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EL BLOG DE FRAN

 

 

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La clausura

Aquí estoy de nuevo, con los infatigables seguidores de Fran, cuya paciencia no conoce límites.

Ayer acabé el curso de tango para iniciados. Nos tenían preparadas unas cuantas sorpresillas: nos iban restringiendo con sillas la superficie de baile, para que bailáramos más juntitos; nos hicieron cambiar de pareja, nos pusieron una música extremadamente lenta y relajante, e hicieron cerrar los ojos a las chicas. Los chicos las guiábamos por todo el salón con toda la delicadeza. ¡Qué bonito!. Después, las mujeres se desperdigaron y esperaban con los ojos cerrados a que un hombre las “rescatara” y bailara con ellas una “base”. Sólo una. Después no tocó el turno a los hombres y ellas eran las que nos cogían de la mano para que bailáramos. Uno incluso experimenta el rol de la mujer, expectante a que el macho la ataque o expectante por si un macho la ataca (depende del macho).

Al final acabamos bailando todos con los ojos cerrados, la luz de la habitación siendo casi penumbra y un fino hilo de música marcando el compás.

Terminamos y nos ofrecieron una copita de champán y un zumo para aquéllos/as que tuvieran que conducir. Yo pedí el champán, evidentemente.

El profesor de tango se me acercó a hablar. Dijo que había pasado por Bilbao con ocasión del camino de Santiago, que también había estado en San Sebastián y que le encantó la concha. ¡Normal!

A mi laso posaba con un zumo de naranja mi compañera de tango: una madre de treinta y pocos que para nada ha perdido los encantos de la juventud. Uno ha de esforzarse para poder hallar en su rostro las huellas que deja el paso del tiempo. El contraste entre su experiencia –que ha de presumírsele- y su timidez –todavía se ruboriza ante un piropo- es algo que la hace realmente atractiva. ¿cómo es posible que una persona con tanto pasado rebose tanta vitalidad y parezca no haber perdido la frescura de una quinceañera?

No me gusta sólo ni principalmente porque sea guapa, sino por las cualidades humanas que en ella intuyo. Por su mirada, que es tierna (será porque es madre) y por su comportamiento. Parece noble.

 

Qué descontrol

Vaya! Me compré el otro día un cable USB para pasar datos (fundamentalmente fotos) desde mi teléfono móvil al ordenador y, como siempre, me están tomando el pelo entre los dos dispositivos. Enchufo el cable USB desde el teléfono al ordenata y me dice el windows que ha reconocido un nuevo dispositivo que se llama Motorola motorola dispositivo de almacenamiento USB o algo así, y cuando voy a mi PC para ver el contenido del disco que está en la nueva unidad, va y me dice que está vacío, o que introduzca un disco o algo así. Asi que ya ven. Todo mi gozo en el pozo. Otro día más sin poder pasar las fotos del móvil al ordenador.

Lo peor es que uno se vuelve adicto. De hecho, el ifomático frustrado es el ser más adicto sobre la faz de la tierra. Siempre te da la sensación de que estás a un paso de conseguirlo, pero todos los intentos son en vano. Es lo que yo llamo el “síndrome del jugador de máquinas tragaperras”:este intento el último, y si no me sale, me voy a la cama. Pero nunca te das por vencido. Empiezas a buscar el disco de almacenamiento masivo por otras vías, incluso por la del perro ése tan simpático que te busca los archivos, pero nada, no aparece.

Luego le pides ayuda expresamente al windows, que primero busca el controlador en el disco duro y luego incluso se lanza a internet. Te lleva a la página principal de windows, de ahí saltas a la de Motorola. Buscas el controlador a través del asistente, lo buscas tú mismo, pero nada. Incluso de tanto buscar el controlador uno acaba perdiendo el control. Intentas descifrar los consejos del ordenador –que en la mayoría de los casos te dejan como estabas- bruuufffff!! Qué de malos ratos se puede tirar uno delante del ordenata intentando hacerle entrar en razón.

Uno incluso se va a la cama con mal cuerpo, preguntándose por qué el ordenador no le habrá reconocido el motorola a este servidor y sin embargo sí se lo reconoce sin rechistar al palestino.

En fin, los ordenadores son a veces como niños tercos, y es mejor pasar de ellos.

 

Lange Nacht der Museen II

Después de reunirme aquel sábado con Bettina y sus amigas, nos dispusimos a visitar los museos de Heidelberg. El primero fue el Verpackung-Museum (creo que se llama así), en el que se exponían antiguas cajas de hojalata con caramelos, pastillas para el catarro o la tos. También cajas de cartón rectangulares con detergente de una marca que todavía se comercializa (Persil). En una de las salas, un hombre mostraba el funcionamiento de una máquina de empaquetar chocolatinas y al otro lado de la habitación, tras unas vidrieras, había casas de muñecas con miniaturas de los envases de hojalata.

Las chicas que iban conmigo hasta se ponían en cuclillas para poder ver las casas mientras ponían las manos sobre el cristal. Yo también habría hecho el esfuerzo si esa noche no me hubiera dolido el trapecio.

En la planta baja, un grupo tocaba canciones caribeñas en español y la gente se arremolinaba alrededor mientras se comían bocadillos o se bebía un vino con agua carbonatada –aquí se la echan hasta a los zumos-.

El segundo museo al que fuimos fue el Kunstpfälzisches Museum –tampoco sé si lo he escrito bien-, en el que había una exposición con fotos de Marilyn Monroe. Como había una cola más larga que un día sin pan para entrar, decidimos postergar la visita.

Seguimos caminando por la Hauptstraße en busca de la Heiliges Kirche Straße, donde presumiblemente había dos exposiciones de arte africano y una de fotos artísticas, muchas de ellas de desnudos.

En la de los africanos habían puesto como una especie de lunch de pago. Tres africanos con su indumentaria típica tocaban sendos instrumentos de percusión mientras otro bailaba como un poseído. Como si lo estuviera haciendo sobre ascuas, de hecho. Un cuarto con una chaqueta azul marino muy elegante invitaba a la gente a unirse al bailarín, que ajeno a todo lo que ocurría a su alrededor, seguía contorsionándose como una serpiente en plena lucha con un ave rapaz. Cuando el hombre de la chaqueta se acercó a mí, miré hacia otro lado, pero después lo pensé mejor: le dí las gafas y el jersey a Bettina para que me las guardara y me uní a la fiesta, a reproducir en la medida de lo posible los espasmos del africano mientras los demás aplaudían en corro. Aquello fue terapéutico, acabé la sesión de aeróbic con renovadas energías.

Finalmente fuimos a ver las fotografías artísticas. Un arte bastante alternativo que mi primo, el Txus –catedrático de sexología práctica y técnicas de cortejo- viene reivindicando desde hace tiempo. Ahí podían contemplarse tanto esculturales torsos masculinos con sus correspondientes falos como firmes senos salpicados de gotitas de agua, como si fueran de rocío. En verdad eso es belleza. Uno se queda mirando durante minutos y disfrutando del arte de verdad. Sin fingir.

 

Por fin, el encuentro

A la tercera va la vencida, se suele decir. Esta vez fue la definitiva. No nos pudimos encontrar la primera vez que quedamos, porque había comido tanto pollo el día anterior que me dio una indigesión de dos días y tuvimos que posponer la cita. No pudimos encontrarnos tampoco aquél martes que fui a Karlsruher a bailar tango, porque precisamente le llamó la arrendadora para avisarle de que iba a ir un tío a arreglarle la calefacción... Pero ayer, por fin, después de más de dos años escribiéndonos emails –aunque desde que estoy en Alemania bajamos bastante el listón- he conocido a mi perserverante penfriend –ahora “ keyfriend” , no?-, Tandempartner , o como se diga.

Quedamos alrededor de las siete menos cuarto en la estación de Karlsruher, donde yo tuve que pasar tres horas casi a la intemperie al volver de Berlín, donde mi primo Txus echó la meada.

Yo llegué alrededor de las seis y media. Ella llegaría a las 18.48 exactamente, al andén número 7. Después de meterme a mear en el baño de un local de Kebaps y darme los últimos retoques en el espejo, fui a esperarla con hormigueos de éstos que entran por el cuerpo y tximeletas en el estómago, porque estaba nervioso por la emoción y la intriga. La misma sensación que un estudiante tiene cuando sale el bedel con las notas de los exámenes para colgarlas en las cristaleras.

El tren llegó puntual –¡menos mal!-. La puerta del último vagón se paró justo delante de mis narices. Yo, para disimular y dejar que fuera ella la que me viera, me puse a mirar a la gente que salía del vagón que tenía enfrente, consciente de que había pocas posibilidades de que ella saliera por esa puerta. –es que de lejos veo mal y no me iba a poner las gafas para esa ocasión, cuando nunca las llevo-.

Una vez que todos los pasajeros que iban en ese vagón hubieron salido, me giré 45 grados y me puse a mirar a la gente que caminaba por el andén , y entre la muchedumbre, la reconocí. Fue fácil: era la única persona que venía directamente hacia mí, con la mirada centrada y con una sonrisa en la boca.

La reconocí enseguida porque era clavada a como aparecía en las fotos.

Nos saludamos, nos dijimos: Por fin!! Endlich hat es geklappt!! Salimos de la estación, cogimos un tranvía y nos fuimos al centro.

 

Lange Nacht der Museen

Hola, caracola.

Ayer fue noche de puertas abiertas en los museos de Heidelberg, Mannheim y de Ludwigshafen. El bono, que valía 16 euros, y te daba derecho a entrar a todos los museos de Heidelberg y a coger autobuses para desplazarte a Mannheim y Ludwigshafen y así poder ver los de estas ciudades también. La idea de ver museos fue de Bettina. Yo la había invitado a que viniera a casa para hacernos compañía mutuamente mientras empollábamos –los libros-, pero ella la declinó –¡la invitación, malpensados!- diciéndome que tenía que ir a coger unos libros a una biblioteca y que se le haría corto el día si venía a mi casa. A cambio, me invitó a ir con ella y con sus amigas a ver museos. Yo acepté.

Quedamos a las ocho de la tarde en la puerta del centro comercial –Galeria- que hay en la plaza de Bismark. Como llegué unos minutos antes –algo inusual en mí- me metí en la planta baja a ver postales al calorcito. Cuando dieron las ocho me puse delante de la puerta, al lado de los guardianes del mercado –a los que yo llamo “ediles curules”-, que se habían cuadrado delante de la puerta para que nadie pasara, como dos gorilas de discoteca en Ibiza.

Al rato apareció Bettina con dos amigas: una delgada y otra gorda. No me quedé a la primera con el nombre de ninguna de ellas, porque estaba haciendo el correspondiente estudio antropomórfico en el momento en el que me dijeron los nombres. Más tarde me los repitieron: Caroline y Anika.

Caroline no es un nombre que me guste. Me suena, evidentemente, a Carolina, y “carolina” lo relaciono indefectiblemente con los pastelazos esos de mantecado incomestibles que sólo gustan a los niños –ya sabéis cuáles son-. Anika, sin embargo, sí que me gusta. Me cae simpático, es como Ana, pero en navarro, y Ana se llamó mi primer amor platónico. Es un nombre muy fino. Ana, Ana. Suena bien. Uno no se cansa de decirlo.

Caroline estaba mejor de cuerpo que Anika, pero Anika tenía una cara preciosa. Era el paradigma de la belleza de mi amigo botiglioni: la gorda guapita de cara. Él diría de Anika que es una chica potxola . Una cara redonda, pero con la forma de los pómulos y de la barbilla –no os vayáis a pensar que era como la de Camacho, el ex seleccionador-, la piel completamente tersa, rosada, los dientes perfectamente colocados y los ojos preciosos. Además, tenía el pelo como entre rubio y pelirrojo. Muy guapa. Pero de cuerpo... Como decimos en nuestra cuadrilla: P´al heri.

Hace no mucho me dijo Botiglioni: Fran, algún día empezarás a valorar esos cuerpos.

Vaya!, no he dicho ni una palabra de los museos.

 

El ocupa

Cuando voy a bailar tango dejo el ordenador y los libros en la taquilla del instituto, porque sería una lata llevarlos conmigo, además de exponerme al riesgo de que me los birlen. Después, al salir, vuelvo, abro con mi llave magnética, y los recojo. Pues bien, el otro día, al volver, estaba encendida la luz de la habitación de los doctorandos. Extrañado porque todavía hubiera alguien ahí, subí por curiosear un poco y me encontré a Christian. Cuando abría la puerta, mejor dicho, las puertas –hay que abrir dos puertas que estarán separadas por unos 15 centímetros aproximadamente- allí me lo encontré, mirándome sobresaltado. Evidentemente no esperaba a nadie.

¡Qué sorpresa me llevé! Me acerqué a saludarle y, cuando estaba a escasos centrímetros de su mesa, eché una miradita por debajo, no fuera a ser que en verdad no se hubiera quedado por el trabajo. No había nadie.

Digamos que estaba escurrido en la silla, enfrente de él los libros plagados de post-its se amontonaban o solapaban los uno con los otros. A su derecha tenía un gran fajo de folios que se había fotocopiado en el Max Planck. Tenía los ojos enrojecidos y decía que se sentía como si hubiera perdido todo el día, porque había tenido que hacer muchas fotocopias y no tiene mitarbeiters . Que quería quedarse, al menos, a leer algún artículo, aunque sólo fuera uno. De lo contrario no podría dormir, pues la conciencia le apremiaba como un centinela implacable. Tenía dos bolsas de provisiones: una de galletitas saladas –que a mí me sabían a pescado- y otra de pastas dulzarronas, de esas que las señoras mayores les sacan a las amigas cuando van a tomar el té.

Está estresado porque se ha embarcado en dos tareas a la vez. Tiene que hacer un trabajo para un bufete de Frankfurt y al mismo tiempo trabajar en la primera parte de su disertación. Al igual, yo trabajo en mi disertación y en un artículo alemán que espero que finalmente se publique. Dicen que los hombres no podemos pensar en más de una cosa a la vez. A lo mejor eso tiene algo que ver.

 

Vuelve la primavera

Hola, amigos del blog,

Por fin llega la primavera a Heilderberg. Ya llevaba tiempo esperándola. Esto de llevar una bufanda perpetua enroscada en el cuello y el chaquetón ese que parece de general de las SS cuanto menos es lo más incómodo del mundo –aunque por lo menos, sí que resulta muy elegante-. La primavera la sangre altera, dicen. Sin embargo, en mí surte un efecto sedante. Esto de ver el cielo despejado, las margaritas en el césped, los árboles en flor.... uuuummm! Me viene a la cabeza el hombre de Vernel o el muñeco de mimosín. Así da gusto.

Miento! Ahora caigo! Hay algo que sí que me altera: los escotes y las camisetas de las alemanas que caminan por la HauptstraBe. Hoy he visto a una que tenía unas ..... de esas que manos no cubren, que no se me quita de la cabeza. Bruuuuuffff! Entre las horas que paso en el instituto comiéndome el tarro y las cosas que veo por la calle me van a tener que sacar de aquí con camisa de fuerza. No acabo de acostumbrarme a las alemanas. Cuando llegue a España no sé lo que voy a hacer. Me tendré que meter a un seminario.

Pues sí, la primavera ya esta aquí. Ahora puede uno andar en nicky por la calle, y en el Mensa ya han sacado las mesas del comedor al patio. El estudiante ya empieza a tirarse al césped y a fumar hierba e incluso creo haber visto a un profesor de esos elegantes y exigentes dando lametazos a un helado de pistacho.

Esta noche me daré una caminata a la luz de las estrellas para aliviar el estrés que me ha causado el mal tiempo durante estos últimos meses.

Saludos

Bettina y la tesina

Hola, amigos.

Las tres y media de la mañana de un sábado. Ayer me acosté a las cuatro de la mañana y hoy me he levantado alrededor de las 11. Había quedado en ir a recoger a Bettina a la parada del tranvía hacia las dos de la tarde y todavía quería ir al gimnasio a entrenar un poquillo (muy flojo) ahora que el dolor de trapecio parece que está remitiendo. También tendría que pasarme después por el supermercado a comprar patatas, cebollas y cuatro cosas más para hacer una tortilla, amén de sacar una media horilla de donde fuera para dejar la casa decente y dar la sensación de ser un chico ordenado.

He andado un poco en la cinta –no correr- como si fuera un ciclista que se recupera de una lesión de menisco, he hecho cinco series de pecho y dos series de bíceps y me he ido a la ducha. Con la sensación del deber cumplido –en la medida de lo posible- me he ido al Penny Market –no es un sex-shop- y he comprado ingredientes para la tortilla –como ya he dicho- y un yoghourt de kilo.

He llegado a casa con el tiempo justo para recogerlo todo. Media hora quitando trastos del medio como si fuera el alcalde un municipio que, alertado de que viene la policía, se pone a destruir pruebas como loco: la tele a una esquina, la ropa interior -que se secaba en la cuerda- al armario, la basura al patio, pasar la aspiradora, la fregona... Y sobre todo, el retrete. Un retrete pulcro dice mucho de una persona (al menos, si yo fuera una chica, me fijaría en eso). Por cierto, ¿qué debe de pensar una chica cada vez que entra a mear a mi baño -antes de conocer a Nora esta palabra no estaba en mi diccionario (yo decía “servicios” o simplemente “water”. Cada vez que digo “baño” me acuerdo de ella)- y ve todo lleno de cremas? Para la cara, para el cuerpo –de mango-, la típica de Nivea, cera.... Porque digo yo que se fijarán, ¿no? Las chicas se fijan en todo. ¿Se pondrán a fisgonear un poco, aunque sólo sea por unos segundos? ¡Qué divertido! Ya me las imagino mirando los tarros con extrañeza. Se reirán por lo bajo mientras piensan: ¿“para qué querrá el tío este todas estas cosas”? ¿Será metrosexual?

Bueno, pues a lo que vamos. Bettina ha traído la tesina de la movida madrileña. Me ha dicho que si quería, me la dejaba. Yo, para ser cortés, le he dicho que sí, que por supuesto, y de hecho pienso leerla, porque está muy bien documentada. Tiene más de 100 páginas. No sé si “encontraré el tiempo” para leerla, pero mi intención es esa.
En fin, ella me ha corregido las ocho primeras páginas de mi trabajo ( Zur Zulässigkeit des Eigentumsvorbehaltes in Spanien ) mientras yo le corregía el suyo sobre Rigoberta Menchú. Una tía muy ilustrada que habla español como los ángeles. Ya me gustaría a mí dedicarme en cuerpo y alma a estudiar lenguas. Lo que ocurre es que no es muy lucrativo. Ser traductor es una lata e intérprete, estresante. Sigo con el Derecho. Leyendo cosas como ésta me lo paso como un enano. Las horas muertas (Cómo se lo curran los del Max-Planck).

 

Cúrame esta herida, por favor

Hace tiempo conocí a una chica que haría las delicias de cualquier español (ni digamos las de un vasco –ellos ya saben por qué-). 1.79, rubia, con ojos verdes, políglota y muy buena persona. Mi primo, el Txus –catedrático de sexología práctica y técnicas de cortejo-, que la ha visto en una foto, dice que es “un pivón”, y para arrancarle al exigente Txus una estimación de tal calibre la chica tiene que estar bien de narices -y no sólo de narices-. Pues bien, tengo el honor de gustar a esta chica. Iba a decir que no sé en qué se habrá fijado, pero sí lo sé. Como soy budista y procuro mantener al Ego a raya para no perturbar mi paz interior, lo voy a omitir.

A mí me gusta como persona, porque cumple el requisito fundamental al que ya he aludido en algún otro blog: que sea noble, esto es, que renuncie a sus intereses en beneficio de los de los demás en mayor grado en el que la media de las personas lo hacen, como si todos fuéramos hermanos: que te escuche, que te atienda, que te entienda... Podríamos compartir muchas cosas y de hecho ya las estamos compartiendo. Es una relación de amistad muy bonita. Incluso hemos llegado a ser más que amigos, pero menos que novios. Como dos ciclistas que saltan del pelotón para coger a unos escapados y que están en tierra de nadie. Una situación transitoria por necesidad, porque o te pones en cabeza de carrera o te dejas caer otra vez al pelotón. No merece la pena malgastar energías en vano.

