día siguiente.

Vaya plan! Saqué los papeles de mi seguro de “Balumba” –el más barato de la red- del cuadernillo que me hicieron llegar por correo y llamé a asistencia en carretera. Una chica muy amable me dijo que una grúa vendría a recogerme en 30-40 minutos.

Hacía un frío que pelaba, así que me quedé en el coche oyendo la radio hasta que llegó el señor de la grúa: un chico muy simpático que me llevó hasta Barakaldo. Allí pillé el metro y pa' casa.

Tschüss

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Jeffrey

16 de Septiembre de 2007

Hola, pajaritos sin colas.

Pues aquí estoy de nuevo para contar cómo han ido los primeros días de clase de guitarra. El primer día fue en el centro cívico de “Basozelai”, que, como su propio nombre sugiere, está en el quinto pino. Menos mal que hay escaleras mecánicas y casi no me tuve que mover. Subía como los jamones en los montacargas.

No tenía ni pajolera idea de dónde caía exactamente el centro cívico, así que le pregunté a un punk –llevaba el pelo como los centuriones romanos-, ya que, por muy paradójico que pueda parecer, son los que siempre saben dónde están las casas de la cultura, ludotecas, videotecas y demás cosas por el estilo. Ya sabéis: si alguna vez no encontráis la casa de la cultura, preguntad a los punks. Ellos os guiarán.

Bueno, pues ahí estaba yo con mi guitarra en la funda subiendo por la rampa mecánica, diciéndole al punk que yo escuchaba la polla, que todavía me sé de corrido un montón de canciones y que incluso creo que llegué a ir a un concierto de manolo Kabezabolo. Él mostraba una afable y cómplice sonrisa gris mientras murmuraba que toca en un grupo, pero el bajo, porque es más fácil. Sólo tiene cuatro cuerdas.

Llegué al centro cívico y pregunté por la sala de música. Era la –4. Supongo que para compensar por todo lo que hay que subir para llegar al centro han optado por construir las plantas hacia abajo. Está edificado sobre una ladera, como si lo hubieran puesto sobre micropilotes.

Llegue abajo y afiné el oído por si oía algo o a alguien. Fujitsu. Empecé a poner la oreja en cada puerta como una especie de Colombo despistado y nada. Después de merodear un rato por los alrededores escuché un piano. Abrí la puerta y asomé la cabeza como hace el típico perdido que se mete donde no debe. El profe nos estaba esperando. Tan es así que incluso se sabía mi nombre. Tú eres Fran -afirmó con una seguridad Rappeliana-

- Sí -contesté satisfecho-

-Bueno, pues ahora vendrá Jeffrey, tu compañero. Sólo estáis dos.

Jeffrey, ¡qué nombre más curioso! -pensé-. Como el mayordomo del príncipe de Bel-air. Y en ese momento apareció en escena.

Fran

Con la voz cantante

Ayer, sábado, recibí en mi casa por fin una carta del ayuntamiento de Basauri para avisarme de que ya comienza el curso de guitarra clásica. ¡Qué ilusión!.

Tengo que ir a la escuela municipal de música tres días a la semana: los lunes de 19.15 a 20.15 estudio 1º de guitarra clásica colectiva (supongo que con más guitarristas), el miércoles de 20.00-20.30 media hora de 1º de guitarra clásica y los jueves de 20.15 a 21.45 una hora y media de 1º de formación musical.

La verdad es que estoy bastante animado con esto de aprender música. Siempre ha sido mi asignatura pendiente. Me gusta cantar canciones y, sobre todo, hacer mis propias versiones de canciones conocidas -casi siempre un poco verdes-. Además de relajarme --la música amansa a las fieras es, junto con el dinero, el complemento ideal para seducir a las féminas (aunque dudo que de momento tenga muchas oportunidades). La primera canción que voy a intentar interpretar va a ser la de Nothing else matters , de Metallica. Después vendrá la de Losing my religion , algunas de Eric clapton , los Héroes del silencio (sobre todo ahora, que han resucitado), Alex Lumbago, el Concierto de Aranjuez, el Chivi y un largo etcétera. Ya me imagino pasándomelo como un enano, mordiéndome la lengua con los dientes cual abuela que intenta enhebrar la aguja.

Y lo cierto es que el comienzo del curso no podría haber caído en una fecha más propicia, ahora que mi tio Txus –catedrático de sexología práctica y técnicas de cortejo- me ha donado su Seat Toledo. Casi casi podemos decir que lo ha donado a la ciencia, no porque lo vaya a destinar a realizar exploraciones, como hace mi hermano, sino porque lo voy a usar principalmente para ir y venir de la Uni a diario. Si no... ¡cualquiera va a la uni cargado con la guitarra y la bolsa de la piscina! ¡Iba a parecer un vendedor ambulante!

Bueno, pues ya os contaré y, a las/os que queráis, ya os cantaré.

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El rapero

Ya ha llegado otro domingo más y me pongo a escribir el blog a las 3.05 de la mañana. Las cosas no han cambiado mucho, así que me rasco la cabeza como un mono en un zoológico y me pongo a pensar “con mi última neurona” –como decían los de DCD- en el tema de mi blog de hoy. Miro a mi alrededor pero todo parece seguir como siempre: los precios de los pisos estancados, los iraquíes matándose, los israelíes y palestinos haciendo lo propio, la policía deteniendo etarras, deflagraciones aisladas, tornados en el caribe, los amigos preparando el Kalimotxo, Ibarretxe con su consulta y el derecho a decidir... Esto de no leer el periódico en días tiene su lado negativo; sólo me entero de las noticias que veo en el messenger de yahoo cuando me meto al correo.

En fin! Por elegir un tema al azar, voy a hablar de la sociedad vasca. Sí, los vascos y las vascas. Pues bien, lo cierto es que el otro día le comentaba a un amigo, mientras veíamos el concierto de un rapero, que se advierten cambios en la sociedad vasca. Yo, que de joven frecuentaba conciertos de grupos roqueros-punk como la Polla, Reincidentes, SA, Etsaiak, Latzen, Negu ... doy fe de que aquellos conciertos eran en muchos casos campañas de reclutamiento de jóvenes dispuestos a luchar por la patria vasca y en contra del Estado fascista y opresor. Esto lo sabe todo el mundo. Sí, se aprovechaba el ambientillo de buen rollo para ir inculcando, así como quien no quiere la cosa, las ideas totalitarias de esta mafia que es ETA a los jovenzuelos que iban a sus conciertos a beber kalimotxo. Supongo que aquellos sin demasiadas ganas de currar o referentes les entraría la vena heroica y se pondrían como meta liberar al País Vasco de la tiranía. Ni que decir tiene que algunos grupos “españoles” aportaban su granito de arena en esta labor de captación coreando consignas afines a su causa, en algunos casos seguro que ni siquiera por adhesión ideológica, sino simplemente para no “desentonar” y no decepcionar a su mercado vasco.

Pues bien, en el concierto del otro día –el rapero Tote Kim- no noté ni rastro de todo este mercado paralelo. Claro, el tío era sevillano, y esto del problema vasco ni le iba ni le venía, pero también eran sevillanos los de Reincidentes y no se portaban con esa neutralidad.

Entre la multitud, los raperos rapeaban a su bola (como buenos raperos), con sus pantalones caídos, sus camisetas de baloncesto y sus gorras. No había ni gazte errebeldes, ni gudaris, ni sabinos, ni banderas, ni torturadores u oprimidos. Vi, de verdad, a una sociedad más sana, menos doctrinaria, multicultural. Incluso un inglés emborrachado daba tumbos agarrado a un catalán.

Ojalá llegue el día en que nadie se sienta ni vasco ni español y lo que queda de problema se habrá esfumado para siempre. El día en que nos sintamos seguros siendo como somos no tendremos que identificarnos con nada ni con nadie.

Fran

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Un respiro

Hoy estaba estudiando y me ha llamado mi madre porque ha encontrado entre uno de los 80 canales que tenemos contratados con Euskaltel la película de Lutero. Yo le había hablado muy bien de ella, porque refleja muy bien la estrecha conexión religión-política de aquellos -y estos- tiempos.

Pues bien, como venía de leer la regulación jurídica de la donación y la compraventa en el Código de Eurico, ni que decir tiene que cualquier cosa resulta más liviana, y me he quedado atrapado en el salón como un molusco en una anémona. En un primer momento, de pie con la vista fijada en el televisor; después, sentado sobre mis rodillas en un cojín en plan Dalai-lama y finalmente recostado en el sofá (cuando ya se me empezaban a dormir las piernas y sentía tirones en el empeine).

Ni que decir tiene que la película me ha recordado mi estancia en Alemania: me he acordado de Worms, de la grafía alemana decimonómica (hay muchos artículos de Derecho romano escritos con esas mismas letras góticas y disponibles en internet), de la exposición de -creo que una réplica- las 95 tesis y de obras que le demonizaban expuestas en el museo de Historia Nacional de Berlín y, finalmente, de Johanna, la chica luterana que había encomendado su vida a servir a Dios.