Pues bien, ahora estamos de nuevo en el pelotón. Hemos dejado la situación de “más que amigos” por la de “amigos sin más”. La razón fundamental es que no logro quitarme la flecha del amor que me lanzó Cupido. Ahí esta, colgando de mi corazón como cucharilla MEPS en boca de trucha. No me la intento quitar porque sé que es peor hurgar en la herida. No obstante -y esta es la segunda razón-, tampoco tendría una -otra- relación a distancia, a no ser que estuviera realmente convencido y fuera previsible que a muy corto plazo alguno de los dos se mudara. Yo, de momento, no me puedo mudar a ningún sitio por razones que quizá algún día diga. Ella tampoco.

Seguiremos de amigos. Por desgracia, no soy capaz de corresponder sus bonitas frases de despedida y ella se ha dado cuenta. No sé mentir sobre los sentimientos ni me gusta dar largas –aunque las suelo dar porque, como Nora decía, tiendo a ser un poco cobarde en estas cosas (los paliativos son míos; ella decía, con razón, que lo era, sin más)-, a pesar de que he buscado asesoramiento en mi amigo Botiglioni, que como un buen ingeniero de caminos me dijo:

-Fran, ¿conoces Úbeda?

- Sí

- Sal por ahí

Gracias, Botiglini, por hacérmelo pasar tan bien con tus ocurrencias (me estuve mofando yo solo mientras hacía la cena), pero no me gusta esconderme en las ambigüedades del lenguaje. Por eso no soy abogado.

Donde esté un Yogur de kilo....

Yogures y yo

El oso panda se alimenta de bambú, el guepardo de gacelas, el camaleón de insectos y el Fran de pechugas de pollo y yogures de kilo. Si, de kilo. No sé por qué no los habrá en España –quizá en el Lidl?-, pero es lo más económico y práctico que hay. Con los yogures de kilo se acabó ya el “a mí me daban uno, me daban dos o me daban tres”. Uno ya no tiene que andar mirando si deja o no yogures para sus hermanos ni tiene que lavar mil veces la cucharilla para volver a echar azúcar a otro (cuando no se está seguro de cuántos se va a comer).

Con los yogures de kilo todo son facilidades. Te los llevas del supermercado agarrándolo por el asa como si fueras a pintar la casa y al llegar lo metes en el frigorífico como el perro que entierra un hueso o el leopardo que se sube una presa a un árbol.

Los hay de varios sabores: de fresa, de cereza, de vainilla, de granada y de chocolate. Yo he probado todos menos el de chocolate, porque tanto dulce me empalaga. El de vainilla está delicioso. Uno se lo puede comer (con algo de hambre) de una sentada. Es como una adición, como comer Pringles, pero mucho más sano.

Vienen con tropiezos de frutas que te hacen caer continuamente en la tentación de seguir comiendo, apenas tienen grasas ni colorantes. Es empezar y no parar. ¡Qué bien me lo paso revoloteando por casa con uno de estos yogures en la mano mientras escucho al chivi! ¡Éstos sí que me renuevan y no esos activia verdes que anuncia el Coronado!

Bueno, amigos, pues me voy a escapar del instituto algo más pronto de lo normal porque esta silla me está matando y tengo que pasar antes por el súper –y luego ir al gimnasio-. Tengo que comprar algo para cenar, pasta de dientes, mistol y, ¿cómo no?, algún yogur de kilo. Posiblemente de vainilla.

 

El jugador de ajedrez

Le pregunté a Bettina si por casualidad ella juega al ajedrez. Lo hice porque en caso de que jugara estaría bastante bien como terapia de relax invitarla a mi casa a echar una partida mientras nos tomamos algo, ¿no? No me vendría nada mal centrar la atención durante unas horas en algo que no sea mi vida cotidiana y abstraerme.

Sin embergo, Bettina no juega al ajedrez. Tras reflexionar unos segundos me dijo, además, que ese juego, deporte o lo que sea le parece impropio para la forma de pensar que tienen las mujeres. Que es un juego que, por el contrario, se adapta perfectamente a los patrones que rigen la mente masculina y que a las mujeres les puede parecer aburrido o absurdo (no será porque no sean estrategas).

Ya había caído en la cuenta mucho antes de que las chicas no juegan al ajedrez. Yo jugué de adolescente en un club. Los sábados por la tarde nos desplazábamos a otros institutos o clubes a jugar partidas “de liga” que duraban horas. Cuatro contra cuatro. El que jugaba en el primer tablero era presuntamente el mejor del equipo. Yo rara vez jugué como el mejor del equipo. Fui un jugador de ajedrez del montón dentro de los que son algo más que aficionados. Lo máximo a lo que llegué fue a disputar una partida que, de haberla ganado, me habría hecho quedar primero de Bizcaia de mi categoría (tendría 17 años). Las tablas también me habrían valido –y era una partida de tablas-, pero perdí por aburrimiento después de estar más de cinco horas jugando. Perdí por debilidad mental. Si hubiera sido como Nadal –el tensita- habría hecho tablas como mínimo.

Pero bueno, a lo que íbamos: no recuerdo haberme enfrentado con una mujer en más de 100 partidas de liga. Sólo recuerdo haber jugado contra niñas impúberes, en algunos casos con un gran talento, nunca con mujeres mayores de 20 años. En las listas oficiales del ELO FIDE de los jugadores españoles aparece una mujer por cada 200 hombres aproximadamente. ¿por qué? Dicen que lo encuentran aburrido o que no tiene sentido. Nada más lejos de la realidad. El ajedrez potencia cualidades importantes para la vida: te enseña a reflexionar, a no precipitarse, a ser paciente, te muestra que incurriendo en sacrificios se ganan muchas partidas. Te hace más perseverante, te da tesón, profundidad de análisis, capacidad de abstracción. Y además, es divertido.

Antes que una tarde en un centro comercial prefiero una buena partida de ajedrez en un tablero de madera con un café caliente al lado. Merece la pena incluso jugar contra el ordenador. Aunque preferiría hacerlo con una persona.

Kasparov vs Anand (Frankfurt,1999)

Oteando pantalones

Hoy me ha dado por ahí y me he metido en los centros comerciales de la HauptstraBe en busca de un pantalón de traje para bailar tango y de una camisa blanca (de mi esperanza...). Es la primera vez en siete meses que me meto en más de dos tiendas seguidas y me he quedado asombrado del espacio que dedican algunas cadenas de grandes almacenes de ropa a exponer su mercancía. Uno entra ahí y parece un templo del S.XXI dedicado a algún Dios: todo pulcro, con baldosas de mármol y dependientas que más bien parecen vestales romanas. Qué pena no recordar el nombre de los almacenes, porque no los hay en España. Metros y metros cuadrados repletos de ropa, ropa y más ropa, entre la que había polos de Lacoste de ¡casi 100 euros! –¿es posible?- que uno incluso no se atreve a tocar por si le muerde el cocodrilo.

Para no saturar al cliente tenían en las paredes pantallas planas con la imagen de un fuego de chimenea de txoko, así como sofás de cuero con la prensa local (supongo que para que los maridos inversores se sienten a echar un vistazo a la cotización de sus acciones o el valor de su participación en algún extraño fondo de inversión mientras sus mujeres otean el género –puede parecer machista, pero es raro verlo al revés-).

Los pantalones que vendían por allí rondaban los 80 euros. Un poco carillos, me decía para mis adentros. No obstante, luego llamé a mi madre para salir de dudas y para decirle, de paso, que me compre una entrada para el concierto de los Héroes del silencio (en Zaragoza) –Botiglioni, si lees esto, ya la estás comprando tú también. La de 58 euros, para estar en el borrokaleku -.

Volviendo a los pantalones: a pesar de que en los de 80 euros predominaba el poliéster, tenían un diseño mucho más bonito que los pantalones de lana (98%)-elastina(2%) de 59 euros del C&A, por no hablar de los de 22 euros de Poliéster (también del C&A). Mi madre me dijo –con razón- que no merece la pena gastarse 80 euros en unos pantalones, que hay pantalones de “cuarenta y tantos”, de mezcla lana-poliéster muy buenos y que se lavan muy bien, y que si me compro unos pantalones demasiado finos los voy a “descuajeringar” con la lavadora. No me extrañaría, porque ya he “descuajeringado” un jersey de lana que me compré de rebajas en Springfield y que salió de la lavadora como el jersey de papá pitufo. Se lo regalé al Nizar, que le viene bien.

Eso sí, en encontrar camisas no he tenido problema alguno: una de 30 euros que parece bastante robusta. La compraré blanca, que mi abuela siempre me ha dicho que a mí, que soy moreno, el blanco es el color que más me favorece.

 

El martes ni te cases ... II

Por fin encontramos el bar del siempre-tango. Tenía el suelo de madera y una barra en forma de “u” en la que un hombre bastante animado con un sombrero de paja vertía tequila –en realidad más fuera que dentro- sobre seis vasos de chupito que había puesto en fila. Como la música no me dejaba entender lo que el ebrio camarero me decía, me aparté para que la nativa que iba conmigo se enterara de dónde demonios se bailaba tango.

El señor del sombrero de paja nos indicó con el dedo un pasillo que había hacia el fondo del bar y que daba a un salón enorme todavía cerrado pero que se podía ver a través del cristal de la puerta, que estaba cerrada.

Ya había otra pareja esperando para bailar, y Bernadette se puso a hablar con ellos. Decían que habían estado ahí un par de veces pero que ya llevaban bailando tango unos añitos. Éramos los más novatos del salón, porque yo llevo dos meses escasos y ella ha aprendido lo poco que la enseñaron aquél fin de semana en el curso comprimido de seis horas y lo que haya podido aprender de mi, que como Uds. pueden imaginar, no es mucho.

Entramos al salón previo pago de 3 “oigos”, si mal no recuerdo. Era un salón enorme, mucho más grande que el de Conde-Tango –donde aprendemos y practicamos en Heidelberg- e incluso quizá algo más grande que el salón de Tribu-del-mar, también en Heidelberg y donde –dicho sea de paso- algún jueves de éstos, cuando haya mejorado mi técnica, espero poder bailar con Johanna.

El suelo estaba entarimado (¿quién lo desentarimará?) y encerado, para que las chicas puedan girar como peonzas al responder a los impulsos del hombre (qué guay, ¿no?). Las mayoría de las otras parejas bailaban como los cisnes, y aunque nosotros lo hiciéramos como dos patitos feos, nos salió mejor que el domingo en que bailamos seis horas. Practicamos todas las figuras que me sabía, salvo una que se me olvidó pero que el maestro malasio me recordó ayer.

Al salir, un hombre muy experimentado que supongo que, para su deleite, nos habría esta mirando, nos dijo “ nicht zweifeln ” –no dudéis- (supongo que quería decir que “no dudáramos en volver"), lo cual significa –y así me lo confirmó Bernadette- que lo habíamos hecho francamente mal.

 

En martes ni te cases ni te embarques

El martes a las siete de la tarde estaba yo en el café Rossi esperando a Bernadette, Isabelle y su tanzspartner para ir a bailar al salón de Karlsruher. Ahí no aparecía nadie. Cuando ya pensaba que me habían dejado más colgado que a Sadam apareció Bernadette en su Toyota. Me dijo que finalmente Isabelle y su amigo no vendrían porque tenían trabajo y -como dicen los alemanes- “no encontraron el tiempo”. Así que me monté en el coche y me llevó ... ¡a los aparcamientos!, porque necesitaba un café (ella).

Debe de tener algo más de treinta años (no le he preguntado la edad, como los caballeros), yo diría que unos 33, como Jesucristo cuando le crucificaron. Es rubia -aunque posiblemente algo teñida-, delgada, nerviosa, con mucha vitalidad y con unos ojos azules muy bonitos (esto último bien lo podría haber omitido, porque ya hasta se sobreentiende, va implícito en el concepto de “alemana”).

Pues bien, me invitó a tomar un café en el Rossi, un establecimiento muy elegante que hay enfrente de Adenauerplatz . Yo centré toda mi energía en agudizar el oído porque esta chica habla alemán atropelladamente, aunque con un acento gutural tan fuerte que me gusta porque casi suena a holandés. Y oír hablar a una holandesa es para mí el colmo de la seducción.

Una vez que nos hubimos tomado el café, montamos en el coche dirección a Karlsruher. Me preguntó si tenía hermanos/as y de qué edad. Yo –para practicar alemán y al mismo tiempo parecer simpático y mantenerla entretenida- le contaba cosas acerca de la familia, algo que, sorprendentemente, interesa a todas las mujeres, con independencia de la edad, nacionalidad, raza o religión. Le dije que tengo un hermano y una hermana, ambos más jóvenes, y que, por lo tanto, yo era el mayor, el primogénito –esta palabra la susurré para mí entre dientes, pues ella no la entendería-. El primogénito, o sea, el que hace el primo, porque uno experimenta todo el primero y va abriendo camino a los otros dos para que cuando éstos lleguen a la adolescencia se encuentren unos padres más indulgentes y trillados.

Bueno, pues en esto que llegamos a Karlsruher. Preguntamos –preguntó- en una gasolinera por la calle del local del tango y enseguida nos indicaron el camino. Tras las correspondientes dificultades para aparcar –tiene un coche bastante grande- empezamos a pasar números mientras andábamos por la acera cogidos del brazo -tal y como andan las amigas quinceañeras en la edad del pavo- porque hacía un frío que –como dice mi tío- “jodía el cutis”. Hasta se veía el vaho de las expiraciones.

Ya contaré en el siguiente blog cómo se nos dio la sesión en “siempre tango” ( www.siempre-tango.de )

 

¿Cómo te sientes? Hoy me siento Flex

Cada vez que tengo noticia de los líos que se montan en Euskadi a cuenta del nacionalismo me viene a la mente esa base social pseudo-vasca que tendría que abandonar el País Vasco en caso de que Batasuna ganara con mayoría absoluta las elecciones por no reunir ni el más mínimo requisito de euskaldun . Me refiero a todos aquellos que seguro hacen que Sabino Arana se revuelva en la tumba cada vez que dicen “sentirse vascos”. “euskal-du-n” significa, si atendemos a la etimología, el que tiene euskera o, dicho con algo más de propiedad, el que sabe euskera. Y yo conozco multitud de gente que se dice radicalmente vasca y que, no sólo no se sabe el izan –lo más básico que alguien se pueda imaginar (yo soy, tu eres, él es ...)- sino que ni tiene caserío, ni toca el txistu , ni es aizkolari , ni participa en las idi probak de Markina ... gente que ni siquiera ha nacido en el País Vasco. Gente para la que prima más el haber corrido delante de la Ertzaintza que cualquiera de los criterios que he mencionado. ¡Tengo yo más razones para sentirme alemán, y sin embargo me sigo sintiendo vasco (y español)!-

Hay alcaldes del PNV –por ejemplo, el de mi pueblo- que no saben Euskera y piden expresamente a andereinos (profesoras de Ikastolas ) que hablen en castellano ante su presencia, políticos nacionalistas o que se han vuelto nacionalistas por coyuntural conveniencia política que se sacan un papel para poder leer en euskera unas pocas palabras introductorias, hay funcionarias del Gobierno Vasco que portan orgullosas camisetas de Euskal presoak euskal Herrira pero que se quedan en blanco cuando se les formula una pregunta en euskera, hay carteles en los hospitales del servicio Vasco de Salud en las que uno puede encontrar la palabra enfermo ( gaixorik ) mal escrita ( gaizorik , que pega tanto a la vista como almoada sin “h”), tengo amigos bastante nacionalistas a los que “les da pereza” hablar en euskera –tanto no amarán a la patria-. Estoy seguro de que en los congresos internos del PNV no se habla en euskera, ¿cómo se iban a permitir poner en tal aprieto a sus afiliados pseudo-nacionalistas? Un partido nacionalista no se puede tomar tan en serio lo de la identidad vasca como para poner en peligro sus propios intereses políticos. Ni siquiera Batasuna da los mítines políticos íntegramente en euskera. ¿cómo iban a poner tan evidencia a su masa de monolingües castellanoparlantes?

Tranquilos, pseudo-nacionalistas, ni Batasuna alcanzará la mayoría en el parlamento Vasco ni os exigiría hablar euskera en caso de que la alcanzara. Hablad, pues, el español: vuestra lengua.

 

¡Qué movida!

Desde luego, no sé dónde me habría metido yo el día en que repartían los temas de tesis, tesinas, trabajos de fin de carrera y cosas semejantes. Bettina –la intérprete que quiere vivir en Madrid- escribe su tesina sobre “la movida madrileña”. ¡Qué pasada! Y yo no puedo hacer la tesis de eso o de algo parecido? Me cambio de tema, de director, de universidad y hasta casi de orientación sexual si me dan un tema así. Yo conocí a un tío que la hacía de la guerra civil española a través de las canciones o algo así. Y he llegado a conocer a un filósofo del derecho que le dedicó la suya “al buen salvaje”

Pero volviendo a la tesina de Bettina: me parece que todo surgió a raíz de que le cité a los Héroes del Silencio como uno de los grupos que me gustaban –fue un grupo muy famoso en Alemania, pero no pensaba que ella los conociera, porque es demasiado joven-. Resulta que la tía los conoce también por el tema de su tesina. Yo no sabía que los héroes del silencio se enmarcaran en ese movimiento. La verdad es que soy un poco despistado y tampoco sabría decir muchos grupos de la movida (tengo los que mi tío me ha volcado de su disco de 40 gigas –Alaska con Dinarama y los Pegamoides, Duncan Dhu, La Mode, La Unión, Loquillo, Los Nikis, Los Secretos, Nacha Pop, el último de la fila...) pero los que ella me citó debían de ser fijo.

Le dije que me cantara alguna canción, pero me dijo lo típico –aquí da igual que sea alemana, española, noruega o de las islas Molucas-: “ji ji jij jij. Es que no sé cantar”. Vaya! Seguro que en la ducha o cuando está sola en casa sí que canta. A mí me dicen que cante y canto, y tampoco sé cantar. A ver si os animáis un poco, no? ¡Que no siempre van a ser los tíos los que llevemos la voz cantante!

Bueno, pues eeee e e e e e e, e e e e e es eso es todo amigos !!!

Me voy a la piltra.

 

Leoni, Bernadette y el salón de Tango de Karlsruhe

Hay veces en las que uno incluso tiene la tentación de creer en el destino, porque de repente se dan demasiadas casualidades a la vez. ¿No os ha pasado? Hoy, por ejemplo, estaba yo en el Instituto de Derecho comparado haciendo limpieza de conceptos jurídicos anacrónicos cuando, de repente, el Chivo –así llamo yo a mi teléfono alemán, porque la compañía es Tschibo - ha sonado. Era un mensaje de Leoni, una chica virtual con la que estuve durante más de un año mandándome una media de cuatro emails semanales en alemán y corrigiendo los suyos, que ella, evidentemente, me escribía en español.

Pensé que sería la primera persona que conocería al llegar a Alemania, porque ella vive en Worms, un pueblecito que estará a una hora en tranvía más o menos –donde Carlos V enjuició a Lutero, precisamente-. Pues bien, voy a cumplir ya mi séptimo mes en Alemania y todavía no la he visto en persona. Nos habríamos conocido el sábado pasado, pero me puse enfermo. Hoy me ha dejado un mensaje diciéndome que mañana tiene fiesta y podríamos encontrarnos en Karlsruhe. Yo le he dicho que sí, que nos encontraríamos mañana, porque ya va siendo hora.

Pues bien, al rato –y aquí viene la casualidad- me llama por el chivo una de mis parejas de tango –Bernadette, con la que estuve bailando ayer un total de 6 horas- para decirme que no puede bailar entre semana y que tampoco puede esperarse hasta el domingo, que había estado buscando en internet un local en el que se pudiera bailar tango el martes y que encontró uno precisamente.... ¡en Karlsruhe!. Así que en cinco minutos se me ha planteado un día alternativo de lujo: conocer a Leoni alrededor de las tres de la tarde y encontrarme cinco horas después con Bernadette, Isabel y su respectivo compañero de tango para bailar en el salón de Karlsruhe. Así no tendría que conocer a Leoni el fin de semana y tendría el sábado libre para estudiar.

No obstante, mientras estaba yo regocijándome en la parada del tranvía, me ha mandado Leoni un mensaje para cancelar la cita. Dice que le ha llamado el arrendador para decirle que mañana se pasará al mediodía el técnico para arreglarle la calefacción. Yo he insistido de todas formas en encontrarme con ella, si el técnico acaba pronto.

A ver si sale.

Bettina

El ordenador del seminario de la universidad me mandó un nuevo mensaje para decirme que una tal Bettina estaba interesada en conocerme. En cuanto ví el nombre, me vinieron a la mente tres cosas: La primera, un ciclista que siempre me tocaba en las porras que hacíamos en el instituto: un tal Paolo Bettini. Nunca ganaba nada, salvo un año en que no me toco, que se escapó en una etapa de montaña y ganó. Desde entonces no se me olvida su nombe. La segunda imagen que me vino fue la de “Beti la fea”. La tercera fue la mujer de Pablo, el amigo de Pedro Picapedra, que se llamaba Betti.

Con estos tres elementos de juicio –mejor dicho, de prejuicio- ya estaba casi convencido de que me encontraría a una chica fea, porque estaréis conmigo en que Bettina suena a nombre de chica fea, ¿no?. Pensaréis que soy superficial, pero es que el hombre se monta sus propios prejuicios incluso a partir de un mero nombre. Va uno todo el camino diciendo: Ummmm, Bettina. ¿Cómo será? Überraschung!

Pues bien, en contra de lo pronosticado, Bettina no es fea, sino guapa y –mucho más importante todavía- muy simpática. Está estudiando para ser intérprete. Habla perfectamente el español –con un acento catalán que no sé de dónde le saldrá, porque ella sólo ha estado en Madrid- y el inglés. Estos son los dos idiomas de los que puede hacer interpretaciones en los dos sentidos. Además, también habla algo de francés, y aprende el chino –esto último entre el hobby y el reto personal-. Tiene novio en Madrid –¡katxis!-, de ahí que piense irse a España a vivir en breve. Dice que le alegrará el hecho de tener hijos en un futuro y que éstos tengan dos lenguas maternas. Además, les mandará al instituto inglés para que aprendan bien una tercera. ¡Típico! Todas las traductoras o intérpretes me dicen lo mismo: que quieren casarse con un extranjero para que los hijos sepan más de una lengua. ¡Qué va a querer una madre sino lo mejor para sus hijos!. Yo, que he metido más horas que un sereno en aprender idiomas porque en mi casa sólo se habla latino paladino, lo entiendo perfectamente. También a mí me gustaría casarme –mejor juntarme- con una extranjera para tener hijos políglotas. Sin embargo, la cosa está, de momento, dificililla.

 

¡Otro San Valentín sin amor!

Aunque la verdad es que no me puedo quejar, porque los dos anteriores San Valentines si que los pasé en una relación satisfactoria. Aunque a mi ex (llamémosla Nora, porque esto de “ex” me suena muy frío) le enervara que no tuviera ni el más mínimo detalle con ella. Yo le decía –y era verdad- que el amor estaba ahí a pesar de que no se exteriorizara en forma de rosa, de medallita, o de cena romántica. Y que el fondo importa más que las formas (yo soy de esos tíos un poco fríos y críticos por naturaleza a los que todas estas pantomimas le resbalan, pero ella no, claro). Ahora me arrepiento. Quizá su felicidad hubiera compensado con creces el fastidio que me hubiera supuesto a mi pasar por el aro e ir en contra de mis propios principios. De hecho, contradigo mis principios con bastante frecuencia. No habría estado mal contradecirlos una vez más por ella.

Bueno, pues esta vez no se me ha planteado conflicto alguno. No habiendo relación de amor tampoco hay razón para regalar rosa. Muerto el perro se acabó la rabia. Digo que no hay relación de amor porque no hay relación, no porque no haya amor –al menos platónico-. Al igual que los virus del resfriado, Love is in the air , y yo, que, a diferencia de mi abuelo, no me tapo la boca con la bufanda, lo pillo todo, así que, al igual que los catarros, también he pillado en Heidelberg el virus del amor (porque en Heidelberg hace mucho frío, ¿saben?)

Yo siempre he definido el amor –desde una perspectiva biológica, que creo yo que es el punto de vista que hay que adoptar cuando definimos procesos que afectan a los seres vivos- como un espejismo inducido por la madre naturaleza para garantizar la procreación. Cuando uno se enamora de una persona atribuye a ese ser cualidades que en realidad no le corresponden del todo . La magnifica, la idealiza, la idolatra. No se tiene ojos para otra y siente como si necesitara a esa persona para dar sentido a su existencia, como si ella tuviera el electrón que completaría nuestra capa de valencia. La definición de “amor” de la Real Academia de la Lengua es muy acertada:

amor.

(Del lat. amor, -oris ).

1. m. Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser.

2. m. Sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear.

Como insinuaba, Ich habe mein Herz in Heidelberg verloren –he perdido mi corazón en Heidelberg-. Allá por diciembre del año pasado, por una chica rubia, con ojos azules y noble. Hay muchas chicas con ojos azules en Heidelberg, pero ya no hay tantas chicas rubias y con ojos azules que a la vez sean nobles –yo tengo la inclinación a pensar que la belleza está reñida con la nobleza-, y la nobleza de Johanna –que así se llama- fue el factor decisivo para que en mi interior se encendiera la llama del amor cual velita de catedral cuando uno echa unos céntimos. Sí, me gustan las personas nobles porque yo también soy noble –no como el Konde Lekio- y creo que las personas que comparten los mismos valores se atraen. De hecho, Nora también era –es y será- noble, demasiado noble, quizá, para vivir en esta sociedad de alimañas en la que vivimos (ver el artículo Mileuristas en la sección “Grandes Tratados”).

Supe que Johanna es noble por su mirada: una mirada directa, sostenida y penetrante, pero sin rasgo de malicia, altivez o desonfianza. Una mirada transparente. Transparente como el cielo en un tórrido día de verano. Azul como el cielo en un tórrido día de verano. Ahí caí.

Fran

 

El día después

Bueno, pues aquél día, excepcionalmente, me desperté a las siete de la mañana, pero no porque de repente Dios me hubiera dado fuerzas extraordinarias (como a Sansón), sino porque el cuerpo me avisaba en forma de mareos y calentón (calentón febril, no del otro) de que algo no iba del todo bien en el organismo (Houston, tenemos un problema!)

¿Saben ustedes? Cuando uno se pone malo mientras duerme, los sueños cambian y se vuelven pesados, no sé, como empalagosos. Lo digo porque estaba yo soñando con alguna historia agradable, de estas entretenidas –no me acuerdo exactamente de qué- y de repente me puse a soñar (ya en el limbo, medio despierto/medio dormido) con las diferencias entre la reserva de dominio en España y en Alemania. ¡Vamos!, que cuando uno se despierta del todo le atribuye el mareo al Derecho en vez de al pollo.

Pues bien, antes de levantarme de la cama ya sabía que me marearía y tendría que volver, pero aun así lo intenté. Y así fue: Me levanté, entré a la cocina y, mientras llenaba un vaso de agua, la vista se iba nublando progresivamente, a medida que las nauseas y ganas de vomitar se hacían más explícitas. Tiré el agua del vaso y me lancé a la cama en plancha. Caí como un ladrillo en un colchón.

Cada vez tenía más ganas de vomitar, y uno sabe que es inevitable e incluso recomendable. Es una maravilla cómo se queda uno después. Desaparece el mareo automáticamente. Es como si uno se quitara un sargento que le aprisiona la cabeza. Por eso no merece la pena retrasarlo, es como postergar el inevitable desenlace. En esos momentos siempre me acuerdo de botiglioni, que está más acostumbrado a echar la raba que una bulímica. ¿Recuerdan cuando conté que botiglioni no se arrepentía de beber mientras potaba al volver de Elantxobe? Pues todavía más fuerte me parece que alguien beba después de potar o incluso que produzca el vómito para seguir bebiendo. Botiglioni es de éstos. Tengo congelada en el cerebro una imagen de Botiglioni en la que declaraba todo ufano después de haber potado: “¡Qué bien!, me siento mejor, ya puedo seguir bebiendo”. Lo que yo diría en esas circunstancias sería lo que hemos dicho todos en multitud de ocasiones: “Joder! No vuelvo a beber en la vida!.

Pero sigamos con la historia: ese día era viernes, el día en que tenía que ir a recoger el certificado del DSH. Incluso pensé por un momento en ir, porque después de vomitar uno se encuentra genial. Sin embargo, fui cauto y me metí a la cama de nuevo. A posteriori supe que hice bien, porque ahí no acabó la historia. Mi estómago devolvía todo lo que le metía, como la pared de un frontón. Y eso que sólo tomaba sorbitos de agua azucarada. Vomité en total unas cinco veces hasta que me recuperé.

 

El pollo

Hola, mis ávidos lectores/as

Este fin de semana no he podido escribir porque me he puesto enfermo. Si pasamos por alto la “indigestión” que me produjeron las cervezas que me tomé en la fiesta de despedida de Nacho, esta es la primera vez que me pongo malito en Heidelberg. Asi que, si la estadística funciona, no creo que vuelva a enfermar hasta después de volver a España.

Como en la ocasión de la cerveza, la culpa volvió a ser ¿del chachachá?. No, mía: la noche del jueves llegué a casa con un hambre de lobos y me dije: “Venga! por qué no te pones a freír unas patatas y unos muslos de pollo y cenas a la española aunque sólo sea por una vez?”. Cuando lo pensé debían de ser alrededor de las 23.00 h –ese día había salido del instituto cerca de las diez-. Me puse a pelar las patatas, redondas, tal y como las freía mi abuela. Unas más finas y otras más gordas, irregulares, bah!! “Date vida, Fran, que si no no te metes a la cama en la vida” –me decía-. Un buen chorretón de aceite de oliva y listo. Las patatas ya estaban friéndose. ¡Pero mira que tardaron, eh?!! Se nota que éstas no son como las de Mc. Cain o como las de bolsa de Maastricht, que se freían en un Santiamén (Patxi y yo decíamos que tenían petróleo). Éstas estuvieron una media hora para freirse. Y yo de mientras dando paseillos por mi diminuta cocina, en círculos, como los que se da un perro antes de acostarse.

Cuando saqué las patatas de la sartén eché el pollo. Y ahí mi craso error: el de freír a palo seco dos muslos de pollo cerca de las doce de la noche sin refritos ni rehogaos ni leches, sino directamente en la sartén sobre el aceite de las patatas. Obviamente, le tuve que poner la tapadera, porque aquello sí que parecía un arma de destrucción masiva. Mientras rechisporreteaba (no existe, pero es un recurso estilístico que el autor se permite, vale? J ) el pollo dentro de la sartén, yo me iba comiendo las patatas para que no se me quedaran frías, pero con cuidado de dejar algunas para acompañar al pollo.

Destapé la sartén como el apicultor destapa la colmena para dar media vuelta al pollo y lo volví a dejar para que se friera por la otra parte (hasta parecía que el pollo bailaba y todo). Tuve que cerrar la puerta que da al cuarto para que no pasara la humareda que monté.¡Qué cisco!

Bueno, llegó la hora de sacar al pollo y yo tenía un hambre que no veía. Estaba doradito-doradito, que diría Arguiñano, pero un poco ahumado. Eché los muslos junto a las patatas que quedaban en los platos y me dispuse a darle entrada. Serían las 00.45 de la mañana. En fin, una cena totalmente insana a una hora insana. No es que el pollo estuviera crudo por dentro; digamos más bien –eufemísticamente- que no estaba uniformemente cocinado. Un poco crudillo por dentro y quemadillo por fuera. Y me lo tragué todo como una fiera de un safari.

Un paseo de un par de horas hasta la estación central quizá me hubiera salvado del fatal desenlace que me esperaba, pero como estaba hecho polvo, me puse un poco al ordenador y me fui a la cama a las dos y pico. Mientras yo dormía plácidmente, ajeno a todo peligro, el cerebro debió dar la orden de paralizar la obra y devolver el pedido.

Ya os contaré cómo sobreviví en las siguientes entregas de las aventuras de Fran.

Fran

El museo de la historia de Alemania II

Dije que hoy hablaría de la planta baja del Museo de la historia de Berlín, dedicada en su integridad a la Segunda Guerra Mundial, en la que los nazis protagonizaron las fechorías por todos conocidas.

Bien, pues bajé las escaleras y una vez en la planta baja pasé a una primera sala en la que se exponía toda la propaganda política relativa a las elecciones de 1933. Se podían ver carteles de los nazis, los comunistas, el partido del centro, el partido demócrata, etc... Hasta un total de unos 15 partidos. Incluso podía verse una de las papeletas originales en la que los llamados a las urnas decidían su futuro (y el de todo el mundo) ese día. El partido nacionalsocialista encabezaba la lista. Uno se puede quedar durante minutos ahí pasmado, viendo el partido de Hitler encabezando una lista electoral y postulándose democráticamente para detentar el poder.

En una vitrina que estaba más al fondo se exponían los uniformes de gala de los dirigentes nazis, tanto los de mayor rango como los de los cabos rasos, supongo. Daba no sé qué ver en vivo y en directo esos brazaletes rojos con la esvástica, algo que todo hijo de vecino ha visto ya en diversas películas y documentales (por cierto, hace poco han sacado una película-parodia del “gran dictador” titulada “ Mein Führer ”).

En las paredes de la habitación se exponían vídeos con mítines del entonces candidato a Canciller Hitler. Esta expuesto todo -al igual que en la planta de arriba- en orden cronológico, así que lo que empezaron siendo mítines políticos acabaron siendo los enfáticos discursos incendiarios que todos hemos visto en alguna película o documental. Sólo se veía la imagen. El que quisiera oír al “orador” se podía poner justo debajo de un artefacto con forma de ducha donde se oía claramente lo que decía –aunque yo sólo entendía palabras sueltas: “ meine deutsche Seele ...”

A medida que uno avanzaba por la sala se iba introduciendo en la guerra: propaganda anticipando eventuales ataques comunistas, excusas para rearmarse, crónicas de periódicos extranjeros... Había un ejemplar del Herald Tribune –creo recordar- que narraba el primer día de batalla entre rusos y alemanes. Uno contrastaba las fuentes rusas y alemanas y daba risa. Me parece que los alemanes decían haber derribado 1200 aviones rusos y éstos decían que 69 o así.

Entre otras cosas, también había un video interactivo que reconstruía la pesadilla de una familia judía, una reconstrucción a escala de un campo de exterminio –aunque poco detallado-, una batería antiaérea (que impresionaba), uno de los obuses con los que ensayaron en Gernika, el motor de un avión del ejército británico, una bomba de media tonelada.... Y, hacia el final, la página de un periódico estadounidense que informaba de la muerte de Hitler.

Mereció la pena verlo. Cuando salí me fui a comer unas hamburguesas al Mc. Donald´s, que eran las cinco de la tarde.

 

El museo de la historia de Alemania

Iba caminando yo por la avenida “Bajo los tilos” cuando en verdad lo hacía bajo una virulenta tormenta de nieve. Me acordé en esos momentos de mi abuelo que, en cuanto refresca, lo primero que hace es taparse la boca con una bufanda o un pañuelo, porque dice que por ahí es por donde entran los constipados, catarros, bronquitis y demás enfermedades. Hice, por lo tanto, como haría mi abuelo, y me tapé la cara, casi completamente, con una bufanda de lana que me compré en Budapest. Sólo se me veían los ojos. Llevaba las gafas puestas, no para ver mejor -que también veía mejor-, sino para evitar que los trocitos de hielo que caían del cielo me entraran en los ojos y me molestaran. Iba mirando hacia los lados por si veía algún edificio en el que resguardarme y curiosear al mismo tiempo. A la derecha estaba el edificio de la ópera y a la izquierda la universidad de Humboldt. Me metí en esta última, en el hall, y cogí unos cuantos panfletos con la oferta académica, para luego hojearla en casa (la verdad es que soy muy dado a coger papeles de todos los sitios, sean éstos de lo que sean). Cuando salí de la universidad seguí caminando hasta un edificio que se parecía a un templo griego. En su interior había una escultura de una mujer que miraba hacia el cielo como clamando a la providencia mientras abrazaba a su hijo muerto. Creo recordar que era una escultura dedicada con carácter general a las víctimas de las guerras.

El siguiente edificio, imponente, por cierto, era el museo de la Historia de Alemania. Como eran las cinco de la tarde y cerraban a las seis no me mereció la pena entrar. “Volveré mañana”, -pensé-.

Al día siguiente, sábado, la entrada al museo era gratuita. El viernes, sin embargo, costaba cuatro euros. Me metí y pedí una guía, de éstas que te comentan las obras que se exponen. Lo confieso: la mayor atracción que ese museo encerraba para mí era el periodo de la segunda guerra mundial. Habría entrado de cualquier forma, pero la principal razón que me llevó allí era, lógicamente, la de ver a los nazis.

Empecé, como es lógico, por el principio. La visita al museo estaba ordenada por orden cronológico, así que empecé, cómo no, con las historias de los enfrentamientos entre el imperio romano y los pueblos bárbaros. A continuación había una sección especialmente dedicada a la figura de Lutero, que también me gustó bastante. Ahí estaban una por una sus 95 tesis en contra de la hipocresía, las indulgencias y demás impuestos revolucionarios; el edicto de Worms, que censura sus escritos y lo declara “persona sin honor”, lo cual significaba, entre otras cosas, que le podían matar sin afrontar por ello consecuencia jurídica alguna. Vamos, algo parecido a la declaración de infamia en el Derecho romano. También había bulas papales y diferentes escritos que lo conminaban a retractarse. Uno de estos escritos estaba ilustrado con la hidra, monstruo de siete cabezas que representaba a Lutero y sus no sé qué siete pecados.

Habían transcurrido casi dos horas hasta llegar allí y todavía no había visto ni un 20% del museo. Como ya empezaba a tener hambre y no había visto a los nazis, pillé un atajo hasta la planta baja. Sólo me detuve a ver el Código Civil de Napoleón y la propaganda para el reclutamiento de americanos con ocasión de la entrada en la primera guerra mundial. De la sección dedicada a la segunda guerra mundial hablaré en la próxima entrega. De las esculturas religiosas características del periodo de la Edad media, obviamente, paso. Me empalagan.

Por cierto, he aprobado el DSH con un 2, siendo el 0 la peor nota y el 3 la mejor. Estoy que no quepo en mí de gozo. Encontrarme esta mañana en la lista de aprobados ha sido como si hubiera llegado a casa y me hubiese encontrado a dos lesbianas, una rubia y otra morena, de curvas perfectas y pechos turgentes, encadenadas a mi cama y dándose un besito.

 

      

Fran

La fiesta del Oberstuffe

Ya dijimos que celebraríamos una fiesta en mi casa en caso de que aprobáramos el examen de alemán, y así fue. Invité a mucha gente, pero debido a que por estas fechas los alemanes están de examenes, finalmente sólo estuvimos 7 –que no son pocos-. La que primero llegó, haciendo honor a la puntualidad alemana, fue Steffanie, que sacrificó horas de estudio para su Klausur por participar en nuestra fiesta. Desde aquí se lo agradecemos –Steffie, si me estás leyendo, que sepas que te dejaste el paraguas en la ducha-. Después llegó Nizar, mi amigo palestino, que tomó posesión de su escaño nada más entrar y no se movió de ahí en toda la noche. Mientras yo ultimaba los preparativos en la cocina, el palestino y la alemana –a cual de los dos más tímido- evitaban mirarse a los ojos –parecía que lo hacías adrede-. No obstante, acabaron cruzándose algunas palabras. La tercera en llegar fue Elisa, que traía una tortilla de patata que se había tomado la molestia de hacer.