La conclusión que he obtenido –entre otras- es que nuestra sociedad no dista mucho de aquella: No vamos vestidos con harapos y tenemos agua corriente y coches descapotables, pero siguen escaseando los Luteros y sobrando cardenales y Leones décimos. Y tómeseme en el sentido más amplio: nos faltan razones y nos sobran dogmas; falta la sana crítica frente a la resignada aceptación del prejuicio y la costumbre, el respeto mal entendido que se torna reverencia hueca; falta intrepidez y sobra amoldamiento.

Así lo veo yo y así os lo he contado. Buenas noches.

Fran

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¡No hagas el mono!

Hay una anécdota que a mí me gusta mucho y que el otro día leí en la revista de Jorge Bucay. La fábula era narrada por su hijo Demian. Yo había oído –o leído- otra versión, pero las conclusiones a las que se llega en los dos casos son, evidentemente, las mismas. Yo he contado el cuento a familiares, amigos y conocidos para explicar el comportamiento de algunos funcionarios, pero puede utilizarse –como Bucay hijo trae a colación- para caricaturizar comportamientos humanos irracionales y mal aprendidos.

Se trata de una jaula en la que hay varios monos apresados. Del techo de la jaula pende un plátano, pero ningún mono sabe que en realidad, si se estira del plátano, el suelo electrificado de la celda soltará una descarga.

En esto que el primer mono se acerca, mira el plátano con atención, extiende la mano y, en cuanto estira del plátano, los simios reciben una descarga eléctrica que les deja con el pelo como los erizos. Ni que decir tiene que el resto de los monos que estaban en la celda le dieron entre todos más ostias que a un perro pequeño.

Al día siguiente el cuidador reemplazó el plátano, pero, evidentemente, a ningún mono se le ocurrió volver a tocarlo.

Al cabo de un mes, sustituyeron a uno de los monos y el mono novato, que no había experimentado el trance, se acercó al plátano con curiosidad, pero antes siquiera de hacer amago de coger el plátano el resto de los monos ya se le habían echado encima para propinarle la correspondiente paliza por el atrevimiento.

Al día siguiente el cuidador les cambió a otra jaula en la que el suelo no estaba electrificado y realizó un segundo reemplazo. El comportamiento de este segundo mono sustituto fue idéntico al del primero: se aproximó al plátano, lo curioseó, pero antes de hacer conato alguno, ya tenía a los demás simios encima caldeándole el culo. ¡Incluso el primer mono sustituto, que no había experimentado el traumático episodio de la desgracia. también le pegaba!,

Los cuidadores fueron cambiando a los monos con regularidad, hasta que todos fueron sustituidos. Ya no quedaba ninguno de aquellos monos que sufrieron la descarga, pero ello no obstaba a que los nuevos monos entrantes se siguieran sufriendo palizas por los siglos de los siglos. Ni que decir tiene que la celda hace años que dejó de estar electrificada.

¿Quién niega que a veces actuamos como los monos del relato? Como decía el psicólogo de la revista: en ciertos momentos de la vida asociamos a una acción un efecto y no revisamos si tal nexo sigue vigente. Y lo que es peor: damos por buenas las conexiones que establecieron otros y que nos inculcan como dogmas. Como dogmas obsoletos que imitamos acríticamente.

No, no se caracteriza nuestra sociedad por el espíritu crítico.

Fran

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El Bono

A cuenta de la quiebra de los bonos“ subprime” uno no puede dejar de pensar en el mercado hipotecario en España y en la situación de los jóvenes y no tan jóvenes ante el reto de hacerse con un espacio. Dicen que el ser humano es un ser superior. Sin embargo, mientras que a cualquier perro le cuesta unos pocos segundos echar una meada en el tronco de un árbol, a un humano medio como éste que escribe le cuesta treinta años de su vida y un 60% de su sueldo tener su espacio. Si además consideramos que una cebra ya corretea a los pocos minutos con la edad de emancipación del homo sapiens sapiens , ¡Uds. me dirán!. Las consecuencias de esta avaricia desbordada del hombre y que se materializa en ladrillos las empiezan a padecer ya nuestros vecinos en yankeelandia –pongamos nuestras barbas a remojar-, donde, como Uds. saben, los pisos se empiezan a subastar como si de “perritos piloto” se tratasen. ¡Qué alboroto!

Yo, que vivo en un barrio discreto de un municipio nada notable, me entra una risa bárbara al ver cómo un cándido vecino pone su inmueble de 80m2 a la venta por el precio de ¡72 millones de las antiguas pesetas! –valga la manida locución-, que deben de ser algo así como 430000 euros, si la cuenta de la lechera me ha salido bien. Yo ya les empiezo a decir a familiares y amigos que estos carteles que últimamente se ven en las farolas son como chistes gráficos, que no hay que tomarlos en serio, ¡vaya!. No entiendo cómo puede haber gente que lo pague. Y es que todo esto que rodea al chiringuito inmobiliario no hay que lo entienda. Por algo dicen los economistas que el presupuesto de la racionalidad del consumidor de su modelo de competencia perfecta hace aguas.

No, no hay quien entienda los modelos económicos. Son modelos que no representan a la realidad. Están anoréxicos. Si no hay modelo, no hay previsión, dicen. Y los economistas están empezando a analizar catástrofes del pasado para buscar pautas y prever el futuro, ya que no se ha previsto el pasado reciente. No lo han previsto ni los inversores, ni los bancos, ni los corredores, ni el BCE, ni la Reserva Federal, ni las aseguradoras, ni incluso las empresas de rating , que se encargar precisamente de prever los riesgos. ¡Hasta Rappel tenía sus ahorros en bonos hipotecarios “ subprime ”-parece una marca de condones para pitxas pequeñas- !.

¿Qué son esos bonos y cómo funcionan? Por mi bagaje educativo y mi curiosidad felina puedo decir con orgullo que entiendo en gran parte cómo funciona todo este entuerto:

Un tío estadounidense con problemas financieros pide un crédito hipotecario. El banco se lo concede con bastante manga ancha, porque sabe que en el fondo –nunca mejor dicho- se va a quitar el marrón de encima vendiéndoselo a algún fondo de renta variable. El prestatario yanquee empieza pagando las primeras cuotas con ciertas dificultades, pero a medida que suben los tipos de interés y éstas se elevan (esto nos suena) empieza a atravesar dificultades y deja de pagar, lo que supone un devengo de intereses sustancial y el correspondiente ahogamiento del yankee, cual combatiente en Vietnam.

Mientras esto ocurría, el banco había hecho un “paquete” con este y otros créditos de deudores de alto riesgo y se los “empaquetó” a una sociedad gestora de fondos, que pagó por esta cartera de créditos basura una cantidad inferior al valor nominal de los mismos esperando lucrarse con la diferencia. La sociedad gestora tituliza los créditos (los convierte en bonos –valores negociables en los mercados secudarios-) y los reparte entre los incautos inversores, que piensan que el yankee va a pagar con religiosidad – on god they trust - y se va a embolsar una buena rentabilidad a costa de los intereses. Estas previsiones infundadas hacen que la demanda de estos títulos aumente su valor en los mercados secundarios, lo cual redunda a su vez en la subida del precio del precio de los bonos en tales mercados confirmando a la vez tales infundadas previsiones, etc, etc, y ya me estoy aburriendo.

En resumen: el banco que concedió la hipoteca le pasó el crédito a la sociedad gestora, ésta los tituliza ( securitization , tal y como lo llamos los yankees ), crea un fondo y se lo pasa a los inversores, y éstos a su vez, los venden en el mercado secundario, de dimensiones mundiales, parece ser, porque han aparecido inversores japoneses que portaban estos bonos. Resulta que a fin de cuentas si el yankee no paga la hipoteca es el japones el que no cobra. ¡Esto es fascinante!, cosas de la globalización. Y es que ni la casa da para pagar el crédito, porque el impago generalizado ha sacado una oferta de casas al mercado que ha desplomado su precio. Me parece que el japonés no va a cobrar. ¿Cobrará mi vecino los 72 millones que pide?

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¿Qué es el amor?

Hoy, domingo –que me he levantado pronto- he estado dando un paseo con mi amigo Ro por el parque de Dña. Casilda, en Bilbao. Hemos hablado, como siempre, de los temas habituales: de lo perdida que anda la juventud –somos como dos viejos cascarrabias-, de los intereses creados, de la inseguridad que generalmente aqueja a la gente, de cómo se aprovechan de ello, precisamente, los de los intereses creados .... y ¡cómo no!, del amor. Sí, si. Del concepto de amor. Vaya por tanto, para todos los seguidores del blog de Fran y en exclusiva, las conclusiones a las que estos dos sofistas domingueros han arribado por unanimidad:

Hay que reconocer, de entrada, que el “amor” es uno de esos conceptos vagos que andan tanto en boga y que nadie sabría definir con precisión. Aunque recopiláramos definiciones de los viandantes, éstas no coincidirían como si hubiéramos preguntado -pongamos por caso- qué se entiende por un tinto de verano o un destornillador.