La mesa ya estaba casi preparada. Habia puesto unos bocadillos de jamón serrano (español), jamón ahumado de la selva negra, y queso; una docena de mitades de huevos cocidos con una rodaja de jamón york cada uno y coronados por una aceituna rellena (siempre hago lo mismo); patatas, ala-deltas de esas que se untan en un pringue y... la guinda del pastel: un plato de litzis pelados. Son unos frutos algo más grandes que las uvas revestidos por una fina cáscara erizada como la de las castañas pilongas, de una pulpa blanca extremadamente dulce y con un hueso gigante en su interior. No tienen mucha carne, pero la que tiene está de miedo. Pues bien, puse un plato de Litzis pelados en el centro de la mesa (yo los llamo “alpachuetas”) y unos espárragos, que se me olvidaban.

El mexicano llegó con unos 45 minutos de retraso, lo cual debe de ser algo normal en él. Una vez llegó a clase de alemán con 45 minutos de retraso también, y entró con toda la pachorra. Está bien. El stress es malo.

Bueno, pues con el vino que trajeron los invitados, la fiesta fue degenerando poco a poco. Nos lo pasamos bien. Hablamos en alemán y español acerca del comportamiento de hombre y mujeres mientras escuchábamos música de todo tipo. Nos echamos unas risas.

A eso de la una de la mañana recibí una llamada de un desconocido al móvil. Era Carlus, el chico que quería quedar conmigo para practicar español, Preguntaba si todavía continuaba la fiesta y si podría venir con su novia. Yo le dije que por supuesto –no le había visto en mi vida-. Se presentó al cabo de un cuarto de hora: un tipo simpático que había pasado el Erasmus en Santiago de Compostela. A las tres de la mañana cada mochuelo se fue a su nido.

De derecha a izquierda: Nizar, quien, fiel a las prescripciones de la Sharía, se abstuvo del alcohol y del sexo, Fran, Steffanie, Eloy y Elisa.

Fran cantando "losing my religion"; vamos, en su línea. / Fran comiéndose con Elisa a medias un yogur de Granada (de kilo).

        Fran satisfecho, tumbado en su catre.                         Eloy, el mexicano, con Elisa, valenciana.

 

El DSH

Hasta la última célula de mi cuerpo se lamentaba amargamente cuando ayer, día 2 de Febrero, sonó el despertador a las 6.15 de la mañana para ir a hacer el examen de habilitación. El examen de habilitación (comúnmente conocido como DSH) te permite acceder a la Universidad y estudiar una carrera en alemán. Ni que decir tiene que hay potenciales estudiantes que se juegan mucho en ese examen. Imagínense que alguien viene con la intención de estudiar una carrera y no logra aprobarlo. Se le pasaría el plazo y tenga que esperar al próximo semestre para reintentarlo. Y mientras tanto tendría que costearse la estancia en Alemania. Si su manutención depende, además, de lo que le manden los padres, la situación sería, al menos para mí, un poco estresante. ¿En qué jaleos te has metido, hijo?

Pues ahí estaba yo, con un pie fuera de la cama, apoyado en el suelo, preparándome psicológicamente para izar el cuerpo “a la de tres”. En esos momentos uno se pregunta a sí mismo: ¿pero quien te mandaría apuntarte en la lista de los que hacen el DSH, si ni siquiera lo necesitas? Tendría que haber hecho como el compañero mexicano, que se apuntó en la lista pero al final se arrepintió y no pagó -el examen vale 50 euros-, por lo que no fue. Es que ... ¿sabéis? Yo a veces actúo por impulsos, como las medusas, y cuando pasaron la lista del DSH y ví a algunos osados que se apuntaban (uno de Alaska, una polaca, un finlandés...), dije yo para mis adentros ( neure buruari ): “Y tú, que eres de Bilbao, tú, que has nacido en Bilbao –no en Barakaldo (que es donde nacen todos los que lo hacen por allí), sino en BILBAO-, ¿no te vas a apuntar?. ¡Qué vergüenza para los de tu estirpe, los de los glóbulos rojos sin RH!”. En ese momento reaccioné –como Popeye con las espinacas- y dije lo que siempre digo cuando tomo una decisión más impulsiva que racional: “¡Qué coño!” “¡venga, que me apunto, la ostia, que soy de Bilbao!” Y me apunté.

Pues ayer tempranito sentí las consecuencias de esa decisión irracional. No obstante, el arrepentimiento me duró poco. En cuanto uno desafía la ley de la gravedad y se levanta de la cama (como dice el Txus, la ley de la gravedad en esas condiciones de tiempo y temperatura se multiplica por 10) la modorra empieza a disiparse como la niebla matutina y uno se va sintiendo incluso orgulloso de la hazaña. Y desde luego, meterse en la ducha y que te caiga el agua calentita es un verdadero bálsamo. Incluso canté, creo recordar.

Cuando salí a la calle todavía era de noche, aunque ya habían puesto los raíles del tranvía. Hacía un frío que hasta se te congelaban las ideas. En el andén de la estación ya había incluso niñas que no habría de tener muchos más de 10 años. ¡Ya levantadas!. Llegué a Neuenheimer Feld con tiempo de sobra. Nunca había estado allí. Es donde los estudiantes tienen las residencias.

El examen duró cuatro horas y media y constaba de comprensión escrita, auditiva y redacción. No nos hacen examen oral porque veníamos a través de las Escuelas de Idiomas. En la convocatoria por libre sí te hacen oral. Después del examen me fui a nadar. Luego compré cosas para la fiesta y limpié la casa para que las chicas piensen que soy un chico pulcro y ordenado.

El martes salen las notas del examen. Si he aprobado –lo cual creo probable, porque me salió bien, aunque nunca se sabe- montaré una segunda fiesta. Esta vez con más gente.

Hablaré de la fiesta de ayer cuando Elisa me pase las fotos. Ya sabéis que jodí mi máquina en Berlín.

Fran

 

Die Party für die von uns und dank unserer Willenskraft, Entschlossenheit und sowohl Hilfe als auch fast unendlichen Geduld unserer jeweiligen tandempartern/innen bestandenen Prüfungen.

Evidentemente, ningún alemán formularía una frase así en su vida (que, además, fijo que tiene algún fallo gramatical), a menos que, como yo, simplemente quiera cachondearse de lo enrevesado y a veces artificial de las transformaciones que nos cayeron en el examen del Oberstuffe. Felizmente, fui capaz de transformar una subordinada de relativo en un participio atributivo como Jesús transformó el agua en vino. También tuve éxito en sustantivar oraciones subordinadas introducidas por conjunciones de toda clase. Y no sólo yo, sino también los otros dos representantes de lengua castellana (los hijos de Don quijote, tal y como llaman en Francia a los sin techo) alcanzaron el éxito en esta ardua tarea: Eloy y Elisabeth, a quien agradezco, por cierto, que me haya pasado amablemente las correcciones de una prueba que penqué por no haber estado el día en que se explicó la materia (estaba en Budapest). Había un cuarto hijo de Don Quijote: el maeeeeestro. Sí, el chico chileno que nos emborrachó a mí y a mi amigo Nacho en el Hard-Rock de Heidelberg. Desde que volvimos de vacaciones de Navidad nadie ha vuelto a saber nada de él. ¿Qué le habrá pasado? ¿Dónde se habrá metido? A lo mejor ha conocido a una alemana que le ha enseñado todas estas y más cosas y desde entonces le parecieron superfluas las clases de alemán. A lo mejor se ha pasado al francés. O al griego. Puta, la güeeeeea!!!

Tengo, por lo tanto, razones para estar contento. Tener un papelito –cutre, por cierto- que acredita que uno “chana” alemán es algo importante en la carrera – rectius, maratón- hacia profesor universitario. También me puede servir para pescar alguna beca del DAAD –o quizá del ministerio de educación o de asuntos exteriores español- y volver aquí en el futuro.

Y para celebrarlo, la correspondiente fiesta: la fiesta de los exámenes aprobados gracias a nuestra fuerza de voluntad, resolución y a tanto la ayuda como la casi infinita paciencia de nuestros respectivos tandemparters. La gracia del título en alemán es que lo de los exámenes va al final y todo lo demás antes, de tal manera que cuando uno llega a lo que de verdad da sentido a la oración -el elemento que más carga semántica tiene- ya se ha olvidado de lo que iba la frase.

A la fiesta vendrán, como es natural, Elisabeth y Eloy. La primera con una tortilla de patata y el segundo con una botella de Tequila, nooooo máaaaas!! (es mexicano). También están invitadas Steffanie, una de mis tandempartnerins, que espero que venga; Isabel, que no sé si vendrá –si no viene “comemos sin Isabel” y ya está-; Tanja, que anda estudiando para la Klausur y no puede salir de casa en dos semanas, pero dado que vive aquí al lado es posible que se anime, y Jenny, que no creo que venga, porque es una chica responsable en exámenes y Dios no la dejará “caer en la tentación”. Incluso, en mi inconsciente alborozo, he invitado también a Carlus, y eso que no le he visto en mi vida –no creo que venga-. Johanna me ha confirmado que no vendrá, por razones difíciles de entender (a veces el corazón tiene razones que la razón no entiende) y de las que ahora mismo, como diría Cervantes, “no quiero acordarme”.

Pd: Por cierto, dice Johanna que el maestro de tango es de Malasia.

 

De vuelta de Berlín

Hola, amigos, ya estoy aquí de nuevo, después de mi periplo por tierras berlinesas. Perdonad que os haya puesto una foto de google images en vez de una sacada por mi, pero es que a mi cámara de 50 euros se le “congeló la imagen” –nunca mejor dicho- cuando intentaba sacar una foto a la puerta de Brandemburgo y desde entonces no ha vuelto a funcionar. Ya sabéis: lo barato acaba siendo caro.

Nada más llegar a una de las avenidas principales (Bajo los tilos) me tuve que comprar unos guantes y un gorro en una tienda para turistas desprevenidos como yo, porque hacía un frío que se te congelaban las manos literalmente. Incluso una vez con los guantes puestos las seguía teniendo frías. Al lado de la puerta de Brandemburgo había, de hecho, un tío con una especie de cuádriga tirada por Alaska malamutes o como se llamen los perros éstos que tiran de trineos.

Después de tomarme un café con leche y un donut en un Starbucks (4.50 euros) desde el que se veía la famosa puerta –y también a unos mimos que daban vida a un muñeco articulado que saludaba a los turistas desde la otra parte del cristal- me fui a ver el parlamento alemán. A la puerta del Bundestag había un tío delante de un carrito de esos que llevan los que venden hot dogs , pero que en realidad daba panfletos para los que visitaran el parlamento. Se le habían acabado los que estaban en español y pedí uno en inglés. Después de esperar veinte interminables minutos en las escaleras que dan acceso al imponente edificio entré al hall del parlamento con la premura de quien sale de un frigorífico. Dejé todas mis cosas encima de la bandeja de los rayos X y pasé el control.

No pude sentarme en los escaños (en realidad son butacas azules como las de un cine), pero sí pude ver el recinto donde discuten los parlamentarios a través de una cúpula de cristal enorme que se alza unos 200 metros por encima del pleno del parlamento. También se ve al águila, que pesa más de 100 toneladas –y yo que creía que era un grabado en el cristal...-.

Ese día me comí un filete de cerdo mal albardado con dos trozos de queso por encima que se derretían y dos rodajas de limón.¡¡Imagináos que plan!!. Menos mal que, al menos, me pude poner cerca de la calefacción para entrar en calor. Desde dentro de veía la avenida “ Unter den Liden ” totalmente nevada y a la gente abriéndose paso entre las ráfagas de viento, que traían trozos de hielo que parecían cristalitos pulverizados que irritaban la cara que no veas. Como si a Dios se le hubiera roto la vajilla ese día.

A la tarde me volví a casa pronto. Sólo ví por fuera el edificio de la ópera, el museo de la historia de Alemania, y la Universidad de Willhem von Humboldt, a la que también entré. Al museo de la historia, no obstante, volví el día siguiente.

 

El maestro de Tango

Quedé en hablar de nuestro peculiar profesor de tango: se trata de un hombre o chino o japonés (no sé distinguirlos por sus rasgos). Apostaría que es japonés. La verdad es que me resultó extraño encontrarme a un japonés enseñando a bailar tango en Heidelberg, aunque he de decir que el hombre baila perfectamente, tal y como pudimos apreciar en una demostración que nos hizo con la que creo que es su mujer –que asiste a su marido en la enseñanza-. Además, tampoco hace falta saber bailar muy bien para dar clases a un grupo de aprendices como nosotros, pero ya digo que este hombre “domina la materia” (al menos eso parece, visto desde la perspectiva de un lego como yo).

Bueno, pues ahí estábamos todos dando vueltas en círculo en sentido contrario a las agujas del reloj con el japonés en el centro observándonos como el maestro de Kung-fu a Daniel Sanz. De hecho, hasta que no nos emparejamos, aquello parecía más un calentamiento de las clases de Taekwondo a las que yo asistía de pequeño que una clase de tango, máxime si uno reparaba en que la camisa gris que llevaba el monitor llevaba grabado en color gris más pálido nada más y nada menos que ... ¡un dragón!

Sólo le falta al profesor la perilla de chivo y a nosotros ponernos a dar cera y pulir cera en el parqué para que aquello parezca una clase de algún arte marcial oriental de estos raros. De hecho, cuando el profe observa algún fallo en la forma de agarrar a la pareja de la mano y te la coge para enseñarte cómo “tomarla”, da la sensación de que te va a enseñar una técnica para parar algún golpe. Me recuerda a cuando mi maestro de Taekwondo, Antonio, me decía que para dar puñetazos hay que tener el dedo gordo por fuera de la mano, porque si no te lo puedes romper.

Bien, amigos. Por hoy no escribo más, porque mañana me voy a Berlín y tengo muuuuuuchas cosas por preparar todavía. No os podéis hacer una idea. Y ya es la una de la mañana.

Fran

 

Conde Tango

Por recomendación de mi amiga la evangelista me he apuntado a un curso de tango de diez sesiones, de hora y media cada una, que me ha costado –por ser estudiante- 112 euros (más o menos como lo que cuesta una clase de inglés particular). Ya había participado en alguna ocasión en un par de clases para aprender los pasos básicos, y he decidido apuntarme finalmente porque es bastante relajante y porque el saber no ocupa lugar (aunque quite bastante energía). ¡Quien sabe! Quizá algún día incluso pueda lucirme delante de las féminas en algún salón de baile, cual pavo real.

Pues ni corto ni perezoso me metí en la página web ( www.condetango.de ) y busqué el curso de principiantes (los lunes o domingos de 20.45 a 22.15). Un requisito para poder participar es tener una pareja de baile, pero parece ser que ese no es problema para un hombre, porque siempre hay más damas que varones disponibles. El curso empezó ayer, lunes, aunque el domingo ya tuve ocasión de participar en una clase gratuita para que la gente probara antes de apuntarse.

Yo ya sabía que tendría pareja -me lo comunicaron por email-, así que ni me molesté en buscarla en el servicio de emparejamiento que ofrece la página web. Simplemente aparecí por el piso donde se dan las clases y allí estaba el profesor, esperándome con una chica, la única que no tenía pareja. El profe me preguntó el nombre para localizarme en la lista y me dijo que la chica que estaba al lado sería mi Tanzspartnerin , a lo que yo asentí ufano con una sonrisa de oreja a oreja, como la que se le pone a un perro cuando le enseñas un solomillo, porque realmente me habían asignado un buen género.

La chica se llama Tina y es algo más baja que yo (ella llevaba tacones y yo las zapatillas más cómodas y flexibles que tengo, casi sin suela). Iba toda vestida de negro, muy elegante (no como yo) y tenía unos ojos muy bonitos, como la mayoría de las alemanas. Además, los llevaba muy bien pintados (muy mal hay que pintarse para que los ojazos que tienen éstas por aquí no destaquen). Si los tuviera que describir (un soneto me manda hacer Violante, en mi vida me he visto en tal aprieto...) diría que son como si uno hiciera un corte transversal a una aceituna deshuesada, la colocara sobre un pedacito de mar en calma y recortara el contorno. ¡Asín! ¡¡Como para hacer caso al profe y mirar por encima de su hombro derecho!! Ya hablaré del profe en el próximo blog, que es un tío muy gracioso.

Fran

Ya ves

Dice Botiglioni, quizá expresando el sentir general de mi círculo de amigos, que los blogs de Fran se están haciendo cada vez más serios y que ya no divierten como antaño. Es cierto, lo reconozco: puede que se me esté contagiando la seriedad que caracteriza a los alemanes. Ellos echan de menos los blogs de ligoteos, erotismo (si es que alguna vez los hubo) y chicas malas que se cuecen boca arriba en las saunas.

Pues ahí va uno de los que reflejan la faceta más divertida de Fran: sus innumerables despistes.

Érase una vez, que el Fran entró en su madriguera después de un agotador día de trabajo como cualquier otro: como un toro cuando sale del redil. Llego a casa más cargado que Gaspar en la víspera de Reyes, con el ordenador en una mano, una bolsa verde donde llevo los libros y apuntes en la otra, y la mochila con la ropa de las piscinas en la espalda. Ni que decir tiene que mi habitación estaba hecha una leonera (desde que he vuelto de España el 8 de enero hoy ha sido la primera vez que la he ordenado en condiciones).

Pues bien, después de cenar y de estudiar alemán preparé las cosas para el día siguiente (si las tengo que preparar por la mañana, directamente no me levanto). Para conciliar el sueño, suelo leer un libro, porque la historia me distrae y así no doy vuelta a todas las tareas que me presionan –y si el libro es en inglés me quedo más tranquilo, porque así mato dos pájaros de un tiro: me logro dormir al tiempo que repaso inglés-.

Pues hete aquí que me levanto al día siguiente y ... ¡no veo las llaves en la mesa!. En un primer momento no me inquieté, porque es normal en mí no encontrar las llaves a la primera, pueden estar en muchos sitios. Pero mi intranquilidad fue en aumento cuando veía que no las encontraba debajo de los papeles que andan por mi mesa –como si el tornado hubiera pasado por aquí, de hecho-. Me puse a revolverlos como una gallina revuelve un montón de estiércol en busca de gusanos, pero no hallé las llaves. Tampoco estaban en el gancho de la placa de aluminio que hay colgada en la pared según entras, ni en la cerradura. Las busqué en los bolsillos de la chaqueta –ya me estaba empezando a mosquear- y finalmente en la mesa pequeña donde solía comer. Pero nada. Las llaves no aparecían. Miré de reojo al fregadero y al baño por si acaso y rebusqué otra vez en todos los lugares que había buscado antes, pero nada. Ni rastro de las llaves.

Estaba seguro de que no las había perdido por ahí porque de hecho yo estaba en casa, luego las habría tenido que utilizar por necesidad para entrar. En ese momento se me encendió la bombilla : “¡ a que están en la cerradura! (por fuera)”. Y ahí estaban.

Así que ya veis: he pasado la noche con las llaves colgadas de la cerradura, por fuera. Doy gracias a Dios –es un decir- por que en esta nuestra comunidad vivamos gente muy disciplinada, que si no... ¡Imaginaos!: Podría haber entrado un efebo enmascarado con los huevos anillados y haberme barrenado el ano látigo en mano, así, por la tontería. O podría haber entrado alguien y haberse llevado el ordenador. O todavía peor: podría incluso haber entrado alguien con muy mala leche y haberse llevado las tablas de la declinación del adjetivo, y ¡a ver cómo iba a hablar yo!.

Fran

Endéudese, hombre!