Porque el concepto de amor, señores, es resbaladizo como una anguila. Resbaladizo porque trata de decir sin decir nada. Yo más bien diría que incluso trata de ocultar, sí. Es vago -como éste que escribe- y eufemístico. Vago y eufemístico.

Es vago porque no denota con precisión. Es como definir el honor, la dignidad, Dios ...

El Ro y yo, que ya somos mayorcitos y sabemos, por experiencia, que nadie da euros a dos reales, no concebimos que alguien pueda dar cosas incondicionalmente. Ni siquiera amor. Quizá el único amor verdadero sea el de la madre hacia los hijos, pero si la madre da cosas a los hijos es por un egoísmo bien entendido: el hijo es una prolongación de la madre. Es el heredero que hace que ella, de alguna manera, permanezca viva. El hijo es algo suyo ( meum esse ex iure quiritium , decía el paterfamilias de sus hijos), luego velar por el hijo es, en cierta manera, velar por sí misma.

Pero Ro y yo no hablamos del amor paterno/materno-filial, sino del amor en la relación de pareja. ¿Qué es eso del amor? ¿qué es estar enamorado? Pues bien. Tracemos una primera distinción entre el enamoramiento y el apasionamiento, porque conviene distinguir netamente entre el amor y la pasión:

La pasión: Ese torrente de adrenalina y demás opiáceos que se segregan en la discoteca cuando vemos a alguna –y cito al Chivi- “camarera de inmenso escote que te pone de piedra el cipote” no es amor, ni tampoco el calentón que se siente cuando te pone la “pierna encima”, ni cuando la besas o hueles su perfume. Eso es simplemente la reacción biológica que se desencadena al percibir sus feromonas, olores y demás estímulos visuales. Se trata, como a mí me gusta decirlo, del “espejismo inducido por la naturaleza para garantizar la procreación”, también conocido como “morbo” o meramente “química”, en alusión a todas las sustancias referidas que se segregan al torrente (sanguíneo). Esta situación de “enajenación mental transitoria” –similar a la del drogado- va disminuyendo con el tiempo, pues, como es lógico, la utilidad marginal que se obtiene de consumir una unidad más –aquí también se aplican las reglas económicas- disminuye progresivamente hasta que el enfermo se estabiliza.

Que nadie diga que bajo esta situación se está enamorado –como suelen decir los italianos o cubanos-. Simplemente se está bajo el influjo de la pasión. ¿Cuáles son los rasgos de esta situación de euforia? Básicamente, el de los delirios. Dentro de los delirios, el que más se le acerca es el de las “ideas sobrevaloradas”. La siguiente definición, copiada de una página de internet sobre psicopatologías, da –a mi juicio- en el clavo:

Ideas sobrevaloradas: son representaciones mentales que predominan en la conciencia en virtud de su gran carga afectiva haciendo parciales el juicio y la conducta. Se asemejan a las ideas delirantes si son activas y a las obsesivas si son pasivas.

Ya dice esa canción manida que no deja de sonar en las discotecas que “Nooooo, no es amooooooooooor, lo que tu sieeeeeentes, se llama obsesióóóóóóóón”. Pues sí, en esta antesala del amor se magnifican y deforman virtudes e incluso se inventan cualidades inexistentes. Si no fuera porque engañamos a la naturaleza con el preservativo, coitus interruptus y/o demás métodos anticonceptivos para los que la naturaleza todavía no hallado adaptación, ya habríamos engendrado un churumbel con una persona que no conocemos y que posiblemente no nos convenga. Para eso precisamente está diseñado el espejismo, para darte cuenta demasiado tarde.

El amor: El concepto de amor ya es algo más complejo y, por ende, peliagudo de explicar, pero hacedero si tenemos mucha paciencia y un poquito de rigor (como es el caso). Pues bien, ¡vamos allá!.

El amor es una simbiosis, un do ut des o facio ut facias , como decían los romanos. La relación de pareja es como la del tiburón con la rémora o como la del hipopótamo con el pájaro que le limpia los dientes. Es una relación bilateral en la que ambos obtienen algo de otro. En el momento en que este equilibrio se rompa, lo normal (a diferencia del amor materno/paterno-filial) es que la relación de presunto amor también se rompa.

Los hombres se sienten atraídos -a largo plazo- por una mujer cuando ésta despierta su instinto protector. La sensación que experimenta un hombre ante una mujer atractiva es parecida a la que una mujer experimenta por un niño desvalido o un gatito: ternura, compasión y ganas de prestarle protección. Evidentemente, de entre todas, la que más ternura le despertará será la mejor dotada físicamente. Todo ello responde a razones estrictamente biológicas: unos pechos turgentes y firmes garantizan una buena lactancia, unas caderas pronunciadas garantizan una mejor gestación-parto, unos rasgos bonitos redundan en una mayor empatía con el niño y con las personas con las que la madre se relacione (está demostrado que la sociedad trata con más respeto a los guapos), etc. Por otra parte, el hombre elige influido por factores sociales. De la misma manera que el hombre utiliza el coche para reafirmarse frente a los demás, también utiliza a la mujer como un instrumento para reafirmar su ego frente a los demás machos. No en vano, está en competencia con ellos. Como vemos, nada es casualidad que “amemos” al más capaz.

Por su parte, la mujer se siente atraída por un hombre cuando reconoce en él a la figura paterna (la que tuvo o, en su defecto, la que le gustaría haber tenido). La mujer busca precisamente lo que el hombre está dispuesto a dar: protección y cobijo. Que al hombre le corresponda este rol responde a que es más fuerte físicamente (esto es una evidencia) y a que, generalmente -como leí a un psicólogo de revista-, los hombres son más poderosos que las mujeres -de ahí que cuente el físico (aunque cada vez menos) y el dinero o inteligencia (normalmente asociada al poder/dinero)-. Dudo que una mujer elija a un hombre que no reúna estos rasgos.

Conclusión –y no descubro nada-: el amor es una relación simbiótica que se manifiesta cuando lo que se da y lo que se recibe más o menos se equilibra. Es por lo tanto, una relación interesada, aunque se trate de un interés comprensible.

Yo diría, de hecho, que el amor verdadero sería el de aquél que ama “contra natura”, por ejemplo, a un chico manifiestamente feo e incapaz a sabiendas de que lo es, que no le aporta estabilidad, protección o prestigio social. O el de que se fija en una chica manifiestamente fea, plana, sin caderas y tonta.. Ya decía en otro blog que el amor idílico (que no existe o, si existe, es residual) siempre implicaría sacrificio.

Si sólo nos enamoramos de quien nos convine, el amor pierde entonces ese halo de nobleza, desinterés y entrega que se le atribuye. Pasa de ser algo bonito y excelso a ser algo normal y perfectamente explicable.

Ergo

¿Me quieres? (preguntado por ella)

¿Encuentras en mí a esa persona que despierta tus instintos protectores de macho por mi potencialidad para engendrar un churumbel genéticamente bien dotado para competir en sociedad y, por tanto, te doy prestigio social y reafirmo tu autoestima?

¿Me quieres? (preguntado por él)

¿Me admiras por mi capacidad para darte protección/estabilidad y por mi idoneidad para engendrar un churumbel genéticamente bien dotado para competir en sociedad y por, tanto, te doy prestigio social y reafirmo tu autoestima?

Fran

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La amiga del instituto

29 de Julio de 2007

El otro día recibí una llamada de una buena amiga del instituto. Hace poco se ha casado y vive con su marido -¡cómo me cuesta pronunciar esta palabra!- en un barrio cercano. Me llamaba porque le había surgido un problema jurídico con la aplicación de la Ley de propiedad horizontal y también porque tenía ganar de verme. Por supuesto, ésta última era la razón principal.

Le dije que iría con mi hermano a su casa, porque luego tocarían los de Def Con Dos y queríamos ver el concierto.

¡Qué vértigo dar entrar en la casa de quien fue tu compañera de pupitre durante años y verla ya casada y con perro –con un can, no me refiero al marido-!. Uno empieza a recapacitar sobre el tiempo, la amistad, la vida, la muerte y en ese momento te empiezan a asaltar todo tipo de dudas trascendentales. Es ahí donde te das cuenta de que –a pesar de seguir en la universidad en plan “sensación de vivir”- ya has ha traspasado la barrera de la adolescencia para empezar a ser un adulto.

Ahí estaba ella. Quizá con algo más de responsabilidad en sus espaldas, ligeramente encorvada de tanto empollar para el MIR, pero igual de joven y enérgica que siempre, fumando al unísono con el marido mientras le metía la mano en la boca al cachorro por ver cuánto más asomaban los dientes de leche.

Yo no quiero todavía llegar a esta situación –pensé-. Quiero ser libre durante algo más de tiempo: tener mi piso, mi despacho, montar mis fiestas y mis orgías, disfrutar de mi independencia y de la soledad. Hacer lo que me apetezca durante un poco de tiempo más. Unos años más. Creo que me lo merezco. Al fin y al cabo, no es tanto pedir.