Me siento como si un enjambre de abejas encolerizadas me picotearan el culo o como si un dromedario sirio me mordiera un huevo mientras me agacho a coger agua en un oasis cada vez que veo los anuncios en la tele de las típicas entidades financieras que te salvan la vida prestándote 3000 euros a una tasa de interés usuraria que, en la mayoria de los casos, sobrepasa el 20%.

En los reclamos publicitarios siempre aparece un tío (llamémosle Pedro) todo deprimido que parece no encontrar sentido a su vida, cuando de repente... una mano misteriosa que bien podría ser la de la providencia aparece de la nada con un fajo de billetes para aliviar las penas del atribulado Pedro. Con 3000 euros en el bolsillo –y una deuda que crece como una bola de nieve que se precipita por una ladera- Pedro ya es feliz de nuevo: ahora puede pagar la entrada de un coche, irse de vacaciones o comprar ego en alguna joyería.

El anuncio sigue: Mientras la mano redentora sale del cielo como si trajera el maná, una voz estilo Constantino Romero te dice: ¿se imagina todo lo que podría hacer con 3000 euros más? -falacia gorda donde las haya, porque ahora nuestro Pedro tiene una deuda que antes no tenía-. Hombre, sí que se pueden hacer cosas con 3000 euros, pero de ahí a que tengas que pedir un crédito al 24% TAE para hacerlas, es como para pensárselo, ¿no? Porque, además, la mayoría de las cosas que se pueden hacer con 3000 euros son prescindibles. Podría cortarse un poco la gente antes de acudir a esos usureros.

En el anuncio versión tía se hace incluso una comparación muy gráfica: en un primer momento aparece Eva deprimida. El día es gris y en el bolsillo no le queda ni un duro. Sin embargo, tras aparecer la mano del fajo, sale incluso el sol. Se la vuelve a ver a Eva rodeada de bolsas, con zapatos nuevos, un collar y una sonrisa de oreja a oreja como la de Cameron Díaz. Ya veis cómo retratan a las mujeres: como unos seres cuya felicidad depende de si se pueden ir de tiendas. Y en algunos casos será así y todo.

 

Carlus

Si antes hablo, antes me confundo. El sistema informático de la Universidad de Heidelberg me ha pasado el primer mensaje que me llega de un tío que quiere quedar conmigo. El mail reza como sigue:

Hola , Fran

soy Carlus, un estudiante aleman de Heidelberg y encontré tu correo en la programma tandem de la ORE. Bueno, yo busco un intercambio para hablar español y hacer cosas, no sé si estás buscando aún. Porqué no quedamos un día para tomar algo ?

Mi telefono es 06221 72773?? –censurado por respeto a la intimidad-. O por email .

Hasta luego

Carlus

La verdad es que, leído así, a primera vista, parece que este tal Carlus –nombre simpático donde los haya- puede querer algo más que aprender español, ¿qué será eso de “hacer cosas”? Si se trata de ir a meditar a un centro budista, de nadar, de ir al gimnasio y ayudarnos a levantar las pesas, de echar partidas de ajedrez, de subir en bici hasta la punta del königstuhl o incluso de acudir a fiestas nudistas, no tendría ningún problema, pero si se trata de otra cosa...

Igual pienso de esta manera porque la última vez que un tío me propuso de manera tan repentina “tomarnos algo” estaba yo pasándome la toalla por las ingles en las duchas del gimnasio de La Latina –de infraestructuras franquistas, dicho sea de paso- y ciertamente puedo asegurar que lo propuso con lo que los penalistas (los del Derecho Penal, no los del pene derecho) llaman “ánimo libidinoso”. Yo le respondí con toda la naturalidad que no me iba el tema, que desgraciadamente “sigo siendo heterosexual” -como dice la canción- y que además, tenía novia.

Pues bien, después de considerar pros y contras he decidido hacer un hueco en mi agenda para Carlus (suena a gladiador romano, eh?). Pero sólo en mi agenda. Además, mañana había quedado con Steffanie.

 

Vacaciones de idilio

Ayer fui al cine a ver una película que se titula “El amor no necesita vacaciones”, protagonizada por Cameron Díaz –cómo me gusta esta actriz-, Kate Winslet, Jude Law y Jack Black (estoy copiando los nombres de los actores, eh? A éstos dos últimos no los conocía). Trataba de dos mujeres que se despechan al mismo tiempo, la una porque pilla a su marido en una mentira y la otra porque el chico del que siempre ha estado enamorada se casa con otra. Así que las dos deciden tomarse un respiro. Se meten a internet, a una página en la que se cambian casas por un fin de semana, se ponen en contacto y, ni cortas ni perezosas, se van respectivamente una a casa de la otra.

Me recuerda a cuando yo me vine ni corto ni perezoso a casa de estas dos chicas de Dossenheim cuando vine a Heidelberg, o cuando el Txus y yo pasamos una noche en casa de Susi, la chica alemana que nos preparó la cena, nos dio vino, Martini y champán para beber, nos montó una fiesta y nos cedió todo el salón para nosotros. O, ¡cómo no!, a cuando Nacho y yo nos quedamos a dormir en Stuttgart, en casa de Philipps y de su novia –según informaciones de Nacho, que debió de tener puesta la antena, debieron de echar dos polvos mañaneros. Qué energía la de Phillips!. No me extraña que las bombillas sean tan buenas.-

Bueno, pues a lo que íbamos. ¡Qué sociedad tan idílica la que nos retratan los estudios americanos, eh?! Con razón se decía en algún documental francés que ví una vez –uno en el que se negaba que el hombre hubiera llegado a la luna- que los estudios cinematográficos se encargan de crear sueños. Imagínense por un momento que el sueño que se representa en la película de Cameron Díaz se hiciera realidad. Gente que, cansada de competir con el vecino a ver quién de los dos tiene más poder adquisitivo, decide ir a conocer a una persona al otro lado del mundo en vez de irse a un hotel con campo de golf recién construido en una zona costera recién recalificada por un alcalde recién elegido que recientemente acaba de ingresar en prisión (¡qué rápido pasan las cosas!). Imaginemos que una pareja estadounidense, en vez de aislarse en el lujoso camarote de un trasatlántico, deciden alojarse en casa de unos indios, venezolanos, chilenos o iraníes (unos iraníes que hablen inglés no pueden ser muy radicales) que no conocen, simplemente para conversar: para conocerles, para que les enseñen dónde viven y qué es lo que hacen, qué piensan de Ahdmadineyad o de las armas de destrucción masiva.

La gente no hace esto, sino lo que le sugiere Ramón García (que, encima, lo hace pagado). Además, si fueras con los iraníes... ¿Cómo ibas a explicárselo al vecino? ¿cómo ibas a explicárselo a la sociedad? ¿dónde están las fotos? ¿dónde iba a estar tu estatus?

 

Muros de Berlín

Desde que llegué y puse mi nombre en el ordenador que hay en el seminario de la Universidad diciendo que sabía español y que me ofrecía para mantener conversaciones biligües con gente que esté en la situación inversa han aparecido en mi correo, al menos, cinco mensajes. Todos de tías (ni que decir que, de haber sido tíos, habría acudido igual de gustosamente a la cita, pues a mi lo que me interesa es el alemán, y para eso tanto me sirve un tío como una tía).

Pues bien, yo he clasificado a las tías en dos clases: “muros de Berlín” y “las que vienen de Maloooca”.

Las primeras son aquellas a las que vas a saludar el primer día que te las encuentras al estilo español (esto es, dando un par de besos) y en cuanto te ven las intenciones, se apartan como el boxeador que esquiva un gancho. Yo he llegado a conocer a una a la que le extrañaba incluso que le dieras la mano. Decía que, para saludarse, “ellos” siempre dicen “Hallo” y que las manos o las muestras de afecto las reservan para los amigos/as. Ahora bien, yo sé de buena tinta que eso no es cierto en todo caso, porque he conocido alemanas que se comportan de otra manera diametralmente opuesta.

Las que vienen de Malooooca, sin embargo, son chicas que incluso me han llegado a sorprender por su simpatía. Pertenecen a este grupo las que te reciben con una sonrisa y con los brazos abiertos como si fuera el reencuentro de Marco con su madre. Y no sólo te dan un abrazo, sino que también te dan dos besos al estilo español. Es decir, te saludan como si fueras un amigo de toda la vida.

Tengo “tandem-partners” de las dos clases, y debo decir que las “muro de Berlín” no evolucionan. Hay una que conozco desde hace varios meses y a la que saludo con dos besos. Ella da dos besos al aire todavía con reticencia (no digo que me los dé a mí, pero podría besar al aire con alegría, como las señoras mayores hacen que se besan en España). No dejo de saludarla con besos para que no se sienta ofendida. Lo más paradójico es que, luego, hablado con ella, me dice que tendría que haber más roce en la sociedad y no estar todos tan cohibidos.

Cualquiera las entiende!

 

La pancarta

Voy siguiendo lo de la manifestación de Bilbao por los titulares telegráficos que me aparecen en el correo de Yahoo, pero como ya sé de qué pie cojea cada partido, o como “a buen entendedor pocas palabras bastan”, sobra con leerme los titulares para adivinar las razones de por qué cada partido actúa como actúa. Se veía venir. Como decía Manrique, “si juzgamos sabiamente daremos lo no venido por pasado”.
Lo único que me ha sorprendido –para bien- es que el lehendakari haya cambiado el rótulo de la pancarta para que no acuda Batasuna.

Está claro que el PNV, que hasta ahora no había tenido mucho protagonismo en el proceso de paz, ha querido rentabilizar políticamente de alguna manera la repulsa de “los vascos y las vascas” al atentado de ETA y se ha sacado de la chistera una manifestación con un lema que incomodara tanto a peperos como socialistas pero que no estuviera lo suficientemente alejado de sus respectivas posturas –sobre todo, de la del PSE-. Contaba con que mucha gente iría a la manifestación a pesar de no estar del todo de acuerdo con el lema (en cualquier caso irían a la manifestación más personas de las que conforman su base social, con lo que se asegura no hacer el ridículo en ningún caso). De hecho, así lo manifestó Patxi López: que el PSE apoyaba e iría a la manifestación a pesar de no estar de acuerdo con el rótulo –así que irían a regañadientes-. En verdad el PSE estaba en una encrucijada:

-Si apoya la manifestación causará estupor entre sus votantes, que en su inmensa mayoría ven con malos ojos que siga la negociación (pues a la gente le entra por lo ojos la foto de Patxi detrás de una pancarta en la que pone “diálogo” y se le olvidan las declaraciones (una imagen vale más que mil palabras).

-Si, por el contrario, no iban a la manifestación, todo el protagonismo se lo llevaría el PNV –a cuya manifestación irá mucha gente del PSE-, y, además, su postura no se diferenciaría apenas de la del PP, que posiblemente lo utilizaría para seguir confundiendo: “los socialistas vuelven al pacto antiterrorista” o algo así.

Pero he aquí que ha habido un factor sorpresa, y es que Batasuna, que tiene un miedo atroz a quedarse aislada, se quería apuntar a última hora a la reunión de amigos, porque dicen estar por la paz –a pesar de no haber condenado el atentado-. Esta postura de Batasuna ha echado por tierra la iniciativa de Ibarretxe, cuyo principal activo político es que se diferencia de Batasuna en su repulsa a la violencia, por lo que no le viene nada bien que se le vea en la misma manifestación con Arnaldo y los suyos. Así que, ni corto ni perezoso, ha cambiado el lema de la pancarta para excluir a Batasuna y seguir manteniendo al PSE en la encrucijada. Ahora el lema debe de ser algo así como: “Por la paz y el diálogo. Exigimos a ETA que renuncie a la violencia.” Una pancarta a medida. Algún día van a poner letra pequeña, como en los formularios de los bancos. O notas al pie.

Ahora el lema le viene mejor a los socialistas, porque la palabra diálogo, que es la que a ellos les molesta, queda un poco más diluida con la última aposición. A los del PP ni les va ni les viene, porque ellos no quieren ver el diálogo ni en pintura, y ellos se mostrarían más rotundos contra ETA. La del PP sería algo así como: “Por la paz y contra ETA y -si les dejas- por la vuelta al pacto antiterrorista”.

Por lo menos, visto desde el lado positivo, todos los partidos están de acuerdos en algo: a todos ellos se la trae floja la muerte de los dos ecuatorianos. Como vemos, siguen con sus equilibrios para intentar llevarse, cada uno a su manera, el gato al agua.

 

El derecho a la vivienda

Bueno, pues el Fran ya está de nuevo en la choza de Heidelberg. Mi propósito de año nuevo es el de ser más disciplinado y seguir un horario. El llevar una vida ordenada por fuera, de hecho, te hace sentirte una persona más ordenada por dentro. Al menos eso dice mi madre, opinión corroborada por la de un psicólogo bastante desordenado por fuera (y, por tanto, en aquellos momentos, también por dentro).

Bueno, pero hoy no estoy aquí para hablaros del orden o del desorden, sino del derecho a la vivienda digna y al trabajo.

Como sabéis, yo soy jurista. De ahí que mucha gente –familiares, amigos, conocidos y enemigos- me hayan preguntado en más de una ocasión:

-Oye, Fran, si la Constitución Española garantiza el derecho a la vivienda –o al trabajo-, ¿cómo es que yo no tengo casa/trabajo?

Si Ud. se ha hecho a sí mismo esta pregunta en alguna ocasión, está Ud. de suerte, porque en el blog de Fran va a encontrar hoy la respuesta. ¡Sí señor!. ¡Haciéndole competencia al tomate!¡con un par!.

Pues miren, es que en la Constitución los derechos de los ciudadanos son como los equipos de fútbol: Hay derecho de primera división, derecho de segunda división y derechos de tercera regional.

Lo que ocurre es que éstos vienen enunciados como una ristra de salchichas a partir del capítulo II del título primero de la Constitución (De los derechos y los deberes fundamentales). Los derechos de los ciudadanos empiezan en el artículo 14 y no es hasta el 53 donde se nos dice que no todos los derechos disfrutan de la misma protección. Recomiendo, por tanto, que el lector interesado se lea el art. 53 de la Constitución, que es donde se hace la siguiente clasificación:

Derechos de primera división: Los que van del 14 al 30 ( Igualdad, vida e integridad, libertad ideológica, religiosa y de culto, libertad, honor, intimidad, propia imagen, circulación, expresión, reunión, asociación, participación política, tutela judicial efectiva, previsión legal de sanciones, educación, sindicación, huelga, petición y objeción de conciencia ). Si Ud. siente que le han cercenado alguno de estos derechos, está de suerte, porque el art. 53.2 prevé un procedimiento “basado en principios de preferencia y sumariedad” que incluyen el recurso de amparo ante el Tribunal Constitucional. No en vano, estamos ante los llamados “derechos fundamentales”

Derechos de segunda división: Los que van del 31 al 38 . No los voy a citar uno por uno porque si no me meto a la cama a las tantas. De estos derechos diré que andan un poco más flojillos de tutela, porque el art. 53.2 sólo dice de ellos que “vinculan a todos los poderes públicos. Sólo por ley, que en todo caso deberá respetar su contenido esencial, podrá regularse el ejercicio de tales derechos y libertades...”. Es decir, estos derechos ya no se pueden invocar directamente, como ocurría con los derechos fundamentales, sino que es necesario hacerlo en las condiciones en que establezcan las leyes que los desarrollen. El derecho al trabajo está entre estos derechos, en el artículo 35: “Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo”. La ley que regula el derecho al trabajo en el Estatuto de los Trabajadores. A estos derechos se les engloba bajo el rótulo de “De los derechos y deberes de los ciudadanos”.

Los derechos de tercera regional: Y llegamos así a los derechillos previstos del artículo 39-52. Entre éstos se encuentra nuestro querido y reivindicado derecho a la vivienda. En el art. 47: “Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación...”. Pues bien, esto dice el art. 47, pero como las palabras sin espadas son meramente palabras [en inglés queda que te cagas: words without swords are merely words] o los derechos no valen sino lo que valen sus garantías, habrá que ver qué nos dice el art. 53.3 respecto de este derecho tan simpático. Pues bien, dice que “el reconocimiento, el respeto y la protección de los principios reconocidos en el Capítulo III, informarán la legislación positiva, la práctica judicial y la actuación de los poderes públicos. Sólo podrán ser alegados ante la jurisdicción ordinaria de acuerdo con lo que dispongan las leyes que los desarrollen.”

En fin, estos derechos tampoco pueden alegarse directamente ante la jurisdicción ordinaria, no digamos nada ante el Tribunal Constitucional. Sólo se protegen en la medida en que hayan sido desarrollados por las leyes. Unas leyes que –a diferencia de lo que ocurría con los derechos de segunda- ni siquiera habrán de respetar el “contenido esencial del derecho”. Por tanto, y dado que el precio de la vivienda no depende sólo de lo bien que esté hecha la ley del suelo, parece que sólo podemos esperar que estos derechos “informen la actuación de los poderes públicos”. Es decir, cuando el legislador legisla, el gobierno gobierna o el juez juzga, han de tener en cuenta estos derechos, pero no puede exigirse a un juez que lo haga efectivo, esto es, no se puede exigir responsabilidad jurídica a los poderes públicos por no haber tenido en cuenta estos derechos, sino que sólo se puede exigir responsabilidad política.

Con razón no los llama “derechos” el rótulo que abre el Capítulo III del Título primero, sino meramente “principios rectores de la política social y económica”.

Fran

 

La rebelión de las máquinas

El progreso tecnológico tiene su lado bueno, pero … ¿os habéis parado a pensar los quebraderos de cabeza que nos dan las máquinas? Sin ir más lejos, todos perdemos habitualmente un tiempo y energía preciosos en pelearnos con el ordenador: El mío –el fijo de casa-, por ejemplo, da la turra desde que le aprietas el botón de on : tarda en encenderse un huevo, porque abre mil programas y cuatro ventanas del explorador antes de que el reloj de arena se convierta en puntero. Han pasado por aquí un informático y dos primos de esos que controlan de informática y ninguno le ha hecho entrar en razón. ¿Qué decir cuando el ordenador se te cuelga sin haber guardado el documento o sencillamente no se conecta a internet?. Uno se enerva.

Lo de internés sí que es una pasada. Yo tengo con Jazztel (a ver si te enteras de que no son 20 Megas), se cambia sola la configuración del Módem y tengo que llamar cada dos por tres a los argentinos para que me digan eetó qué caxilla se ha desmarcaaaaaado (después de estar al teléfono 30 minutos esperando, claro). El otro día se puso una cubana que leía los términos ingleses del panel de configuración tal y como se leerían en Español (por ejemplo, en vez de decir “save” decía “sabe”- sí, como la tercera persona del singular del presente del verbo saber-. Cuando por fin funciona, uno llega a pensar incluso que se trata de un milagro.

La impresora también se suele quedar conmigo. Imprime cuando le da la gana y lo que le da la gana (menos billetes de 500 euros). El otro día le dí a imprimir un billete de avión de hlx y lo único que me imprimía la capulla de ella era el anuncio publicitario “rascacielos” que había a la derecha. Seguro que cuando no lo necesite me lo imprime (porque la capulla de ella se acuerda, eh?, no te creas)

Y ya no os digo nada si uno empieza a hacer sus “pinitos informáticos” en la gües, como este menda que escribe. La verdad es que hay que tener más paciencia que el Alcollanos F.C, porque las anécdotas son incontables: página html que se ve bien en la simulación pero no en la red y viceversa, servidor que no se encuentra; que se encuentra pero no responde; que se encuentra, responde, pero no manda archivos; que se encuentra, responde, manda archivos, pero los manda mal…

Desde luego, uno se plantea si merece la pena subirse al carro de la sociedad de la información o si acaso no será más inteligente echarse al monte y subirse a un carro de heno.

 

El final de año

Como hemos visto, los últimos coletazos que ha dado este año bien podrían haber sido los de Moby Dick, porque han sido demoledores: la ejecución de Sadam Husein, el atentado de ETA en la T-4 de Madrid y el hundimiento de un barco en las inmediaciones de Filipinas que ha dejado centenares de muertos.