Bajamos al concierto de Def Con Dos y volví a ser consciente del tiempo que ha pasado, de cuando me compré el “Alzheimer” allá por 1995, mientras iba a la escuela de idiomas a ver las notas de 3º de inglés. Ahí les tenía, delante de mí, cantando canciones nuevas, muchas desconocidas para mí. Como si fueran extraños.

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La foto del príncipe

21 de Julio de 2007

Hoy me han sorprendido sobremanera dos hechos: la muerte de Polanco, de cuya enfermedad no tenía ni idea, y el secuestro de la conocida revista satírica “El jueves”, ésa que sale los miércoles y que siempre trae entre sus páginas ironías y sarcasmos que rozan la genialidad. Estoy seguro de que ni los más celosos defensores del derecho al honor, la intimidad y la propia imagen habrán podido ocultar, cuanto menos, una leve sonrisa cómplice al leerlo, a pesar de que la forma en la que se ha hecho sea discutible.

Nunca he seguido especialmente las oscilaciones de la frontera entre la libertad de expresión y el honor/intimidad/propia imagen , pero la dirección de “El jueves” parece tener razón cuando dice que han publicado centenares de viñetas potencialmente lesivas del honor/intimidad/propia imagen del sucesor de la corona y sus satélites, e incluso un tomo de 350 páginas (“tocando los Borbones”) con una selección de las mejores jugadas y aquí nadie ha dicho nada.

Por otra parte, podría aducirse en contra del argumento de “El Jueves” que esta vez la broma aparece en primera página –y por lo tanto la presunta ofensa ha tenido más difusión- y que posiblemente esta caricatura sea especialmente grosera si se compara con las del “tocando los Borbones” –no lo sé, este último no he visto-.

Yo no tengo un juicio formado sobre esto, porque, como he dicho, ni conozco suficientemente las directrices del Tribunal Constitucional a este respecto ni tengo tiempo para leer específicamente sentencias que resuelvan casos semejantes, pero sí que tendería a inclinarme, en principio, por una postura más cercana a la libertad de expresión por las siguientes razones:

-No acabo de entender esta aversión hacia la sexualidad. Muy a mi pesar, me da la sensación de que todavía sigue planeando un injustificado halo de pecado o suciedad en torno a todo esto, y eso me preocupa. Si tan grosero le parece al ministerio fiscal el retrato de una pareja follando... ¿no debería igualmente tomar acciones para erradicar a los señoritos y señoritas de la sección “relax” de los periódicos, que reiteradamente ponen su polla o conejo al servicio del lector? Eso es más censurable moralmente, porque además de tener más impacto que “El jueves”, es más burdo, cobran por ello, estafan por ello (redireccionamientos a números 906), y tienen detrás, en algunos casos, a verdaderas mafias. Esta incoherencia o hipocresía del Ministerio público es para mí lo grosero.

Retratar a una pareja follando no es grosero. Fornicar no es grosero. Es más, me parece algo natural. Es algo natural porque se ve en los documentales de “natura”.

-Injurioso? ¡No me jodas, Pumpido! Es injuria la acción que lesiona la dignidad de otra persona, que menoscaba su fama o atenta contra su propia estimación. (208 Código Penal).

1º. No atenta contra su propia estimación verse retratado en una revista follando. Más bien la aumentaría. Yo, por lo menos, no me estimaría menos si me hiceran una caricatura follando.

2. La fama. No creo que retratar a alguien follando vaya en contra de su fama. De hecho, hay mucha gente que se hace famosa precisamente por haber follado.

Si entendemos la fama en su sentido propio, hemos de entender por fama “el prestigio”. Pues bien, el prestigio del príncipe es un prestigio hueco, no es un prestigio labrado con esfuerzo y trabajo; es un prestigio he-re-da-do. Un prestigio, en fin, inmerecido. Como el del general que nunca ha ido a una guerra. Y aun en el caso de que el príncipe tuviera prestigio, el aparecer retratado follando tampoco lo menoscabaría.

3. ¿La dignidad? No se sabe lo que es. No me lo supo decir un catedrático de filosofía del Derecho ¿me lo va a decir Pumpido?. Quizá el Tribunal Constitucional, a lo sumo. Ahora bien, yo intuyo que el salario mínimo interprofesional a 570 euros va contra la dignidad de los trabajadores, por ejemplo.Y no veo que el Ministerio fiscal tome medidas por considerar la correspondiente medida gubernamental como “injuriosa”. Ah! Es que ahí no tiene competencia. O para decirlo de otra manera: no es competente.

A ver si la injuria va a ser la de llamarle “vago”? Pero eso es otra cosa.

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Me han dado calabazas (y no es Halloween)

15 de Julio de 2007

Hola, caracola.

La semana pasada recibí por fin la respuesta de una afamada revista de Derecho europeo, cuyo responsable me decía con toda cortesía que no contemplan la publicación de mi artículo porque supuestamente el tema está alejado de lo que es habitual en el círculo de lectores alemanes y además, no hay disponible fuentes directas que introduzcan al lector en el conocimiento del Derecho español. Por estas y otras razones, y a pesar de haber suscitado un “gran interés”, entre los editores, el artículo no verá la luz.

Ni que decir tiene que, a pesar de haber fantaseado con la remota posibilidad de que se hubiera aceptado, su desestimación no me ha sorprendido. Una pequeña decepción de un día y vuelta al tajo. Dicen en la típica “cláusula de estilo” con la que se despiden que esperan una futura colaboración, algo harto improbable por mi parte, ya que en un futuro es de esperar que las contribuciones científicas se publiquen en revistas electrónicas gratuitas. Su revista es de hecho una barrera a la difusión del conocimiento y, como académico, me encargaré personalmente de que desaparezcan en favor de las gratuitas, al alcance de todo el mundo y gestionadas por las bibliotecas de las universidades. ¿Para qué mandé el artículo? Sencillamente porque soy joven, y tener una publicación alemana en el palmarés me hubiera diferenciado notablemente de un investigador en mis mismas circunstancias. La publicación de “ Der Eigentumsvorbehalt... ” hubiera alejado esa “discrecionalidad administrativa” que se cierne sobre nosotros y que, ante igualdad de méritos, tiende a beneficiar al enchufado. Además, considero que el artículo era bueno y hubiera contribuido a comprender que el sistema jurídico alemán y el español no están, en líneas generales, tan lejos. Es una modesta contribución por la unificación jurídica, el mercado único y la libre circulación de capitales, mercancías y personas.

Pues esta vez tampoco ha podido ser. Son cosas que pasan cuando uno apunta tan lejos. Es una inversión con una rentabilidad proporcional al riesgo. Altísima. Como cuando me presenté al examen de traductor jurado del ministerio de asuntos exteriores (inglés), al EGA ( Euskera gaitasun agiria ), o a un concurso de La ley , con un trabajo sobre la actuación concertada en las Ofertas Públicas de Adquisición de Acciones, las más familiares OPAS. No aprobé ninguno de los dos ni se me publicó tampoco el artículo.

En fin, yo no cejo en el empeño, pues, como dijo un sabio, sólo pretendiendo lo imposible se consigue lo posible. Os dejo con la medida respuesta de los alemanes, desde Bonn, por si a alguien le sirve como plantilla.

Bisbal.

Sehr geehrter Herr Fran del Pino,

im Namen der Herausgeber danke ich Ihnen für Ihr bei der ZEuP
eingereichtes Manuskript zur dogmatischen Zulässigkeit des
Eigentumsvorbehalts in der spanischen Rechtsprechung.
Das Umlaufverfahren für dieses Manuskript ist nunmehr abgeschlossen. Die
Herausgeber haben sich mit großem Interesse mit Ihrem Beitrag befasst
und untereinander über die Möglichkeit einer Annahme beraten. Sie bitten
aber um Verständnis dafür, dass eine Veröffentlichung in der ZEuP nicht
in Betracht kommt, da es für den weitgehend deutschen Leserkreis, der
mit der Thematik nicht befasst ist, schwierig ist, einen Zugang zu der
Materie zu finden.

Mit nochmaligen Dank für Ihre Zusendung und in der Hoffnung, dass sich
künftig die Gelegenheit zu einer Zusammenarbeit ergeben wird, verbleibe ich
mit freundlichen Grüßen


ZEuP-Redaktion

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De vuelta de "el Escorial"

9 de Julio de 2007

Hoy he vuelto de los cursos de verano de la Complutense que, como Uds. saben, se celebran todos los años en el palacio del Escorial y dependencias anejas. El curso llevaba como título “Anatomía de la Europa a los 50: hablando del futuro en el aniversario del Tratado de Roma”. La noche del día anterior me la pasé revoloteando por mi habitación en busca del recibo del pago de la matrícula, que finalmente no apareció. Mi tío Txus –catedrático de sexología práctica y técnicas de cortejo- tuvo la gentileza de llevarme a Madrid en coche y, tras recoger a su rollo-novieta, pusimos rumbo a San Lorenzo del Escorial.

Siguiendo las indicaciones de un par de efectivos de la policía local, que paseaban tranquilamente por las calles de este afable municipio mientras se fumaban un pitillo, llegamos al euroforum del edificio “infantes”, donde una chica vestida de azafata de “un, dos, tres” –por cierto, me dio calabazas- me señaló cual sería mi residencia. Me alojaría en una de las habitaciones de un antiguo monasterio rehabilitado que llevaba el nombre de “Maria Cristina”.

Pues bien, después de acreditarme como becario me dieron la llave número 54 mientras que Jesús y Nieves –que así se llamaba su futurible- me acompañaron a mis aposentos como si fueran mis escoltas. Cada uno de ellos llevaba un bulto –mi tío dos, evidentemente- para disimular, como si yo no los pudiera llevar por mí mismo. De esta manera se colaron como “ Peter by his hause ” para así poder cotillear un poco.

Doblamos la esquina al fondo del primer pasillo hacia la derecha y comenzamos a subir unas escaleras de madera que estaban cuidadosamente barnizadas y pulidas. De hecho, brillaban como el primer día. Al llegar al primer piso encaramos un pasillo a lo largo del cual las puertas se sucedían en fila. Eran de una madera noble también barnizada, con relieves tallados y una placa dorada que indicaba el número.

Entramos el Txus, Nieves y este servidor a la habitación como Alarico en Roma, y nos llevamos una buena impresión. Una habitación individual de unos 10 metros cuadrados, la pared pintada de blanco, con una cama de 90, un pupitre con un flexo, dos sillas tapizadas –eso sí, bastante cómodas- y un armario empotrado. A través de la ventana –con las típicas contraventanas de madera viejas y pintadas de blanco- se veía el patio interior del convento, adornado con flores que le daban una buena presencia y que oxigenaban el aire.

En una de las paredes de la habitación había una puerta que daba a un baño que se compartía con el de la habitación contigua. Lo abrimos y empezamos a bromear acerca de la cara que pondría el vecino si te sorprende desnudo o en otras situaciones incluso más comprometidas. Evidentemente, las puertas tenían dos cerrojos, de tal manera que podías vedar al otro el acceso al baño temporalmente.

Eso sí, la cama estaba presidida por un crucifijo que le daba a la estancia un aire lúgubre e incluso siniestro, como si ese fuera a ser tu lecho de muerte, así que ni corto ni perezoso me apresuré a quitarlo. Fue más difícil de lo que pensaba, porque estaba asido a la pared con dos aros de alambre encadenados, ya oxidados –como la misma iglesia-. Si no llega a ser porque mi tío, el Txus –catedrático de sexología práctica y técnicas de cortejo- le dio un buen tirón, posiblemente no podría haberlo quitado. En fin, lo metí en un cajón y... ¡santas pascuas!. No es que no tenga respeto por Jesucristo –le dije a Nieves, que ponía cara de contrariada-, pero no me parece bien la instrumentalización que la iglesia ha hecho de ese buen hombre y que este icono representa. Además, hay personas notables además de Jesucristo que murieron por una causa justa, como Sócrates, y no vamos por ahí colgando cicutas de la pared. No en vano, creo recordar que Sócrates y Jesús fueron condenados por lo mismo: por corromper a los jóvenes.

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Cursos de verano

1 de Julio de 2007

Mañana al mediodía, si no se rompe la noche, marcho a los cursos de verano de la Universidad Complutense, que tendrán lugar en el Palacio del Escorial. Duran cinco días, y me asignaran una habitación doble –que compartiré con un hombre, evidentemente- y la manutención. Sólo tuve que pagar la matrícula (162 Euros).

Como ya he explicado en algún post, el congreso versará sobre los cincuenta años de la aprobación del tratado de Roma, y a mí me interesa especialmente porque un día de estos voy a enviar por el internés mi solicitud para participar en el programa de becas que la Comisión Europea otorga a jóvenes interesados en trabajar por un periodo de seis meses en la Comisión.

La verdad es que a mi me encanta participar en encuentros de éstos. Te permiten abstraerte de la rutina, estar a solas contigo mismo por unos días y conocer –superficialmente, por supuesto- a mucha gente. Uno conoce a personas interesantes y afines, con inquietudes y proyectos parecidos; pasas unos buenos días con ellos. Incluso sigo manteniendo la relación con algunos que conocí en otros congresos, como por ejemplo, Nacho el druida, el que bebió del cuerno de Odín en Heidelberg y acabó postrándose ante el trono. O Manuel, un brillante licenciado apasionado por el Derecho laboral, aunque a decir verdad sólo le contacto para preguntarle dudas que me surgen de vez en cuando. También Rosa, a la que conocí en un Congreso sobre el trust en cataluña, con la que hablo de vez en cuando en el messenger, y así hasta un largo etcétera de personas que desaparecen para no volver, pues son relaciones difíciles de mantener.

No obstante, uno también corre el riesgo de que le toquen compañeros de habitación roncadores a rabiar. Una vez me ví forzado a compartir habitación con un andaluz que roncaba como un cerdo de 500 kgs. ¡Qué mal lo pasé!. La primera noche no pude pegar ojo, y no es por que a mí me cueste conciliar el sueño. Este tío era especialmente ruidoso. Menos mal que no le debieron de interesar ni un carajo las charlas a las que iba, porque en las tres noches sucesivas no apareció por allí. Simplemente se quedaba en la zona de marcha y dormía por el día. Yo creo que en parte por consideración a mí (10%) y en parte porque era un juerguista convencido (90%).

Al año siguiente (también en la UIMP) me tocó con un hombre algo más mayor (rondaría los 40), que era químico. Me explicó a grandes rasgos cómo funciona un reactor nuclear de fisión. Interesante. Además no metía ruido por la noche.

En la Univ. de Santiago de Compostela me tocó con un argentino muy majo (me caen muy bien los argentinos) en una habitación aceptable. No recuerdo si el tipo se marchaba o acababa de llegar, pero estaba empaquetando. Allí teníamos derecho a usar la cocina.

La Univ. Internacional de Andalucía es uno de los sitios más lujosos en los que he estado. Ese fue además el curso de verano mejor organizado al que he asistido: nos llevaron a Moguer, a ver la casa de Juan Ramón Jiménez, a Punta Umbría con un barco, donde nos ofrecieron bocadillos y champán –coincidió con alguna fiesta-, y por las noches había bailes y verbenas. Una de esas noches incluso hicieron una parrillada para cenar.

La Universidad de alicante ofrecía una habitación mediocre, pero individual, lo cual no está mal. Sin embargo, el campus era precioso, muy tranquilo y con buenas instalaciones (la biblioteca estaba abierta las 24 horas).

En Santander nos alojaron en un hotel. Tuve suerte y no vino el compañero, por lo que estuve solo en una habitación doble. Ahí conocí a gente muy simpática con la que luego quedé en Madrid un par de veces.

En fin, ya veremos qué me espera en Madrid. Por de pronto, tienen la fama de ser los mejores cursos de verano. Os lo contaré en cuanto pueda.

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La teoria de cuerdas

25 de Junio de 2007

Hoy leo en “el País” que a lo largo de la siguiente semana van a tener lugar en Madrid y en el marco de un congreso organizado por la Autónoma unas jornadas de debates que van a agrupar a 500 físicos de todo el mundo –entre los que destaca el nobel David Gross (¡qué grande eres, David!)- para hablar, nada más y nada menos, que de la teoría de cuerdas.

Yo profeso un profundo respeto por todos los que dedican sus vidas al cultivo de la ciencia, pues desarrollan un trabajo cuyos frutos redundan a largo plazo en beneficio de toda la comunidad y que la gente no valora en su justa medida. A pesar de los pesares ellos no abandonan la investigación por puro amor al conocimiento. Pero, sin duda, de entre todos los científicos siempre han sido los físicos y los matemáticos los que más admiración han despertado en mí. Posiblemente sea porque siempre he sido especialmente torpe a la hora de intentar captar la lógica última de las matemáticas o de la física -que a estos profundos niveles son ciencias hermanas-.

Recuerdo que en el instituto resolvía con gran esfuerzo los sistemas de ecuaciones, límites, derivadas e integrales, y en gran medida gracias a la inestimable ayuda de mi tio, el Txus –catedrático de sexología práctica y técnicas de cortejo-, que siempre ha demostrado un interés innato por los planos inclinados y las formas parabólicas. Yo no tenía ni pajolera idea, por ejemplo, de qué era una derivada, y mucho menos para qué sirve resolver derivadas. Al final me aprendí que es “la pendiente de la tangente a la recta en un punto” y... ¡santas pascuas!, pero, evidentemente, no sabía lo que decía.

Por estas y otras razones adoro yo a todas estas mentes preclaras, por su lucidez y por estar cada vez más cerca de entenderlo todo desde una perspectiva global y hacérnoslo entender a nosotros, o cuando menos –si no es entender- por dar una explicación más satisfactoria que las que se han dado hasta ahora y que explique más fenómenos.