Nada hay más irracional que ahorcar a una persona, pues el hecho de querer infligir la muerte a otro –a pesar de que se trate del capullo de Sadam Husein- es siempre la manifestación de un deseo –un instinto- que clama venganza. Y como el instinto siempre se ha contrapuesto a la razón, podríamos decir que la pena de muerte es algo irracional que, si bien se piensa, parece acarrear más inconvenientes que ventajas. Esta intuición se ha visto, de hecho, confirmada: 80 muertes en las principales ciudades baazistas y suníes de Irak. Bien podría decirse que en vez de ejecutarse a una persona, se han ejecutado a 81. Además, una ejecución pública –que nos retrotrae a la Edad Media- resulta peligrosa porque insensibiliza al ser humano, que de alguna manera interioriza el mensaje de que a veces puede ser lícito matar a otro.

El único aspecto positivo de la pena de muerte –que también lo tiene- es que disuade a potenciales dictadores despóticos, pero … ¡a qué precio!. También se dice –irónicamente- que la muerte de Sadam ha suscitado la primera coincidencia de dos enemigos irreconciliables, pero igual de hipócritas: Irán e Israel, que han celebrado la ejecución de Sadam como aquél a quien le extirpan un quiste (el primer mandamiento de Moisés debe de tener alguna excepción, ahora que lo pienso).

En cuanto al atentado de ETA, me ha pillado, evidentemente, más por sorpresa que lo de Sadam (no en vano, a éste le tenían que ejecutar antes de que lo demócratas entraran en el congreso de EEUU el 2 de enero). Ni que decir tiene que el atentado ha sido, tal y como ha subrayado el presidente, lo más inútil y equivocado que los terroristas han podido hacer. El hecho de que por triste carambola parezcan haber matado a dos pobres ecuatorianos sin vela alguna en este entierro evidencia de manera gráfica lo anacrónico del conflicto en este mundo globalizado. ETA parece haber olvidado que más de un 15% de los madrileños ya no son españoles, sino gente oprimida que viene de otro mundo. ¿Y éstos son los que defienden a los pueblos oprimidos?

No obstante, en las reacciones de la izquierda abertzale se ha visto un cambio. Siempre se han caracterizado por tener una puesta en escena que denota firmeza y convicción. Sin embargo, en la rueda de prensa del día 30 a los tradicionales portavoces de Batasuna se les veía con gesto de contrición y avergonzados –p.ej, Goirizelaia miraba al suelo, cuando normalmente, mira al frente-. Otegi hablaba atropelladamente, cuando normalmente habla con serenidad y remarcando las palabras. Más que argumentos, parecía que daban excusas (no tenemos mesa, no ha habido medidas penitenciarias…). ¡Como si la culpa del atentado la tuviera el Gobierno! –la sería el segundo atentado que se le atribuye, si nos tomáramos en serio las opiniones de Pedrojota-.

Fran

El trapecio

Hola, amigos.

Ya llevaba unos cuantos días con molestias en el trapecio derecho, no sé si reales o imaginarias. Tengo la impresión de que los que somos tan quisquillosos y perfeccionistas tendemos también a ser algo aprensivos o hipocondríacos, y a la mínima molestia ya nos estamos haciendo hipótesis sobre el origen o naturaleza del dolor.

En cuanto empecé a sentir el trapecio cargado en Heidelberg supe que se debería muy seguramente al gimnasio, porque –amén de que el gimnasio ya de por sí te sube el tono muscular- soy bastante burrillo con las pesas. Me cebo y no puedo ir por debajo de mis posibilidades.

Así que en cuanto tengo algún tirón, calambre o contractura muscular, lo primero que hago es buscar otros factores a los que atribuir la molestia: no estoy acostumbrado al frío de Alemania, que me agarrota, es de estar tanto tiempo sentado en el pupitre, es de llevar siempre una mochila cargando de uno de los hombros, es que estoy nervioso…

Vamos, que veo todo tipo de razones menos la del gimnasio. Hasta que un día el masajista de Heidelberg me dijo que dejara el gimnasio por tres semanas y que nadara en su lugar. Así que, ¡nada!. Tuve que dejar el gimnasio por segunda vez, muy a mi pesar (ya conté en un blog que en cierta manera dependo psicológicamente de él).

La verdad es que al principio, en vez de dejarlo radicalmente, seguía haciendo pierna, que quizá es el grupo muscular del que más fallo. ¡Pero nada!, el trapecio se me seguía cargando aunque hiciera gemelos (me dijo el masajista –con razón- que en una sesión de gimnasio todo el cuerpo está en tensión). Así que finalmente no tuve más remedio que pasar por el aro.

Así que volví a las piscinas, lo que para mí no deja de ser como la metadona para los drogadictos. La verdad es que de tanto nadar uno también se pone durito, pero se le queda cuerpo de raya (mucho dorsal y espalda, pero poco volumen). ¡Qué se le va a hacer! Lo que más me jode es que me siguen cobrando 38 euros mensuales en Heidelberg por un gimnasio al que no voy (no creo que yo sea el único al que le pasa esto, jejej). Y me da pena borrarme.

Hoy he ido al fisioterapeuta. En la próxima entrega os cuento lo que me ha dicho.

      

Fran

Paseo por la Gran Vía

Se advertía la neutralidad religiosa de nuestro municipio de Bilbao al caminar por la Gran vía, presidida por nuestro inestimable Corte Inglés, al que yo siempre dedico su correspondiente Corte de Mangas.

En efecto, íbamos caminando el “Ro” y yo desde la estación de Abando hasta Sagrado Corazón cuando nos percatamos de que las luces que colgaban de los árboles de la calle López de Haro no eran amarillas, sino ¡azules!. Si, si, más que luces para dar tono navideño, aquellas luces parecían más propias del último modelo de Mercedes con faros de Xenon o algún otro gas noble. En cualquier caso, más que la Navidad, lo que aquellas luces evocaban era una sesión discotequera de bacalao en Ibiza. Sólo faltaban los rayos láser apuntando a los viandantes.

En el enorme escaparate del Corte Inglés (que abarcará unos cuatro números de la avenida) no acerté a ver a los reyes magos ni al niño Jesús –tampoco me fijé demasiado-. Justo encima del escaparate de Navidad había un cartel luminoso en el que se podía leer “Corticoles”. Siempre que veo lo de los “corticoles” me vienen a la mente los culturistas y Eufemiano Fuentes. No sé por qué. Desde luego, no es el nombre más apropiado para libros de niños.

En fin, el Röber (no me he confundido, es que me gusta ver el nombre del Rober con Umlaut , ¿qué pasa?) y yo proseguimos la marcha y nos metimos por la calle Ledesma, una paralela a la Gran Vía, porque yo recordaba que ahí había una tienda de “ediciones San Pablo” en la que vendían libros bíblicos. Quería comprar la segunda versión internacional para la amiga luterana y una amiga suya, que son muy aficionadas a estas cosas. Ni que decir tiene que ni el Röber ni yo habíamos estado nunca ahí. Nos metimos y nada más cruzar el umbral una dependienta nos miró de reojo con recelo, como si se nos viera a simple vista que somos ateos.

Me dijo si podía ayudarnos –más bien habría de ser al revés, pensé-, y yo le pedí la segunda versión internacional de la Biblia para una alemana luterana y que se entendiera bien. La tía quedó flipada con mi petición, pues no creo que sea habitual que le pidan esas cosas.

Como al final no encontré mi Biblia, nos fuimos con el rabo entre las piernas –tal y como entramos-. Al menos el Röber se compró las nuevas aventuras del Capitán Alatriste. Ése fue su regalo de Navidad. Yo me compré dos libros en la librería jurídica que hay al lado.

Ah!, se me olvidaba! En el mostrador principal vendían un libro verde con las últimas divagaciones de la Conferencia Episcopal española. Llevaba por título algo así como “Directrices morales para desenvolverse en la España actual”. ¡Joder! Yo que pensaba que los valores morales eran eternos, inmutables e independientes del gobierno de turno… ¡ Al menos eso es lo que dice Benedicto 16! –parece un nombre de licor-.

Fran

 

¡Estamos en Navidad!

Quizá por lo señalado de las fiestas alguien espere que hable de la navidad. Y de hecho, para hacer honor a la verdad, ese ha sido el primer tema que ha cruzado mi mente. Pero al instante le he preguntado a mi cabeza ( neure buruari ) ¿y qué vas a decir de la navidad que no haya sido dicho ya por activa, por pasiva y por perifrástica? Todo el mundo sabe que no es necesariamente la celebración del nacimiento de Cristo. Cada familia se lo toma a su manera. Los habrá que bendigan la mesa y se sientan como comulgando cada vez que se lleven a la boca una tostadita con caviar de esturión del mar Caspio mientras dan gracias a Cristo por su fortuna en la tierra. Se encomendarán a él con todo el amor incondicional de sus corazones y rogarán por una prolongación de su dicha en el más allá y por el perdón de sus pecados pasados, presentes y futuros. No en vano, Dios es todo gracia (de verdad es “gracioso” que lo perdone absolutamente todo). Habrá muchos que, más en la onda de Cristo, comulguen con alitas de pollo y vino Don Símón (de ese cuyas únicas uvas son las que aparecen pintadas en el tetra brick) –los del 20% que no alcanzan el umbral de la pobreza) y, finalmente, habrá muchos otros (como yo) que coman ávidamente el pulpo a la gallega (preparado precisamente por mi tía gallega –desde aquí la saludo-) sin agradecérselo a nadie, salvo, en este caso, a la cocinera.

A propósito, ¿creen Uds. que la estructura molecular de los alimentos cambia después de una bendición? Yo sospecho que no, pero en cualquier caso podría hacerse el correspondiente experimento científico para salir de dudas (aunque hay muchos que prefieren vivir en la duda). Esto último lo entiendo perfectamente. No vaya a ser que pierdan la fe y no tengan a qué agarrarse. Y es que cambiar de religión es incluso más difícil que cambiar de compañía proveedora de servicios de internet.

Bueno, pues me despido dejándoles aquí la prueba de que es posible hablar de algo de lo que uno no esperaba a hablar sólo con ponerse a escribir. Todo es empezar. Ya decía Nietzsche que “sólo tenemos los pensamientos para los cuales disponemos de términos capaces de expresarlos aproximadamente”. Por eso, cuando uno empieza a plasmar términos en una hoja, los conceptos parecen acudir enseguida en su auxilio.

Feliz noche buena, feliz navidad, y que no les haga daño la comida.

Fran

Los miedos

Hoy por la mañana he oído a un psicólogo en la radio hablar de los miedos. Los miedos: esas cadenas que nos atan y no nos dejan ser nosotros mismos.

Cualquiera puede leer tanto en manuales de reputados psicólogos como en revistas troteras de psicología práctica o libros de autoayuda explicaciones más o menos coherentes exponiendo de dónde provienen, cómo han evolucionado, e incluso directrices vagas de cómo superarlos.

En un principio el miedo era una reacción del organismo ante un peligro real. Ni que decir tiene que era una herramienta útil para huir de los peligros y garantizar así la supervivencia. Por ejemplo, el hecho de ver una serpiente y salir corriendo es lo más práctico que hay. Desde que la imagen de la serpiente amenazante llega al sistema nervioso, éste prepara una reacción para actuar en consecuencia y con la mayor celeridad posible. Para ello se segregan un montón de sustancias que nos hacen salir pitando: se acelera el ritmo cardiaco y respiratorio, la adrenalina y otros sustancias opiáceas, incluso creo recordar que algo tan sutil como la velocidad de coagulación de la sangre (para las posibles ostias que el cuerpo vaya a recibir) o la dilatación de la pupila, entre otras medidas.

Ni que decir tiene que la activación de todo este sistema de emergencia es excepcional, porque consume mucha energía. Podría pensarse que en las junglas de asfalto en las que hoy en día vivimos han desaparecido todos estos peligros primarios y, en consecuencia, la activación del sistema simpático sería algo residual y del pasado. Nada más lejos de la realidad. Los miedos racionales de antaño (el guepardo que se abalanza) han sido sustituidos por los miedos irracionales o imaginarios. Y resulta que estos miedos -que para nada amenazan nuestra vida o integridad física- siguen provocando reacciones similares a las de los miedos reales, pero (y he aquí la gran diferencia) durante un tiempo mucho más prolongado. Es posible que la reacción del organismo no sea tan aguda como cuando alguien se precipita por un acantilado, pero el hecho de que la situación de stress se prolongue durante horas hace mella en el estado físico y psicológico del que lo padece.

Estos miedos están presentes entre nosotros constantemente. El subconsciente ha aprendido a identificar determinadas situaciones de nuestra vida como una verdadera amenaza (un despido, un suspenso en un examen, unas calabazas de una hembra, el rechazo de las amigas ...). Por otra parte, además de este aprendizaje (mal-aprendizaje), se han asentado en él –en el subconsciente- prejuicios irracionales infundidos por los padres, los amigos, la publicidad o por los falsos moralistas (como muchos curas, especialmente si éstos van de la mano de un régimen dictatorial –como no es extraño que ocurra-)

En fin, me lo he pasado bien escuchando las vagas directrices que el psicólogo de esta mañana ha dado para superar los miedos y aprender –entre otras cosas- a no decir “sí” cuando se quiere decir “no”. Y es que resulta infrecuente encontrar tertulias como éstas en los medios de comunicación. Deberían poner a un grupo de psicólogos y filósofos hablando sobre estas cosas y muchas más en vez de tomates, toreros y salsas. La gente se reconocería en esas conversaciones. Yo creo que incluso nos humanizaríamos.

Fran

 

Blog de transición

Estoy de nuevo en España. Desde que me he levantado en Heidelberg a las 4.15 de la mañana hasta que he llegado a Bilbao a las 19.15 aproximadamente, he estado unterwegs la friolera de 15 horas. Y es que se dice que el avión es el medio de transporte más rápido, pero hasta que el avión sale, uno pasa horas y horas entre que se desplaza al aeropuerto y vuelve de él. Sobre todo si éste pilla a desmano. En fin: un taxi desde mi casa hasta la estación de autobuses, un autobús desde Heidelberg hasta el aeropuerto de Frankfurt-Hahn (trayecto de más de dos horas) y un avión que ha salido con cuarenta minutos de retraso debido a una niebla tan densa que incluso se podía untar en pan.

He llegado al aeropuerto y me he comprado “Die Welt”, diario que he intentado descifrar mientras me bebía un café con leche con muy buena presencia, pero muy caro (2.50 euros, creo recordar). En el viaje de avión he conocido a una chica asturiana que, curiosamente, se llamaba Heidi (su nombre de pila era Adelaida). Una chica muy simpática y extrovertida que no ha parado de contarme cosas sobre sus viajes, sus amigos y su familia. Al despedirnos me ha pedido el correo electrónico, porque ambos tenemos programado ir a Berlín en Febrero. Posiblemente nos encontremos allí.

El mundo es un pañuelo: me he encontrado también en el aeropuerto con un becario que trabaja en la oficina de cooperación al desarrollo de mi campus de la Universidad del País Vasco. Había ido a visitar a un amigo en Munich y después volvió a Heidelberg. Hemos debido de viajar en el mismo autobús, pero no nos hemos reconocido hasta Hahn (ha sido él quien me ha reconocido a mi, porque yo soy muy malo para las caras). Me ha explicado algo de un proyecto de alfabetización que desarrollan en Nicaragua y también me ha hablado del trabajo de un amigo que instaló centrales minihidraúlicas en un municipio rural de Guatemala para proveer de la necesaria energía a sus habitantes.

Una vez en el aeropuerto de Santander hemos esperado durante dos horas a dos supuestos autobuses de Alsa que nunca han llegado. Luego hemos sabido que tal autobús sólo pasa por el aeropuerto cuando les sobra alguna plaza, pero no cuando sale lleno de Santander, pero ¡claro!, el que espera en el aeropuerto no sabe si el autobús va a salir lleno o no, así que el hecho de que pase o no un bus es como una lotería. En fin, he llegado a casa hecho polvo por culpa de los retrasos en todos los medios de transporte. Incluso mi hermano se ha retrasado en Bilbao.

Por eso me he retrasado yo en el blog. Je, je.

 

Por lo menos la azafata nos amenizó la espera

Fran

Los stakes del mercado de navidad

El mercado de Navidad de Heidelberg dura aproximadamente un mes. Hay puestos para todos los gustos: de salchichas normales, salchichas de medio metro, steaks de cerdo, patatas con salsas, crepes, langos, champiñones, pizzas... ¡por no hablar del Gluwein! Desde que descubrí los steaks de cerdo a la parrilla no he vuelto a comer en el Mensa. Todos los días salgo del instituto al puesto de la barbacoa gigante (donde venden las salchichas de medio metro) y me pido por 4 euros un steak de cerdo a la parrilla con cebolla. Darle la primera dentellada cuando uno está hambriento es toda una delicia. Nada que ver con las chuletillas de cordero cocidas que ponen en el Mensa, que parecen que están sacadas de un bote de formol. Para disimular la sequedad, el comensal le puede echar salsas variopintas, que supongo que deben engordar todo lo que te ha dejado de engordar el cordero por comértelo cocido.

Pues bien, nada de esto pasa en el puesto de la parrilla. Uno coge el steak y se lo lleva a una de las mesas que hay puestas al efecto como el leopardo que se lleva la gacela al árbol. El otro día se comí un steak frito y no tenía ni punto de comparación con el que está hecho a la brasa. ¡No hay nada como volver a los orígenes!

Eso sí, el Gluwein ya no me lo pido. Lo puedo beber, pero no me hace gracia. Prefiero un refresco. Recuerdo que a Patxi tampoco le gustaba el vino caliente. Le daban arcadas. Por no hablar de Botiglioni , que ni siquiera podía darle un sorbo. Tenía que esperar a que se le enfriara.

Aparte de los puestos en los que venden carnaza –que son los que yo visito con asiduidad- también hay multitud de puestos en los que venden velas, figuritas, bolsos, accesorios, cerámicas y toda clase de adornos navideños. Este último tipo de puestos los miro de pasada.

 

Fran, Botiglioni y el chileno comiendose sus respectivos stakes en el mercado de navidad

Fran

La última cita

Me he cansado de los mormones y les he dicho que no estoy interesado en plantar la semilla de la fe que presuntamente engendra el fruto de la plenitud espiritual. La verdad es que cuesta bastante decirles a estas personas simple y llanamente que no te interesa creer en Dios. Les ves tan convencidos de su fe, con sus rezos y toda su parafernalia –cuando se ponen a rezar a Dios parece que entran en un estado de trance- que te da “nosequé” manifestarte con firmeza –síntoma de inseguridad mía-. Y es que decirles que no crees que Dios exista o que incluso tal pregunta no tiene sentido – o, si tiene sentido, no tiene respuesta- es algo así como decirle a un niño que los reyes son los padres. Y no quiero que se lleven ese chasco. Les veo tan felices con su fe..... Convencerles de lo contrario sería robarle el sentido de sus vidas. Psicológicamente no pueden permitirse el dejar de creer.

He quedado con ellos unas cinco veces. Siempre con dos –predican en parejas: hermanos con hermanos y hermanas con hermanas; un experimentado a punto de acabar la misión con un novato, para que aprenda-. El hecho de que sean dos contra uno no es que intimide, pero hace que te manifiestes con menos rotundidad. Donde diría “no necesito Dios” dices “no creo que necesite un Dios”. Y es que, cuando dices algo que no está en su guión, les cambia la cara de cabo a rabo. Es como si les ofendieras o les hicieras daño, y a mi no me gusta hacer daño a las personas. Pero es que tampoco me gusta ceder por debilidad psicológica.

Me acuerdo de cuando les invité a cenar a mi casa. Esa noche estaba el Nacho –el opositor- y la conversación estuvo más equilibrada. Me acuerdo de que le preguntaron a Nacho sobre sus creencias religiosas y él respondió que el art. 16.4 de la Constitución Española le ampara en su derecho a “no confesar sus creencias religiosas”. Yo, que ya le veía venir, no podía contener la sonrisa irónica que se me esbozaba en la cara. Esto es típico de los opositores: les salen los artículos hasta por las orejas.

Pero volvamos a los mormones. Me he leído todos los capítulos que me han dicho de su libro de Mormón (Alma 22, 24, 34)-además, es inglés antiguo-: el capítulo del rey ateo que empezó a creer, el del tío que planta la semilla y el del sacrificio de Cristo para superar la muerte física –no acabo de entender el sacrificio de Jesús-. Ellos se asombran de que me lea los libros si no tengo interés en creer. Sé que parece raro, pero es sólo porque a mi me interesa todo. Si me hablan de la religión mormona, ¡pues bienvenido sea! Pero de ahí a creer lo que pone en el libro, va un trecho.

Así que para despedirme de manera que pareciera que todas estas reuniones no han sido en vano, les pedí que me dieran “los mandamientos de acuerdo con los cuales hay que comportarse para ser virtuoso en la tierra desde una perspectiva espiritual”.

Me dieron el paquete básico de 10 mandamientos de Moisés, más otros cuantos de Joseph Smith (su profeta del S.XIX) –no beber, no fumar, no tomar café, ni té negro o verde y alimentarse básicamente de cereales- y alguna directriz vaga más del libro de Mormón, como estar cerca del necesitado.

La verdad es que hay muchos mandamientos que he cumplido siempre y seguiré cumpliendo y otros que he incumplido siempre y seguiré incumpliendo. Sólo hay un mandamiento que puedo intentar cumplir: el de no tomar el nombre de Dios en vano. Y es que a veces lo tomo muy en vano.

Me piro. Que ya son las 19.30

Fran

 

El Patxi

Ya escribí un blog dedicado en exclusiva a mi amigo Boteglioni, por lo que es de justicia que escriba también uno para el Patxi, a pesar de que resulte algo más difícil, porque el Paptxi es una persona que se aproxima más a lo que todos entendemos por “un tío normal”, mientras que el Boteglioni es un personaje de agárrate que hay curva.

Conocí al Patxi en Maastricht, de Erasmus, allá por el año 2002/03, año en que la Real Sociedad casi gana la liga (logró un merecido segundo puesto después de que el Madrid ganara en el último partido ... ¿a quién? ¡al Athletic de Bilbao!).

La primera conversación que tuvimos fue en inglés. Como si no nos hubiéramos reconocido el acento vasco nos dijimos mutuamente: “¿Ah, pero eres de San Sebastián/ Bilbao? Desde que aquél día nos preparamos unos espaguetis con pesto no dejamos de comer juntos. Éramos como un matrimonio. Dos chicas muy majas que convivían en nuestro “kórridor” se desternillaban de risa siempre que nos veían aparecer. Al principio incluso poníamos un bote común para comprar comida que, a veces –todo hay que decirlo- incluso se malversó en comprar ciertas hierbas aromáticas que vendían en el coffie-shop de la calle principal esa que bajaba al “down town”. ¿cómo se llamaba, Patxi? ¿te acuerdas?.

Pues bien, poco nos duró la costumbre de poner un bote común, porque perdí la cartera donde lo guardábamos la primera vez que me tocó hacer de administrador –mi cartera personal la perdí el último día-.

Son incontables las peripecias que compartimos Patxi, otros colegas y yo durante ese año: fiestas, viajes, noches en aeropuertos, noches de infinitas tertulias, películas en la tele de mi cuarto, fumadas furtivas (al principio no sabíamos que te echaban de la “guesthouse” por fumar maría). Incluso llegó a mear en el lavabo de mi cuarto (luego echábamos “Pato”-eso azul que desinfecta-)¡eso es amistad y lo demás son chorradas! En fin, un año para recordar y para forjar amistades que tarde o temprano se acaban esfumando con el tiempo (como la de un australiano, un francés o una sudafricana. ¡Por no hablar de la noruega!) La amistad con Patxi, por suerte, se sigue manteniendo, quizá por cercanía geográfica. Y por los chuletones que nos zampamos de vez en cuando.

 

El Patxi, con Botiglioni. En la foto puede apreciarse cómo el Donostiarra ya le ha endiñado un bocado a su salchica de medio metro -doblada dentro del pan- y la mastica sin disimulo mientras Botiglioni enseña la suya a la cámara

Fran

Más paradojas de la religión. El sexo de Dios

Tengo una buena amiga que es evangelista. Nos hemos prometido mutuamente no hablar de religión, porque a pesar de que somos muy educados y dialogantes los dos, llega un momento en que no puedo resistir la tentación de lanzar algún argumento irónico –pero a mi juicio muy cierto- contra los más sólidos fundamentos de su fe.

Entonces, lo que empieza siendo un debate sosegado como los que preparan Punset o Sánchez Dragó en la 2, acaba siendo un gallinero de los que se montan en salsa rosa o moros y cristianos (este ya no lo echan). Siempre me he preguntado por qué no sueltan gallinas en el plató de esos programas y desperdigan cereales por el suelo. Ver picotear a las gallinas al mismo tiempo que Tamara le insulta al Konde Lekio o Boris se saca la chorra en medio del debate sería muy divertido.

Pero sigamos con el tema de hoy: en la iglesia evangelista venden libros. Algunos son serios y otros son libros para adolescentes en plan “Ya no soy tu niña”, pero religiosos. Entre ellos había uno que se refería al sexo con Dios –eso creí entender-. En cuanto lo ví no pude menos que asombrarme. No sé de qué irá el libro, pero tener sexo con Dios es lo último que me faltaba por oír. No es que renuncie a los tríos, pero eso de montárselo con un ser omnipotente da un poco de tirria, ¿no? A ver si de tanta potencia te la va a hincar a ti también.

Pues bien, a todo esto, a mi –que soy muy curioso y siempre me estoy interpelando (no es una nueva palabra para la masturbación)- se me planteó la siguiente duda: ¿tiene Dios órganos sexuales? La respuesta desde un punto de vista natural es evidente: no. ¿Para qué iba a tener órganos sexuales un ser eterno? No tiene sentido. No va a tener descendencia. Quizá tendría Dios órganos sexuales si procediera de un humano, pues a pesar de ser eterno y no necesitarlos, los habría heredado de los padres como nosotros heredamos el apéndice o la muela del juicio. Sin embargo, Dios no procede de humanos, sino que se hizo a sí mismo. De hecho, fue lo primero que hubo, antes de él no había nada. Bueno, sí: la nada, que ya es algo.

Y sin embargo, de la Biblia puede deducirse que Dios sí tiene órganos sexuales, pues en alguna parte dice que nos hizo “a su imagen y semejanza” (¡a imagen y semejanza de los hombres, ¡claro está!; la mujer vino luego –salió de una costilla-). Pues bien,

1: los hombres tenemos pene y testículos,

2: Dios nos hizo a su imagen y semejanza

aplicando el razonamiento silogístico socrático obtenemos que

-Dios tiene pene y testículos (a no ser que se hiciera a imagen y semejanza de un eunuco)

Esto último contradice, como hemos demostrado más arriba, las reglas de la naturaleza y de la lógica. ¿Para qué un ser eterno iba a tener pene? ¡No tiene sentido! Los ángeles no tienen pene. ¿por qué Dios sí? Que alguien me lo explique, por favor!!

Antes de terminar: Hemos dicho que Dios se hizo a sí mismo. Eso, al menos, es lo que me dijo Don Martín cienes y cienes de veces en el catecismo. Pues bien, esta aserción encierra a mi juicio una contradicción insalvable: Un requisito de hacerse a sí mismo es existir: ¿cómo te vas a hacer a ti mismo si no existes? Si no existes no puedes hacer nada, ni siquiera a ti mismo. Más correcto sería decir, entonces, que Dios, apareció . Y si nos conformamos con decir que Dios apareció, ¿por qué no decir directamente que la supernova que se colapsó dando lugar a la expansión del universo apareció . Y a partir de ahí todo se desencadenó como nos cuentan los astrónomos y astrofísicos, que dicen cosas con más sentido que Don Martín.

Habrá que preguntarlo en misa. Ah, coño! ¡Que en misa no se puede preguntar nada!. ¡Claro! ¡Por eso no se aprenden cosas en misa!. Tienen miedo a las preguntas. Será porque no tienen respuestas.

A Dios se le suele representar con barba, lo cual es, precisamente, efecto de la testosterona, que se segrega en los testículos, no?

Fran

Botiglioni en Heidelberg

Siento no haber podido escribir hasta ahora, pero estos últimos días se me han juntado todas las emociones que por razón de trabajo he ido posponiendo: viaje a Budapest y visita de dos amigos.

Botiglioni vino (Botiglioni va con el vino hasta en las frases) el miércoles.

Botiglioni, ¡qué personaje!: ingeniero de caminos y obras públicas, coleccionista de ciclos superiores de ingenierías, de monedas, de sellos, de canicas, de pañuelos de fiestas, etc., enólogo amateur , socorrista de borrokalekus (el lugar donde todos los enajenados en los conciertos de Rock se dan de hostias), ateo laicista, adorador de Onán y bebedor convencido. Es un amigo del pueblo de toda la vida, aunque en preescolar se cambió de colegio porque le daban miedo las mariquitas de los libros.

Desde pequeño era uno de los amigos que cualquier madre recomendaría. Era estudioso y no daba problemas. Sin embargo, en la pubertad empezó a desarrollar una afición desmedida al kalimotxo que, con el tiempo y al igual que la energía, no ha desaparecido, sino que se ha transformado: ahora bebe cualquier cosa: Desde zurra (bebida alcohólica de ingredientes desconocidos que sólo se encuentra en las fiestas de Basauri) hasta champán, pasando por la sangría, patxarán, zuritos, orgasmo, cubatas...

Yo constaté que la ingesta de alcohol era para él como una creencia religiosa cuando potaba en el autobús de vuelta de las fiestas de Elantxobe. Esa carretara tiene más curvas que Naomi Crambel -no creo que esté bien escrito, pero tampoco merece la pena buscarlo-, por lo que era previsible que acabara “echando la raba”. Aprovechando esa situación de debilidad yo le pregunté:

-Qué? Te arrepientes ahora de haber bebido?.

- No, volvería a hacerlo –contestó con serenidad- (y continuó potando)

Yo no daba crédito a lo que oía. Es un bebedor convencido. Por eso mi madre perdió la confianza en Boteglioni progresivamente, hasta tal punto que hoy me dice: Fran, cuidado con Boteglioni, tú no bebas, eh? Me lo prometes, no?

La madre de Boteglioni le dice a éste: Boteglioni, cuidado con el vino. A lo que él responde:

-Tranquila, que no se me va a caer.

Ahora el bueno soy yo.

 

Boteglioni en el paseo de los filósofos

Fran

Los mormones

Hace unas tres semanas aproximadamente me asaltaron dos tíos trajeados mientras esperaba al tranvía en la Bismarkplatz . Eran Mormones. Llevaban un traje negro con camisa blanca y corbata y sendas mochilas negras o grises a los hombros. Uno de ellos me empezó a hablar en alemán. Yo hacía esfuerzos para entenderle –porque no vocalizaba bien-. A pesar de las dificultades, creí entender que me estaba invitando a aprender algo acerca del libro de Mormón, otro testamento de Jesucristo. Creo que incluso me invitó a ir a su iglesia para darme un ejemplar.

El compañero no perdía detalle. Asentía cuando le miraba y me sonreía, como para quitar hierro a una situación, que, ciertamente, es un poco extraña o forzada. Uno en esos momentos entiende lo que debe pasar por la cabeza de una chica cuando dos tíos que no le interesan en absoluto le vienen a hablar. El ejemplo encaja a la perfección: mientras que el amigo que se lanza a hablar suelta el discurso, el otro no pierde detalle e intenta acompañarle con el lenguaje corporal, tratando de convencer a la hembra de la bondad de sus intenciones.

Pues bien, el segundo compañero –el que asentía- resultó ser más simpático. En cuanto abrió la boca, ya no la cerró. A este segundo se le entendía mejor; al menos vocalizaba.

Llegó mi tranvía y ellos se metieron también, aunque no les llevaba exactamente a donde ellos querían. Les “pillaba de paso” para ir a su iglesia. Yo les daba coba, porque me empezaba a interesar realmente qué narices diferencia a estos mormones del resto de las confesiones. Como la conversación se iba haciendo más profunda y abstracta, me pasé al inglés, idioma en el que me defiendo como gato panza arriba –a veces, incluso ataco- y que era, a la vez, el idioma materno de los mormones (el que no vocalizaba era inglés, el otro –que se parece a Tony Blair-, estadounidense).

Me empezó a contar que la iglesia tal y como Jesucristo la concibió había desaparecido hace ya mucho tiempo -¡no me digas!- porque los apóstoles murieron sin pasarle la autoridad a sucesivos apóstoles o, en caso de que la autoridad se haya transmitido, se ha perdido el rastro hace mucho. En todo caso, el Papa no es el sucesor de Pedro, y la pantomima que hacen los cardenales (yo les llamo “carcamales”) para elegir al representante de Dios en la tierra (¿para qué coño necesita representante un Dios omnipresente?) no tiene fundamento bíblico. Dicen que creen en algo así como el segundo advenimiento de Cristo o, en todo caso, un profeta que nos guíe en este periodo de decadencia de la fe (de “relativismo moral”, que diría nuestro astuto Papa). Ellos creen, sin embargo, en que un tal Joseph Smith, que difundió los escritos de Mormón a principios del S.XIX, es en verdad un profeta.

Fran

Me salen amigos por todas partes

He debido de abrir los Donettes sin darme cuenta, porque me han salido amigos por todas partes. Abro ayer la nueva versión de correo de Hotmail (para mí, personalmente, peor que la de yahoo y que la de google) y me aparece un mensaje de mi amigo Botiglioni del siguiente tenor:

“ Fraaaaaaaaaaaaaan!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!1

que me voy para Alemania!! no te he avisado antes porque no tenia planeado el viaje, pero hoy jueves he cogido los billetes...para mañana!! (el tío te avisa de un dia para otro)

Vuelo mañana de Bilbao a Basel (Suiza), esta en la frontera entre Suiza, Francia y Alemania! Me va a recoger mi amigo aleman de Friburgo, que esta al lado!! estare con el, y el lunes o martes ire en tren a Heidelberg a verte. El vierens parto de Frankfurt a Santander, que hay que ir descansando!!

ASi que ya puedes decirme como contactar contigo. Dame tu movil, o como te va mejor que vaya por mail o a mi movil!!ya puedes preparar todas las cosas pa que yo las visite!! como si fuera tu tio!! a ver alemanas!! a por ellas oe oe oe oe oe oe oeo e!!

Beuno, hazte presente, dame pa conectar contigo y lo pasaremos perfecto!!!!!

 Auf wiedersehen

Eri”

Abro el depósito de spams de mi correo de yahoo y me encuentro con el del Patxi:

Patxi, (nos llamamos "Patxi" mutuamente, aunque ninguno de los dos nos llamamos así en realidad. Era nuestro apodo de guerra en Maastricht)
>
>Ya podemos quedar, mi hermano cogera lunes y martes fiesta asike habia
>pensado acercarme por alli el miercoles por la tarde o jueves por la
>mañana.
>Que te viene mejor? Podríamos quedar en la Estación del tren o en la
>Catedral. En cuanto a la hora, no se a que horas habrá trenes desde
>Stuttgart, pero podemos quedar a una hora y aunque llegue antes pues
>aprovecho para dar una vuelta.
>
>Sugiero que quedemos o el miercoles a las 6 de la tarde o el jueves a las
>12
>de la mañana por ejemplo en la Catedral de Heidelberg. A ver que te parece.
>
>Un abrazo

No se conocen mutuamente y van a coincidir ambos en mi madriguera de Heidelberg. La experiencia va a ser, desde luego, muy gratificante. Me han pillado por los pelos, porque mañana me voy a Budapest y vuelvo el lunes, justo a tiempo para poder recibirlos. Casualidades de la vida.

Eri es un amigo de toda la vida. A Patxi le conocí de erasmus. En el año que estuve con él nos hicimos, también, “amigos de toda la vida”. Convivir con una persona durante un año en esa aventura que es el programa Erasmus (mezcla de “Gran Hermano” y de “Supervivientes”) te une mucho. Es como si fueramos "quintos" de la mili.

Fran

(De derecha a inquierda) El mejicano, Fran, Nacho, el Chileno y un griego que acababa de llegar ese día a un congreso y de cuyo nombre -como de otras tantas cosas- no puedo acordarme. La noche de la despedida de Nacho en el Hard Rock

 

La despedida del Nacho

No sé si contar algo sobre mis citas periódicas con los Mormones o la borrachera del lunes con Nacho. Me parece que me voy a inclinar por este segundo tema, que es mucho más divertido, a pesar de que pueda parecer decepcionante para la familia. Especialmente para mi primo Jesús, que con estas cosas sufre mucho.

Todos los lunes a las tardes tengo clase de alemán, y como soy una persona muy disciplinada, no pensaba saltármela, así que le dije a Nacho que me esperara dando unas vueltas por el casco antiguo de Heidelberg. Una hora y media después, salía yo de la Max Weber Haus , que es donde se imparte el curso para los doctorandos y los estudiantes Erasmus.

Ni que decir tiene que lo típico de Alemania son las cervezas y las salchichas. Nacho y yo ya habíamos caído en ambas tentaciones, pero, como ese día se marchaba, habíamos quedado en despedirnos tomándonos unas cervezas a nuestra salud en la taberna más antigua de Heidelberg, donde hace un par de días tuve la oportunidad de probar mi primera cerveza de plátano, que me encantó por su dulce sabor.

Sin embargo, hubo un imprevisto: el compañero chileno y el mexicano que estudian alemán conmigo se quisieron unir a la celebración. Les dije que no había problema y nos fuimos los tres a la taberna, en cuyas inmediaciones Nacho esperaba pacientemente.

Como tenía el ordenador en el Instituto, me ausenté momentáneamente para buscarlo y le dejé a Nacho el recado de “pillarme la misma cerveza que se pillara para él”. Cuando volví al cabo de un cuarto de hora, me encontré con que el bueno del Nacho (no sé si asesorado o engañado por el hueón del Chileno) me había pillado ¡una cerveza de un litro! de estas que en vez de servir en vasos, sirven en macetas. Nacho sonreía irónicamente con una cerveza similar a la mía que estaba ya por la mitad. No le he visto tan contento en los cuatro o cinco días que ha pasado conmigo. Le brillaban los ojos –efecto potenciado por la luz de las velas- y se le había puesto una sonrisa de oreja a oreja.

Yo, que además de ser vasco, soy muy terco por mi propia naturaleza, me bebí la cerveza estoicamente. Siempre suelo tener la cabeza nublada, pero el nublado que se avecinaba después de trinkarme –nunca mejor dicho- esa birra es de los que anuncian tormenta.

Salimos bastante enajenados de esa taberna. El chileno nos sugirió ir al Hard-Rock, donde ese día las cervezas estaban rebajadas a un euro. No objetamos nada. De hecho, nos pareció cojonudo. El mexicano, que nos pegó el acento en cuestión de un cuarto de hora, no paraba de exclamar: ¡ Qué bárbaro!.

Una vez dentro, el Nacho me invitó a una birra. Como soy muy cortés, acepté su oferta gustosamente. Como no hay una sin dos, a los cinco minutos ya me estaba bebiendo la segunda. Después de eso manifesté mi saciedad con uno de los pocos términos que tienen el mismo significado en alemán y en español: “ Basta! ” –el otro es “ Gratis ”-.

Esta segunda cerveza me la bebí en uno de los cuernos bárbaros que Nacho había comprado como regalo en un mercadillo unas horas antes.