El sábado, en una de las sedes de la fundación BBVA de Madrid, el mismo David Gross intentará acercar la teoría de cuerdas al común de los mortales en unas charlas divulgativas. Por desgracia, no podré estar, y ya me jode. Dicen cosas intrigantes que me gustaría entender aproximadamente: que en realidad no conviene concebir el universo como formado por partículas independientes, sino como una disposición de cuerdas; que éstas se verían en condiciones parecidas a las del Big-bang y que incluso existe un proyecto internacional para construir un laboratorio donde se harán algunos experimentos... ummmm.

Quizá esté cansado de las letras, pero todo esto me parece tan atractivo.... Aunque me quedo con el Derecho.

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Cómo conducirse en la vida

20 de Junio de 2007

Llego hoy a casa baldado a eso de las 21.30 de la tarde-noche, enciendo la caja tonta y me encuentro con que en la ETB y en antena 3 sale el Vaticano. ¡Vaya, con la iglesia hemos topado!, a ver con qué parida nos vienen ahora los carcamales! –murmuro para mis adentros-.

Pues para mi sorpresa, los ministros de lo eterno y demás altos funcionarios de la fe, presumiblemente tras una sesuda y ardua deliberación acerca de su oportunidad estratégica, centran esta vez sus directrices en nada más y nada menos que ... ¡la seguridad vial!. Sí, la pastoral insta a no utilizar el coche como instrumento para presumir –y por lo tanto, para camuflar nuestras propias frustraciones-. Hay que reconocerles a los nuncios del paraíso que esta vez han dado en el clavo -con perdón-, pues no cabe duda de que la gente se identifica con el coche que tiene hasta tal punto que uno podría plantearse –como el “Ro” me comentaba el otro día- si es la persona la que posee el coche o no será más bien el coche el que posee a la persona.

Sí, la iglesia se ha dado perfecta cuenta de que el coche no es meramente un medio de locomoción –aunque haya mucho loco al volante-, sino que es un símbolo a través del cual las personas –o, mejor, los animales- exteriorizan las debilidades de su carácter. De ahí que se conduzca con arrogancia, violencia, temeridad...; de ahí que cada vez que alguien adelanta a otro se crea que le adelanta en todos los aspectos de la vida, de ahí lo de correr como metáfora del deseado escape de la sociedad o -¿quién sabe?- quizá incluso de nosotros mismos. Como en la vida misma, este tipo de fatuas actitudes –con coche o sin él- siempre llevan a un callejón sin salida.

Con vistas a contrarrestar estos vicios del alma, los curas han promulgado con su mejor intención una nueva remesa de mandamientos para los conductores cristianos, cuyo incumplimiento les acarreará el correspondiente pecado –no se sabe todavía si se quitarán puntos de cara al juicio final-. Aconsejan conducir con humildad, respeto y cortesía. ¡Vamos!, exactamente tal y como uno ha de conducirse en la vida.

Ahora bien, a pesar de todos estos bienintencionados consejos –que se agradecen, pues se va viendo la tendencia del clero a bajar del otro mundo e ir poniendo los pies en la tierra- no cabe duda que la intención última es la de potenciar la fe de sus adeptos y granjearse alguno más, lo que en última instancia refuerza su poder político, que es lo que les interesa. De ahí que incidan especialmente en hacerse la señal de la cruz antes de salir, rezar un rosario mientras se conduce –lo cual no me parece aconsejable, pues debe de despistar un huevo- o incluso –ojo al dato- ¡pararse en las parroquias que pillen de paso!. ¡Toma ya! Como si allí hubiera un fraile que te pone 10 euros de gasolina a 0,50 cént./litro. Ya me veo a la conferencia episcopal montando confesionarios en las estaciones de servicio para darte asesoramiento espiritual. Éstos son capaces de meter los rádares en los cofesionarios y cepillos y repartirse el importe con la DGT, que lo de la financiación lo llevan muy mal.

Bueno, bueno, al menos esta vez no han dicho paridas como lo de la castidad como medio anticonceptivo, sobre todo dirigido a los brasileños y brasileñas. Menos mal que el Lula le ha hecho caso omiso. Ojalá le hubiera hecho caso omiso Bush, pero... ¡ay!. Es que éste tiene muchos pecados que limpiar.

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Combatiendo la pereza

18 de Junio 2007

Hola, amigos del blog. Ya sé, ya sé que no escribo con la asiduidad con la que lo solía hacer cuando estaba en Heidelberg, pero tenéis que comprender que aquí tengo más distracciones. Allí llegaba a mi madriguera, me quitaba las zapatillas y los pantalones, la camisa –y, en su caso, camiseta-, me ponía un nicky cutre para que no me salpicara el aceite de la sartén en mi pecho-toro, y después de hacer la cena mientras escuchaba al chivi, conectaba con el ciberspacio para contaros unas anécdotas.

Aquí es diferente. Al estar de nuevo con la familia uno nunca encuentra la hora de meterse en la habitación. De hecho, me tiro las horas muertas remolinando por la cocina, la sala y los pasillos, irritando a la hermana o manteniendo con la madre conversaciones de siempre, ya manidas.

Por otra parte, mi habitación está como si hubiera pasado un tornado de fuerza 5. Todavía se amontonan a mi lado las bolsas del Penny market de Heidelberg, llenas de libros, cuadernos y papeles. Hasta ayer no ordené el pupitre, por lo que hoy es el primer día que lo tengo expedito para colocar el portátil, que, por cierto, se engancha a la red inalámbrica de euskaltel que da gusto (os lo recomiendo).

En fin, ya que me he adaptado a la vida en Basauri espero volver a escribir con asiduidad, en tanto mis numerosas ocupaciones me lo permitan. Sin ir más lejos, la primera semana de julio tengo un curso de verano en la Complutense. Me dieron una beca de alojamiento (en habitación doble) y manutención durante los cinco días que dura. Yo sólo tuve que pagar la matrícula (162 euros). El curso trata sobre los cincuenta años del Tratado del carbón y del acero, que daría lugar a una unión económica que desde el tratado de Maastricht pretende ser política. Elegí precisamente este curso porque tengo la intención –como ya dije- de presentarme a un proceso de selección para trabajar en la comisión de la UE como “becario” o “ trainee ”. El hecho de haber realizado un curso en escorial sobre la UE es algo que el comité de selección puede tener en cuenta, al menos como indicio de que tengo un interés genuino en la Unión y que no me iría a Luxemburgo o Bruselas de “pseudoorgasmus”. Alea jacta est .

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Vamos a más

11 de Junio de 2007

Hoy, lunes 11 de Junio de 2007, he vuelto a la carga. Con las pilas medio cargadas he vuelto a asumir con la energía de un niño mis retos de siempre y me he echado a la espalda otro reto más: me he apuntado a la escuela municipal de música de mi pueblo para aprender a tocar la guitarra clásica. Ya dí unos punteos con un amigo que me enseñó unos acordes en Madrid, pero a partir de ahora me lo voy a tomar en serio, porque es mi ilusión sentarme en el sofá con la guitarra apoyada en la pierna y ponerme a tocar la canción de Nothing else matters de Metallica, el concierto de Aranjuez del maestro D. Rodrigo –no te llamo trigo...-, alguna cancioncilla en euskera (ikuuuuuuusii, mendizaleeeeeak –creo que sale en “el Lobo”-), alguna de Phill Collins o incluso de Alex Lumbago, ¿por qué no?

Por la modesta cantidad de 75 euros mensuales me enseñan solfeo y un instrumento –aunque muy pocas horas-. A ver si soy capaz de abarcar muchos campos y apretar en todos (sobre todo en uno particular que me sé yo).

En cuanto a las salidas profesionales, además de la potencial incorporación a la universidad, tengo por ahí un plan B y un plan C alternativos: la Comisión Europea o las Naciones Unidas. En la Comisión Europea puedes trabajar en un organismo relacionado con tu trayectoria académica en Bruselas o Luxemburgo por unos 1000 eurillos mensuales, y en las Naciones Unidas trabajas por la patilla durante un periodo de entre dos y seis meses, pero le puedes pedir financiación al Ministerio de Asuntos Exteriores, que te subvenciona la estancia a razón de unos 1200 euros mensuales, porque tener a españoles en Organismos Internacionales tiene para ellos –obviamente- "interés estratégico".

Página de los periodos de prácticas en la Unión Europea: http://europa.eu.int/spain/servicio_documentacion/practicas.htm

La Comisión de las Naciones Unidas para la unificación del Derecho mercantil (Viena)

http://www.uncitral.org/uncitral/es/vacancies_internships.html

La ayuda del Ministerio de asuntos exteriores puede encontrarse en

www.becasmae.es

Luego no digáis que no os he avisado.

Ni que decir tiene que saber idiomas es condición sine qua non . Por una vez va a tener razón el Rajoy cuando aconsejaba estudiar inglés y chino. Nosotros lo tenemos a huevo porque el español tiene una importancia creciente en las Naciones Unidas, tal y como me dijo el chino (el que se suicidó en Leganés no, otro). Eso sí, como también decía el Rajoy, no perdáis vuestros idiomas regionales, que es patrimonio cultural que hay que proteger. Yo, por mi parte, he reanudado mis estudios de euskera. Si a la peña nacionalista que conozco no le diera pereza hablar euskera (o aprenderlo) tendría más oportunidades de practicarlo. Es una pena.

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De vuelta

8 de Junio de 2007

Bueeeeeno.

Pues ya estoy aquí otra vez. Ha sido tal el ajetreo de Heidelberg y el de asentarse otra vez en casa de los viejos, en Bilbao, que hasta hoy no he tenido tiempo de conectarme. Hoy precisamente ha venido el técnico de Euskaltel a colocar el emisor de señal para colocar una red inalámbrica en casa. Es que me da pereza escribir con el ordenador fijo. Estoy acostumbrado al mío, que es mucho más cómodo. El otro ordenador me da lata, como decía mi amigo el chileno.

Bueno, pues atrás quedó mi vida independiente en Heidelberg, atrás quedaron mis numerosos amigos/as: Stefanie, Isabelle, Dorothea, Eloy, Nizar, Leoni ..., la gente del instituto, como Christian, Paolo, Mavi o el Zhi –el chino-, y la gente del Tango, como Bernadette, Juvitza o Tina, mi querida compañera de baile. Personas que me han marcado, como Johanna -a la que no he visto pero espero recuperar en el futuro- y alguna buena amiga con la que pronto me reencontraré, como Bettina, que, como Uds. saben, está en Madrid.

Por una parte, se acabó el Tango, las sesiones de Budismo, la independencia, los amores y demás aventuras arriesgadas, las horas y horas de escuchar al Chivi mientras freía pechugas en la sartén, y un largo etcétera. Atrás queda el trabajo bien hecho: horas y horas en el instituto, los examenes de alemán, el artículo de Zur dogmatischen Zulässigkeit... , la tesis, el deporte, que practico más por disciplina que por gusto, para buscar el equilibrio psicológico ( mens sana in corpore sano ).

Pero no echaré de menos todo. En tanto permanezca en Bilbao con mis padres podré olvidarme de las compras, la limpieza, el stress, el frío, la humedad, la mala comida, etc... Contratiempos y cargas que, no obstante, le curten a uno como persona. Sí, una vez de nuevo en mi hábitat natural me encuentro como un privilegiado que ha ascendido en el escalafón tras cumplir con un duro programa, como si un corredor de fondo se hubiera entrenado en Júpiter para un maratón en la tierra. Me siento incluso más ligero.

Es hora de descansar un poco y fijarse nuevas metas. En la vida lo importante no es llegar, sino ir. Ya hablaré de ellas en uno de los siguientes posts .

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La hamburguesa

28 de Mayo de 2007

Bueno, pues los días pasan y the final count-down is almost over . Me quedan, como quien dice, cuatro días en Alemania. Sí, un suspiro, un Augenblick , una miaja, lo que canta un gallo, un ...... ¡ná!.

¡Vamos!, ¡que me vooy! -como dice “el Chivi”-. Pero me gusta este tipo de vida. Me encanta viajar, conocer a gente nueva y mantener –en la medida de la posible- las relaciones que voy cosechando en mis periplos, casi todas con mujeres (más que nada porque psicológicamente me aportan más que los hombres, ¿eh?)-. Sí. Las relaciones sociales son un importante componente de la vida de las personas y estoy aprendiendo a mimarlas. Me aportan felicidad y ensoñaciones y dan bastante sentido a mi por otra parte solitaria vida (ya escribo como lo haría un alemán).

Bueno, pues al grano. Resulta que el mismo día que quedé con Eloy para tomarnos una cerveza en el Ziegler había recibido un mensaje en mi cuenta del ordenador del seminario de una tal Dorothea. Dudé si contestarla o no, pero finalmente accedí y nos citamos para una tarde -creo que de viernes- que resultó ser lluviosa.

Aparecí en el lugar señalado –enfrente del centro comercial de la plaza de Bismark- con unos pantalones vaqueros, zapatos de goma y una camisa azul. Por encima llevaba el chaquetón alemán azul marino, que resiste hasta 15 bajo cero, porque era lo más elegante que tenía para un día lluvioso. A pesar del notable grosor del chaquetón yo no tenía calor.

Llegué y todavía no había nadie. Sólo una chica que escuchaba un reproductor mp3 mientras daba pataditas en un charco. Por si acaso fuera ella me acerqué y, cuando estaba a un metro, le pregunté retóricamente mientras ella se quitaba los cascos:

-No eres Dorothea, ¿no? (pregunta extraña donde las haya)

-No

Le sonreí como Carlos Sobera hace con los concursante indecisos que piden sopitas, me di la vuelta y seguí parasitando por los alrededores.

No la ví llegar porque se aproximó por detrás mientras yo estaba absorto leyendo un manifiesto político pegado a una farola –al que se le empezaba a correr la tinta de las letras por las gotas que resbalaban-.

La tía se acercó a mí y me saludó con la certeza de que yo era yo -evidentemente, acertó-. Siempre se ha dicho que tienen más intuición que los hombres. Será el sexto sentido (¿o ése es el de los que ven muertos?). Bueno, Egal .

Físicamente es alta, delgada, rubia y con ojos azules. En cuanto a la belleza interior, que es lo más importante después de pasado el filtro de la exterior –de esta forma de proceder tampoco se salvan ellas-, puedo decir que es inteligente, responsable, perseverante, culta y un poquitín enigmática. Pero bueno, ¿a quén no le gustan los enigmas?.

Por cierto, es de Hamburgo.

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El descansillo

25 de Mayo de 2007

Serían alrededor de la 1.15 de la mañana y ahí estabamos, en el segundo piso del edificio, intercambiándonos los teléfonos del móvil, que yo, por cierto, no me sé de memoria (nunca me he llamado). Y ya me jode, porque quedas como un poco pánfilo. Así que, para disimular, le dije que me diera el suyo y que ya le pegaría un toque. La chica se sacó el teléfono del bolso mientras yo buscaba la agenda de teléfonos en el móvil que -como suele ocurrir con el pasaporte en los aeropuertos- no acababa de aparecer: Mitteilungen , Extras , Spiele , Erinnerungen , Urhzeit , Einstellungen , Anrufliste ... y la chica esperando. ¿Dónde demonios se graban los teléfonos en este móvil? Por fin apareció: Adressbuch . Eureka!!

K-A-T-H-E-R-I-I-I-I-N-A, iba deletreando en voz alta, por un lado para mantenerla entretenida y, por otro, para que viera que me acordaba de su nombre, algo que no siempre ocurre, porque cuando te lo dicen –normalmente al principio- todavía la estás haciendo el estudio antropomórfico, y no te puedes concentrar en tantas cosas a la vez.

Catherine empezó entonces a decir uno por uno y con la nitidez y solemnidad propias de un niño de San Ildefonso, su número de teléfono.

Una vez que los hube grabado en el móvil, levanté la mirada, le miré a los ojos y le pregunté como si se me hubiera ocurrido en ese preciso momento...

-¿cuándo te vendría bien que tomáramos algo? Puedo hacer una tortilla. -siempre digo lo mismo, pero es que no sé hacer muchas cosas más, digamos que es mi especialidad-.

-Mejor podríamos hacer una barbacoa, en mi balcón o en el tuyo.

-¿Una barbacoa?

- Si, en verano se lleva mucho hacer barbacoas.

A mí, que disfruto de la carne como un verdadero homo erectus , se me ponían los dientes largos.

-Una barbacoa? –exclamé sorprendido-

-Sí, ¿por qué no?

-Vale, ya lo hablaremos.

-Pero tendremos que dejarlo para dentro de tres semanas, porque estoy de exámenes.

-¿tres semanas? –se me debió de quedar cara de besugo-.

- Es que hasta dentro de tres semanas no acabo

No es la primera vez que una alemana te da cita para dentro de semanas si está en periodo de exámenes. Me ha pasado incluso con alemanes. Ahora bien, puede ser perfectamente un excusa, no digo que no. En todo caso, si se trata de los exámenes, lo entiendo perfectamente. Cuando yo tenía exámenes en la uni casi no salía, fundamentalmente porque no solía tener apuntes y no sabía cómo preparármelos (algún día hablaré de esto).

- Es que yo me voy dentro de 20 días.

-Vaya! bueno, pues veré a ver si saco un rato el jueves.

-Bien, pues ya te mandaré un mensaje un día de estos y quedamos, vale?

- Nos dimos un par de besos y nos despedimos.

Desde entonces no la he vuelto a ver. Le escribí un mensaje el miércoles, tres días después, para no parecer pesado o demasiado interesado en ella. Me contestó al cabo de un rato diciéndome que a causa de su Diplomarbeit no tenía tiempo, que lo teníamos que posponer. No me acuerdo exactamente lo que le contesté. Supongo que algún mensaje estándar de “comprensión y puertas abiertas”.