Nacho y yo acabamos ese día haciendo turnos para arrodillarnos frente al trono y purgar así nuestros pecados en actitud de contricción. No vomitaba por causa del alcohol desde el 2002 –rara vez bebo-. Nacho me dijo que era la primera vez en su vida, pero que estaba acostumbrado a vomitar los temarios de su oposición de dos años todos los miércoles, algo que, por cierto, tampoco creo que sea muy saludable.

 

Fran bebiendo del cuerno de Odín.

 

Una noche con Philipp

24 de Noviembre de 2006

Hola, amigos. Ya estoy de vuelta en mi madriguera de Heidelberg. Fui a buscar a Nacho a Stuttgart y nos quedamos en casa de un tío con el que había quedado previamente a través de hospitalityclub.org. Ni que decir tiene que no le había visto en la vida. Habíamos acordado que nos encontraríamos en la parada de Feuersee alrededor de las 23 h., pero llegamos algo tarde porque en el desembarco siempre se pierde una media hora. No os imagináis lo que me estresa esperar a alguien en el aeropuerto y ver que no sale por la puerta. Los minutos pasan y uno se llega a preguntar si estará en el sitio correcto. Al cabo de algo más de media hora de espera, salió empujando un carro con toda la parsimonia del mundo y mirando al infinito.

Cogimos un U-Bahn y nos dirigimos al punto de encuentro. Cuando salimos de las escaleras del metro como el topo que sale de su agujero inspeccionamos el lugar dándole al cuello un giro de 360 grados como si de un periscopio se tratara, pero no vimos a nadie en actitud de estar esperando. Llamamos por teléfono para conocer su situación exacta, dimos nuestras coordenadas y en un periquete aparecieron con el coche para recogernos como a un par de soldados extraviados.

Nos llevaron a su casa por una calle con obras –Stuttgart es una ciudad bastante fea-. Subimos por la escaleras hasta un tercer piso –creo recordar- y nos invitaron amablemente a entrar. Tenía buena pinta. Estaba alumbrada tenuemente con luces naranjas que se reflejaban en la pared. El tono de la luz y la multitud de adornos que evidenciaban el espíritu aventurero y/o bohemio de quién allí habitaba (waterpipes, caretas de Venecia, calendarios con inscripciones japonesas, cañizo en el techo, jabones, recuerdos...) daban a la estancia un aire realmente acogedor.

Nos sacaron dos cervezas y unos flashes (los polos de barra éstos que los niños no dejan de chupar en verano –él tío decía que era adicto-). El anfitrión no paraba de hablar en un español con perfecto acento mejicano que nos hacía mucha gracia y a la par nos daba confianza. Nos pusimos en la mesa a hablar de nuestras respectivas ocupaciones. Él nos habló de su viaje por México y de sus aficiones, mientras que a su novia, apoyada en su hombro, se le caían los párpados. Ella se despidió y se fue a la cama. Nos quedamos los tres durante media hora más.

Una vez en nuestro colchón de matrimonio, el Nacho y yo nos reíamos de lo insólito de la situación mientras la luz de las estrellas de Stuttgart se filtraban por la ventana.

 

Fran

Dios es amor

Me he vuelto católico de repente? Qué va! Tranquilos. Os cuento. Lo que ocurre es que no tengo tiempo ni para escribir un blog en condiciones (mañana viene Nacho a visitarme, desde Madrid). Además, estoy metido en muchos rollos. Ya os contaré.

He tirado de archivo para cumplir con el blog de hoy. Se trata de un mensaje en "inglis pitinglis" a un amigo evangelista con el que suelo tener discusiones (por cierto, las palabras muy técnicas no las he buscado en el diccionario. Es muy posible que estén mal escritas o incluso que en texto haya errores de sintaxis, porque lo mandé sin revisar)

"Ok , i agree on what you have said about the difference between faith and church as an institution. So let´s talk only about God: What happens to me in this area, as it may happen with you, is that I normally  don´t take things for granted. I use to analyze every aspect of a complex phenomenom to take an image of the hole picture. I am a lawyer and i spend all the day between abstract concepts that don´t have a precise meaning, until i get to comprehensible concepts that all of us can share, so that we can understand each other. That is my task. We could say that i aply the scientific reasoning, that is, I use a coherent siytem of premises and deductions without any gap between them. Otherwiese we are lost in the conversation, losing time and making us angry.

So, everytime you mention the word "God", i ask myself about the meaning of "God", which by no means is as clear as the concept of "chair". If you tell me that god "loves" me, I inmediatly try to ascertain the concept of "love", because it is not as clear neither as the concept of "tree", for instance. You, like a good german, must be acquaintanced with the good philosophy, mustn´t you? You know, some day Plato met a friend of him and they starting talking about the meaning of "friendship". They discovered that maybe there were not friends. (a parenthesys: are we friends?. What is it a friend for you?)

So the phrase "god is love" means for me almost nothing, cause in this brief sentence with three words there appear not least than two concepts that are to a grate extent too vague to have a clear meaning.

If we take as a reference what we understand as the love of a mother (which is quite an important class of love) we could deduce that love entails a kind of a sacrifice a person incurrs in for others. So, if my mother loves me, that means that my mother is even prone to deprive things from herself to give them to me. So loves entails self-sacrifice for other person, which can be understood in a lot of meanings, but that is present in every love-relacion. For example, in a love-relation between partners (which is not as high as the mother-son) it is inherent also this concept of sacrifice. The partner is expected to give in to some of her/his partners queries in order that relation to go on.

Now, as far as now, God had never sacrificed himself for us to demostrated that he might care at all -and not because he/she –should I say “it”?- has not had opportunities -. The cunning and misleading justification for this is which you have mentioned. He had made us free, so that we can decide what to do with our lifes. If we decide to kill each other, God is not going to avoid it. Torturing? neither. Is there something worse? Let see: killing thousands of families in the eviliest manner? Not even in that case is he gonna take part. He is allmighty, but the fact that he is not going to apply his allmightness in this world we both know by our physical sense means that he allmightness is not useful from a practical point of view.

Is his passive role consistent with the concept of love as we have defined it above? My mother would surely interphere were she to be allmighty in all these unjustices. I guess the answer is not.


About the so-called sacrifice of Jesus, i have never understood it, to a grate extent because priests (at least whom i have listened to) don´t have the healthy habit to explain things to the people. (Lutero tried it and almost got killed, as an example), and this might be a pattern that cames of the papacy (institution which have not solid foundations on Bible, by the way).

A last logical quibble. Let´s apply for a while the syllogist method instead of believing the priest ohne weiteres . I have been said that Jesus had sacrificed for me. Let say that a sacrifice is a bad thing a person takes for himself to avoid it to another person. The logical requirement to speak about a sacrifice is thus the simultaniously existance of these two persons. If i have been born 1947 years after Jesus died, how could i benefit from it? i don´t see the point. Don´t say that my mere existance is that good, because:

1- This is a phallacious argument. You cannot logically demostrate it.

2- Why should life be a good per se ?

Anway, to sum up: to be catholic i would like to read the bible before, to know why some “aprocriph” texts have not been taken into account -and others of recient discovery, like this one of Judas, that changes dramaticaly the storie-, in which circumstances did the apostles write what they wrote and what wanted Jesus to get with his rebellion. One has to study too much to get a reasonable interpretacion of all of this. I merely don´t interpret literally the holy text without an historical and political backgound, for it would be surely a pointless interpretacion, as though you interpreted a single paragraph of the BGB without taking into account its entirety. Fruitless.

The interpretation of the Papst and his friends i really don´t trust. They are all interested from a political point of view and do not attend -like jurist use to say- to the spirit of the text.

As I said: too complex, too few time and too many other things to do. I prefer, for instance, talking to you than reading these previous requirements to be in conditions to read the Bible as it should be read. Anyway, maybe with patiente you can help me, but it should be strictly and with determination. It is the way i like doing things. Once i take on something, i do it with passion.

I believe, nevertheless, in something. look: Instead of mud, we are to a grate extent made out what physist and other peole call Carbono, Hyrogen, Oxigen  and Nitrogen and some other elements. Just the same as nature who is around all of us. We belong to it and... if one learnts how to relax, he may experience for a few seconds the union with earth and forget his Ego (the chains which use to bind us) which will dissappear for a while. That is very healthy. In that moment, one is inmortal.   

About other religions... i think there are merely a white lie to carry better on this life. It is to some extent like a drug. Some kind of opium to calm the existential pains, isn´t it? But, come on, you told me one day that you don´t eat poisioning mushrooms, didn´t you?

 
p.d,2: This email is also written for myself. When people ask me my opinion about a topic, i just give them this paper so that they can read it. That is why i have read it carefully. I will give it to my friends and aquaintances to get their opinions. I have other large email about the concept of unfaithfulness, for example. hahaha. My ex-girlfriend, for instance, didn´t like it.

 

Jodí el ordenador con una salchicha

19 de Noviembre de 2006

Hola, amigos! Estoy aquí de nuevo! Os preguntaréis –con razón-, qué les ha pasado a Fran, a Txus y a Ro durante todo este tiempo, ¿verdad?. Pues nada, sencillamente que el Fran rompió su ordenador de la manera más tonta. Sí, Fran jodió su nuevo Toshiba de dos meses con una salchicha.

Estaba tan plácidamente hablando con mi abuela por la cámara gües cuando ésta me formuló la típica pregunta que toda abuela haría a un nieto en las mismas condiciones que yo, a saber: ¿Y qué tal comes por Alemania? ¿Ya comes bien? ¿comes muchas salchichas? A mí, emocionado por ver a mi abuela del Siglo XX a través de las tecnologías del S. XXI, no se me ocurrió otra cosa que sacar la típica bolsa de salchichas gigantes que tenía guardadas en la nevera. Al zarandearla por delante de la cámara para que mi abuela viera las salchichas que se comen por aquí, unas gotas de agua que se habían condensado en la bolsa cayeron al aparato y a mi, que a veces soy muy espabilado, no se me ocurrió otra cosa que pasar por el ordenador el trapo amarillo ése que todas las madres tienen en la encimera o colgado del grifo del fregadero. Ni que decir tiene que alguna de las gotas que habían caído en el cuadrado ése por donde se pasa el dedo para manejar el ratón se colaron por un agujerillo. La pantalla del ordenador empezó a hacer chiviritas y yo me preparaba para lo peor. Cuando pulsé el interruptor principal para dar eutanasia al ordenador y ví que no respondía, comprendí que había metido la pata hasta el zancarrón, o sea, que el problema debía ser de hardware. ¡¡Había jodido gravemente el ordenata!!


En esos momentos uno se lleva las manos a la cabeza y empieza a dar vueltas por la habitación como un pollo sin cabeza, lamentándose por la primada que acaba de cometer y buscando la opción “deshacer” de la vida real. Sí, esa flechita “pa-tras” tan maja que está en la barra del word y de todos los programas de ordenador y que hace reversibles las múltiples cagadas del usuario. Sin embargo, a la vida real le falta esa opción. Uno ha de asumir la responsabilidad de sus cantadas y el único remedio a su alcance es meramente el de aprender de los errores cometidos para no volver a incurrir en ellos en el futuro.

Qué bobo! Qué bobo! Qué bobo! (no paraba de repetirme mientras me estiraba de los pelos). Creo que si me hubiera quemado las pelotas con la plancha, no me habría jodido tanto. Me costó días hacerme a la idea de que tendrían que pasar unas semanas sin él hasta que los de Toshiba lo arreglaran. Tengo un 20% de mi vida en el ordenador: mi tesis, mis canciones, mis fotos, mi programa de edición de páginas web... Por no hablar de internés.

Fran

1100 Euros al mes

21 de Octubre de 2006

Me dice una colega alemana que ha estudiado turismo que ella no está dispuesta a trabajar por 1600 euros brutos (que después de impuestos al fiscazo alemán se quedan en 1100). Dice que un dependiente del Aldi cobra unos 1100 euros al mes, y que si ella pensara cobrar 1100 euros mensuales no se habría puesto a estudiar turismo durante cuatro años, sino que, lógicamente, habría cogido el trabajo del Aldi después de salir del Gymnasium o la Hochschule o como se llame.

Ciertamente tiene razón. No parece que sea muy sensato estudiar cuatro años –como los padres nos solían decir- para labrarte un futuro mejor si luego resulta que vas a cobrar lo mismo que un dependiente del Aldi –la tenemos cogida con los dependientes de supermercado, eh? En España también se les pone de contraejemplo-

Resulta que hoy en día hay un montón de gente que “se prepara”, hasta tal punto que la ley de la oferta y la demanda dictamina que el salario de un trabajador “cualificado” se asemeje a uno “no cualificado”.

La gente que ha estudiado, entonces, se rasga las vestiduras e, indignada, se pregunta “de qué le ha servido estudiar”. De esta actitud podemos sacar una consecuencia interesante: el estudio no es para la mayoría de la gente un fin en sí mismo, sino un medio para alcanzar otro fin más elevado, que es lo que le da sentido al estudio –éste no lo tenía por sí mismo-: ¿cuál es este fin? El mero hecho de preguntarlo ya es ingenuidad: Pues el dinero, hombre! ¿qué va a ser si no? No se estudia para satisfacer la curiosidad humana, para disfrutar aprendiendo cosas nueves, para poder compartir los hallazgos y tener conversaciones más ricas, para progresar ... ¡Qué va! Se estudia porque todavía rige en cierta manera esa mentalidad de hace dos generaciones de que “quien estudia llega a ser alguien en la vida” –entendiendo que es alguien en la vida quien tiene dinero, claro!-.

Antes de ir a la uni me dijeron que ahí se “aprende a aprender” Ja, ja. El solo hecho de recordarlo hace que me tronche!. Nunca he oído una parida semejante. No, no, chaval, qué va!. En las universidades se enseña a aprobar. Lo de aprender es secundario. Es un mero efecto colateral de haber aprobado (y no necesariamente). Ya hemos dicho que lo que importa es el dinero que se gana después. ¿Para qué iba a querer aprender la gente? Con aprobar ya vale. Las empresas pueden incluso fijarse en tus notas.

Fran

 

¡Pues no sé como titularlo hoy, coño!

19 de Octubre de 2006

Mi amigo el palestino no deja de sorprenderme. Es de bajo consumo: apenas come y no duerme. Ayer, por ejemplo, me dijo que no ha dormido en los últimos tres días. Debe de tener insomnio. La verdad es que eso de levantarse a las cinco menos cuatro de la mañana a untarte queso en una rebanada de pan porque no puedes comer al día siguiente hasta las ocho de la tarde es como para dar insomnio, pero tres días sin dormir... ¡es muy fuerte!. Además, hay que tener en cuenta que el palestino se levanta a las ocho y media de la mañana para ir a estudiar alemán durante cinco horas a la Sprachschule . No es que se quede en casa relajado.

Si yo volviera del ramadán a las ocho de la tarde sin haber tragao bocao en todo el día, desvalijaba la primera despensa que pillara. Me iban a temer. El palestino no. El otro día llegó a mi casa directo desde la mezquita (se tira una media de tres horas diarias, incluso me consta que algún día ha ido a dormir allí) y después de estar cuarenta y cinco minutos hablando de temas varios, va el tío y me pregunta (ojo al dato) ¡si le puedo vender una pizza!

-¡Pero Nizar!, si ya sabes que aquí puedes comer lo que te dé la gana. Anda, tío, pilla una pizza y métela en el micro. (una pizza de las que yo compro debe de costar unos 80 céntimos la unidad)

El tío no comió aquella noche más que ocho champiñones –a los que les había echado sal para aburrir a un bacalao- y media pizza, que en todo caso es pequeña.

Mientras cenábamos veíamos escenas eróticas en la tele. Él decía que eso estaba prohibido en Palestina. Me preguntó si en España se puede hablar de sexo delante de las mujeres. Yo le dije que no es muy habitual hablar de sexo con una mujer con la que no tengas mucha confianza, pero que no conozco ningún precepto legal que lo prohíba. Me estuvo hablando de la poligamia y de que, lógicamente, se tienen que abstener de tener relaciones sexuales hasta el matrimonio. Esto último es muy frecuente en las religiones. Ven la sexualidad como la competencia. Sólo el erotismo y el deseo sexual es capaz de despertar a alguien de los efectos sedantes de las religiones (no en vano, es el opio del pueblo, ¿no?). Es como si uno mismo pudiera llegar a Dios a través del sexo y eso es, evidentemente, algo que les molesta, porque obviamente, ellos quieren arrogarse el monopolio del acceso a Dios.

Si no fuera porque es necesario para reproducirse, lo limitarían totalmente. Dice Nizar que la religión le hace feliz. Yo, ciertamente, le veo más feliz cuando contempla a las tías alemanas a la una de la mañana en mi tele (la tele alemana es bastante guarrilla) –se le pone una sonrisa de oreja a oreja, tendríais que verle- que cuando escucha suras coránicas.

Mi amigo es un clip

17 de Octubre de 2006

Había una canción de Alaska –no sé si con Dinarama o los pegamoides- que decía que su novio era un zombi. Era un muerto viviente que bajó del otro mundo para estar con ella.

Yo, que era pequeño cuando lo de la movida madrileña, pensaba para mis adentros: qué raro eso de tener un novio que sea un zombi, ¿no?. Pues cosas más extravagantes se han visto. Yo, por ejemplo, tengo un amigo que es un clip. El clip de Microsoft, para más señas. Ese personaje simpático que siempre aparece al margen del Word. Durante todas las incontables horas que me he tirado delante del ordenador escribiendo mi tesis, él siempre ha estado a mi lado como un perro fiel, con su prominente nariz, sus marcadas cejas y sus ojos saltones. ¡Qué simpático! Le quiero. Él alegra mis solitarias horas y es fuente de inspiración a veces. La mayoría del tiempo está despierto, mirando con atención cada palabra que escribo por si me salto alguna letra o pongo una “g” donde debí poner una “j”. No se le escapa ni una. Otras veces duerme. Se tumba pacientemente en una hoja de papel con los brazos detrás de la cabeza como quien se recuesta en el campo. Nunca me ha dejado solo. No le importa si me voy sin despedirme. Jamás me ha reprochado nada al día siguiente. Cuando algún día he apagado precipitadamente el ordenador haciéndole caso omiso, él se ha marchado en bicicleta a dar un paseo sin decir ni mu. El señor Wilson no es rencoroso –así llamaba Tom Hanks a su balón en la isla desierta-.

Da igual qué ordenador encienda. Él siempre está ahí. El otro día me lo encontré en un ordenador alemán y me chivaba las declinaciones. Es una máquina. Sabe un montón de idiomas. Cuando metía la gamba –en alemán lo hago el 50 por ciento de las veces- él me levantaba una ceja –en plan Carlos Sobera en “Quiere ser millonario”- y me dice si tal o cual preposición rige dativo o acusativo, si el sustantivo es neutro o si el plural se hace con “e” o con “n”, si lleva o no lleva diéresis o si es faluke o lukete –esa pál Heri-.

Es un sol. También me ayuda en cuestiones de fondo. Muchas veces, cuando estoy absorto pensando en una cuestión de enjundia, me quedo mirándole fijamente y le pregunto: -¿Qué piensas acerca de esto, Señor Wilson? El se rasca la cabeza, parpadea, y, aunque no me diga la respuesta directamente, me acompaña en la reflexión.

El clip. Le dedicaré la tesis doctoral

Al señor Wilson, el clip de Microsoft.

No me digáis que no es original el disfraz de clip de Microsof.

Fran

 

 

 
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-La rebelión de las máquinas
-El final de año
-El trapecio
-Paseo por la Gran Vía
-¡Estamos en Navidad!
-Los miedos
-Blog de transición
-Los stakes del mercado de navidad
-La última cita
-El Patxi
-El sexo de Dios
-Botiglioni en Heidelberg
-Los mormones
-Una noche con Philipp
-Dios es amor
-Jodí el ordenador con una salchicha
-1100 euros al mes
-Pues no sé cómo titularlo
-Mi amigo es un clip