Desde entonces no la he vuelto a mandar más mensajes, más que nada por inercia y porque yo tampoco tengo mucho tiempo. No obstante, la escribiré un día de estos para quedar. A ver cómo reacciona.

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Katherina

Pues ahí estábamos, en el descansillo del primer piso.

- ¡Ah!,¡interpretación!, pues entonces conocerás a Bettina, ¿no? –a las mujeres les da confianza que les cites a personas conocidas-.

- ¡Sí, claro! Estudia conmigo.

- Se va a Madrid un día de estos. Por cierto, ¿cómo te llamas?

-  Catherine

-  ¡Qué bonito! –exclamé (además lo pensaba de verdad)-, yo Fran del Pino.

- Y también conozco a Carolina y a Anica, sus amigas –seguía ella-

- Sí, ya sé quiénes son. Las conocí en la noche de los museos abiertos.

- Ya

- Y a Stefanie? La conoces?

- No, a esa no.

Bueno, pues habiéndome acreditado como parte de esa masa de “estudiantes-de-buen-rollito” profundicé un poco más en la convesación.

- Pues es una pena que nos hayamos conocido tan tarde, ¿no? Justo cuando estoy a punto de irme

- Pues sí -decía sin desclavar de mi pupila su pupila azul, como diría Gustavo (no la rana, sino el Bécquer)-

-  ¿Y dónde vives exactamente?

-  En el segundo piso, justo en cuanto se encara el pasillo, la primera puerta a la izquierda, al lado de un extintor. (No me extraña que viva al lado de un extintor, porque a mi ya me estaba empezando a entrar un ardor “que pa qué”)

-  Yo vivo ahí mismo -le indiqué mientras extendía el brazo cual pointer que ve una perdiz-

-  Ah! Pues yo vivo justo encima de ti!

Y aprovechando la inercia de la conversación le pregunté con toda naturalidad...

- ¿Puedo acompañarte hasta la puerta y así veo exactamente dónde vives? -arqueando las cejas como Chirac-

- Claro

Subimos las escaleras como un par de niños que vuelven del recreo. Yo no soltaba en ningún momento el ordenador. Incluso cuando volvimos a estar frente a frente en el segundo piso lo seguía agarrando del asa como un vendedor de enciclopedias, más que nada para dar a la situación cierto matiz de espontaneidad.

-Bueno, pues entonces un día de estos podemos quedar para tomar un café, ¿no?

Como véis, opté por la prudencia –salgo a mi madre-. Haberla invitado a tomarlo en ese momento hubiera supuesto con una gran probabilidad un nein rotundo como el non francés a la Constitución europea. La chica habría reaccionado de acuerdo con lo que yo llamo el “efecto enroque”, sea este de rey-torre o de congrio en roca. Se le habría encendido la alarma de peligro y habría pasado a Def con Dos.

- Oye, me puedes dar tu teléfono para estar en contacto? –fue casi un acto reflejo-

-Claro.

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Y cuando menos te lo esperas...

21 de Mayo de 2007

Cuando el autobús se aproximaba a mi parada (Rohrbach Markt) me levanté para darle al botón de solicitar parada y observé con sorpresa cómo al mismo tiempo la chica pelirroja de ojos azules también hacía conato de levantarse. ¡Vaya! –pensé-, ahora resulta que esta chica enigmática vive en mi zona. No recuerdo haberla visto nunca.

Cuando se abrió la puerta del autobús bajé rápidamente, el primero de todos, de hecho, con decisión, sin reparar en ella, aunque sabía de sobra que vendría detrás. Lo hice para parecer inofensivo: un chico con prisa que va a su bola. No recuerdo si el semáforo estaba en verde o en rojo; pasé de todas formas, pues a esas horas apenas pasan coches y dado que el sentido común –que de acuerdo con una campaña de la DGT prevalece sobre las señales luminosas y verticales- dice que cuando no viene nadie hay que pasar, crucé a paso ligero, evitando conscientemente mirar a la pelirroja, a lo mío, como si no me hubiera dado cuenta de que venía detrás. Si se quiere llamar la atención de una chica en estas circunstancias de nocturnidad siempre es mejor que no se la mire, porque la puedes asustar. De todas formas, como iba con el ordenador, porque lo había ido a recoger al instituto, daría incluso la sensación de que venía de un largo día de trabajo (a la una y cuarto de la mañana).

Bueno, pues giré a la izquierda en el banco que hace esquina y la chica giró, seguí recto y la chica no torció. Venía justo detrás, como Cipollini tras de su lanzador antes de afrontar un sprint . Quedaban unos metros para llegar al portal de casa (ya me estaba sacando las llaves del bolsillo) y sólo podía darse una de las dos siguientes circunstacias: a) que pasara de largo cuando yo me metiera al portal o b) ¡que viviera en mi mismo portal (¡y yo con estos pelos!). Pues cual fue mi sorpresa, que mientras metía la llave en la cerradura ella se paró al lado, giré el cuello 90º y nos quedamos frente a frente.

-Hola, vives aquí? –le pregunté retóricamente con sonrisa de Ally Mc. Beal.

-Sí

-¡Vaya!, no recuerdo haberte visto nunca –le dije con simpatía y con fingida indiferencia (en la medida en la que sea compatible) mientras giraba apresuradamente la llave en la cerradura.

-No, yo tampoco, ahora que lo dices

Abrí la puerta mientras me colocaba el ordenador entre las piernas y la sujeté con caballerosidad para que ella pasara. Después de subir las escaleras, donde presuntamente nuestros caminos se bifurcaban, me las ingenié para alargar la conversación como si de la vida de Ariel Sharon se tratara.

-¿Y cuánto tiempos llevas viviendo aquí?

-Vivo aquí casi por un año -me respondió... ¡en español!

-Vaya, ¡hablas español! –exclamé con una sonrisa perenne en plan “soy un chico majo”.

-Sí, estudio interpretación. (se me estaba poniendo la situación “a huevo”, por cada respuesta que ella me daba se me ocurrían diez preguntas)

Continuará....

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Dorothea

No todo fueron calabazas y desplantes ese día. Al menos a la mañana el ordenador de la Seminarstraße me había pasado otro nombre de una chica-mujer interesada en hablar español. Una tal Dorothea, y seguimos con los nombres feos –me viene a la mente la típica abuela fofa sentada en una silla a la puerta de su casa de pueblo un día de verano y con el mandil puesto mientras hace punto con las agujas por debajo de la axila, poniendo verde a medio vecindario-.

La verdad es que estuve pensándome si responderla, porque me voy a España el 3 de Junio y no sabía si merecería la pena conocer a otra persona, pero en fin... Casi sin pensarlo, instintivamente, la respondí, al menos para conocerla. Siempre es intrigante. No me voy a cerrar puertas, ¿no? De eso ya se encargan otros –u otras-.

Quizá por eso ando yo tan relajado en las discotecas. Porque las que no conozco en lo sitios “normales” las conozco por vías un tanto “anormales” o inusuales, como el ordenador del seminario de la Universidad, el Instituto de Derecho Comparado, la Max Weber Haus –a la que ya no voy- o el Tango. Yo incluso le he propuesto a Eloy que se dé de alta en el ordenador del ligoteo, ahora que aprender español está de moda. No entiendo por qué aún no lo ha hecho. Quizá porque a él sólo le valen las chicas despampanantes a las que siempre mira y nunca habla. Así le va.

Bueno, pues si ese día salimos Eloy y yo –¡cuanta “y”!- rebotados de la discoteca por la displicencia de las alemanas, lo cierto es que mi nuevo contacto amortiguó –por así decirlo- el rebote.

Una vez en el autobús de vuelta a casa –a eso de la una de la mañana- me senté bastante cerca de una chica pelirroja con ojos azules –no me acabo de acostumbrar a los ojos que tienen las alemanas. ¡Qué va a ser de mí cuando vuelva a España! ¿Me meteré a un convento a hacer rosquillas?-. La chica miraba a través de la ventana y yo –para no ser indiscreto- fingía hacer lo mismo, cuando en verdad lo que hacía era mirarla a ella a través del reflejo, porque la combinación de ojos azules y pelo pelirrojo –valga la redundancia- me embelesaba. La verdad es que me quedo hipnotizado como una cobra. Supongo que como cuando Narciso vio su reflejo en el lago, pero en este caso por ver el suyo, no el mío, obviamente.

En su rostro podían entreverse ciertas ojeras, algo que yo considero muy atractivo, pues lo relaciono con los golpes que da la vida y de ello deduzco, intuyo o imagino que estoy ante una chica luchadora, con carácter, autónoma, de esas que me gustan a mí. Las chicas con cara de niña que, ajenas a toda preocupación, montaban alboroto en el autobús –a las que mi hermano y yo siempre hemos llamado “chochitos felices”- no me seducen tanto como esta pelirroja absorta de rostro cansado y mirada perdida en el infinito. Uummmm. Me gustaría conocerla....

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